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por Marcelo Torrez

Unidad peronista, divino tesoro

En el peronismo nada parece ser objeto de dramatismo. “Tenemos tiempo hasta el 28”, dicen todos, cortados por una misma tijera y escondiendo el vendaval de enfrentamientos que han protagonizado todos los sectores internos detrás de los espacios que, al menos en esta elección, son los más apetecibles y de mayor peso y valor. Se trata, en verdad, de los cargos legislativos a nivel nacional, los que cotizan en oro y los que darán, a quienes se queden con ellos, la verdadera proyección a futuro.

El dibujo de la unidad que trascendió a lo largo de la última semana estaba diagramado y medianamente acordado antes del congreso de sábado en Guaymallén. Sin embargo, uno de los sectores en pugna con poder territorial –de los cuatro que le dan vida al oficialismo local–, subió la apuesta cuando ya tenía asegurado un lugar de fuste, pero no de los más apetecibles en función de la actual coyuntura y todo terminó estallando por los aires a veinte días del cierre de listas para las elecciones provinciales: las PASO del 19 de abril y la general provincial para gobernador, vice y las intendencias (sin Capital, San Carlos y Godoy Cruz que tienen otro cronograma) del 22 de junio.

Ahora, cuando los movimientos después de las piruetas, acomodaron a los protagonistas en los mismos lugares en donde estaban, vuelven a subirse el precio y se ven en condiciones de reclamar no uno, sino dos espacios de los cinco que podrían estar en juego con lo que, de ninguna manera, se puede llegar a la conformidad de todos.

En verdad, para algún distraído que no haya tomado nota de la realidad en la que vive el partido que gobierna, las candidaturas de gobernador y vice causan escozor y urticaria en el peronismo. Porque se tiene la sensación de que será muy difícil romper con el convencimiento de que el triunfo de la oposición en la provincia es un resultado cantado. Adolfo Bermejo, del sector Azul, el número puesto, acepta a regañadientes su candidatura a la gobernación; ya la descartó Rubén Miranda, fiel exponente de la Corriente, porque busca un escaño de senador nacional; los hermanos Félix, de la Integración sureña, la reclamaron en su momento para negociar, como todos y los hombres que puede apuntalar el gobernador Francisco Pérez, como Roby o Martínez Palau, podrían obtenerla sólo si y una vez que se hayan saciado las expectativas de quienes dicen tener muchos más pergaminos que los muchachos del gabinete. Es decir que, pasado en limpio, en el peronismo de hoy nadie quiere ser candidato a gobernador y quien se postula, a excepción del hombres del gabinete, lo hacen para pelear otros lugares más seguros y firmes.

En la semana antes del congreso se dejó trascender que el kirchnerismo estaba dentro del acuerdo amplio. Y aparentemente lo estuvo hasta que uno de los capitostes de otro sector interno pidió por el lugar de Anabel Fernández Sagasti, la que figuraría segunda en la lista de diputados nacionales, con lo que el sector más afín a la presidente pegó el grito en el cielo y anunció que irá a las internas con candidato propio. En ese contexto se realizaron las negociaciones antes de la foto del Báltico del domingo: en una suerte de “todos unidos triunfaremos”, pero de unidad poco y nada hasta tanto se pongan todos de acuerdo.

Y la mayoría de por descontado que se alcanzará la unidad, pero será luego de que todos se sientan pagados por el sacrificio. Mientras, la oposición con más chances, la radical con Cornejo y Montero al tope de la lista de candidatos, se florea por la provincia cosechando acuerdos internos y buscando los externos. Demasiada ventaja para un oficialismo que cree que todavía tiene cuerda para rato en el carretel y para seguir chivateando con las especulaciones.

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