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por Marcelo Torrez

Para la agenda de las campañas

Tanto Alfredo Cornejo, como candidato a gobernador consumado del radicalismo para las próximas elecciones, como Matías Roby, ministro de Salud del gobierno peronista y aspirante a conseguir la nominación como candidato a la gobernación, coincidieron en que la próxima etapa que se viene en el Estado mendocino apunta a su transparencia y a una intervención más o menos profunda en el gasto y en la administración del personal como fin para frenar la presión de los recursos que se van hacia lo improductivo dejando sin oxígeno a las políticas de expansión económica, eficiencia y por sobre todo inversión.

Cornejo habla sin tapujos de ajuste. Dice que no le tiene miedo a una palabra cuyo significado, para el candidato y actual intendente de Godoy Cruz, fue demonizada luego del mal uso y el mal recuerdo que dejó al ser utilizada como una de las banderas del menemato de los años 90. “Se puede ser eficiente sin echar a nadie”, dice Cornejo, quien además ha recordado que el Estado tampoco puede echar a sus empleados a excepción de que cometan alguna irregularidad y previo sumario de cesantía.

Roby lanzó una carcajada cuando desde la radio le describimos que la Legislatura cuando menos cuenta con casi 2 mil empleados y que nadie puede imaginarse que esa suma astronómica de auxiliares administrativos, profesionales, técnicos y demás puedan reunirse todos juntos en un día laboral en la respetuosa Casa de las Leyes.

Lejos de la humorada que hizo estallar de risa a Roby, el sobredimensionamiento del Estado es una triste realidad que se ha venido heredando de gestión en gestión. Porque más allá de los índices actuales mostrados por el gobierno, los que indican que la actual ha sido una de las administraciones que menos ingreso de personal ha tenido, se sabe que se abrieron otras puertas, las de los organismos descentralizados no controlados directamente por el Ejecutivo, en donde se compensó el crecimiento de otros años.

Sólo en Salud, según datos dados por el propio ministro Roby, el 78 por ciento del gasto se va en sueldos. Es cierto que su ministerio trabaja, esencialmente, con recursos humanos especializados como médicos y enfermeros, pero le deja muy poco margen para insumos y equipamiento, con lo que se produce un desequilibrio y un desfasaje que cada tanto se manifiesta en graves crisis, como la que todo el Estado mendocino padece hoy con la falta de plata para pagarles a proveedores.

Los atrasos en los pagos superan largamente los cuatro meses y hasta alcanzan en algunos casos los seis meses. Situación que se traduce en escuelas sin meriendas para los chicos, sin transporte para las zonas rurales y centros de salud y hospitales sin los materiales que se requieren para prestar un servicio como Dios manda.

Pero la superpoblación de empleados en el Estado también se transforma en un gran porcentaje en un perjuicio para los propios trabajadores, porque no todos consiguen conchabos bien pagos, que los hay y en gran cantidad hay que decirlo. Pero el empleo estatal es, en gran medida, precario, en el sentido de que los sueldos no le permiten a quien lo recibe vivir con altos niveles de calidad. Si obtienen como garantía una obra social y aportes para cuando llegue el momento del retiro, pero en general son sueldos que no satisfacen y que no permiten llegar a fin de mes de manera holgada.

Y además el crecimiento de la planta de personal estatal, cuando se da, demuestra que las cosas en general van mal. Como la economía y el resto de las actividades que se desprenden de la producción, como el comercio, con lo que el círculo vicioso se va alimentando engrosando una bola cada más monstruosa e imparable.

Es bueno que los candidatos coincidan en el diagnóstico y reconozcan la realidad. Pero también se les debe recordar ahora, cuando la campaña es incipiente, que junto con la descripción del problema deben presentar soluciones, ideas nuevas y creativas para frenar la enfermedad.

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