El 2015 encontró a Mendoza encerrada en su propio laberinto. Con más incertidumbres que certezas, la provincia encarará el año del recambio institucional con un grupo de demandas que no sólo se agravaron en el 2014, sino que fueron creciendo al ritmo de un gobierno que se sumergió en las trampas que la política siempre activa para sus protagonistas, a medida que se acercan los claves períodos electorales.
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Pérez con el gobierno, Ciurca con el PJ; un escenario malquerido y temido
El problema fue que la administración de Francisco Pérez, que hizo algunos esfuerzos para salir del atolladero especialmente económico en el que se sumió un ejemplo de ello es la crisis que se apoderó de la industria vitivinícola, no acertó en las medidas con las que se esperanzó y se refugió. Y de forma paralela a ese proceso que se dio en todos los frentes de la gestión, se encontró, el Ejecutivo, lidiando con los focos de poder que aparecieron sobre el fin del 2014 en el seno mismo del partido gobernante preanunciando un nuevo enfrentamiento interno con vistas al fin del mandato y la sucesión de Pérez.
Como suele suceder casi siempre, las luchas políticas y las especulaciones se comen a las urgencias de la gestión. El frente desdoblador de los intendentes peronistas, que avanzó con paso arrollador en las últimas semanas, mostró en las propias narices de Pérez que quienes debieron sostener la administración desde las estructuras partidarias y desde los territorios gobernados priorizaron el análisis, primero y la ejecución luego de las estrategias y planes que fueron diagramando casi a sus espaldas para enfrentar a una oposición en este 2015 que se presume más fuerte y sólida que la que se muestra a nivel nacional. Hubo una priorización de lo estrictamente político-partidario y un desapego, por el contrario, en el apuntalamiento de un gobierno que los necesitará casi de forma desesperada para evitar la derrota.
Todo indica que la mayoría de los intendentes, guiados por el vice Carlos Ciurca, el hombre que sin dudas volvió a marcar el pulso del ritmo de la política del partido gobernante en toda la gestión Pérez, decidieron parapetarse y refugiarse en otras realidades para buscar de esa manera la sobrevivencia ante un eventual colapso y dar pelea desde esos lugares, antes que al amparo de un gobierno en el que no terminaron de confiar nunca.
En el partido gobernante se ha dado que el vice Carlos Ciurca, una vez que decidió volver por Las Heras, su departamento de origen, en el que jugará como candidato a intendente, se convirtió en el líder visible de la corriente de intendentes que sin medias tintas tomaron la decisión de desengancharse de las fechas electorales fijadas por la nación, y que la provincia sigue por el momento, con el fin de prepararse para lo que viene: si la jugada les sale bien, puede que sean ellos, con Ciurca a la cabeza, los que fijen las candidaturas en el peronismo y mantengan la administración en sus manos; pero si les sale mal, y triunfa el radicalismo, la maniobra que están persiguiendo tiene como otro de los fines ocultos el darle aire a lo que será la nueva oposición y visibilidad a los líderes de la derrota con quien el nuevo gobierno deberá negociar desde que asuma en adelante. Es como un prepararse para perder, interpretan no pocos.
Ciurca ha vuelto a demostrar, como lo fue en los inicios de la gestión de Pérez, que es quien maneja la políticas del oficialismo. Incluso al alentar los desdoblamientos de la mayoría de los intendentes haciendo caso omiso al pedido del gobernador para jugar en un esquema de unidad alineados detrás de su gestión, ha puesto al borde de la fractura al sector interno más tradicional del peronismo mendocino, el Azul que conduce Juan Carlos Mazzón, luego de que los hermanos Bermejo (Alejandro el intendente de Maipú y Adolfo, el senador nacional), decidieran sumarse a su estrategia. Una estrategia que alienta a Rubén Miranda, el actual cacique de Las Heras, como candidato a gobernador y que tiene a los principales intendentes traccionando hacia el mismo lado, con la incorporación, además, de los hermanos Emir y Omar Félix, los patrones del sur provincial.
Nadie le asegura a Ciurca que ese esquema le garantizará el triunfo al grupo. Pero seguro impone reglas y fortaleza en el armado que finalmente presentará el oficialismo para enfrentar a los radicales con Alfredo Cornejo al frente. Y si son derrotados, a Ciurca y sus compañeros les queda la esperanza de que serán ellos los que liderarán la oposición en Mendoza. Para sus adversarios internos, en cambio, pesa más la última posibilidad y los critican de armar un esquema para perder y no arriesgar una estrategia con aires de renovación, por marginar a los nuevos rostros de la política mendocina, una entente que nuclea a kirchneristas de la primera hora, como Unidos y Organizados de Guillermo Carmona, a camporistas como Anabel Fernández Sagasti, a dirigentes de extracción azul como el precandidato Jorge Tanús e incluso a algunos de los integrantes del gabinete de Pérez que han esbozado cierto grado de intención de ser candidatos, como el médico y actual ministro Matías Roby.
De todas maneras, Pérez, por ser el jefe del gobierno, por tener en sus manos la principal arma electoral un arma que puede deparar la sorpresa de un tiro por la culata, hay que decirlo desde ya, puede recomponerse políticamente si hace valer esa carta. Porque detrás de él podrían refugiarse los que quedaron afuera del esquema diseñado por Ciurca. El vice lo sabe, por eso es que también ha buscado seducir al gobernador para que se suba al escenario que está diseñando garantizándole a Pérez una salida más que digna, al reservarle el primer escaño como candidato a diputado nacional.
Así y todo, cuando comenzaban los brindis para despedir el año viejo y dale la bienvenida al nuevo, mientras el propio Pérez mantenía contactos telefónicos con Mazzón, comenzaba a surgir otro intento por evitar los desdoblamientos en masa. A casi contra reloj, las negociaciones apuntaban a limitar a tres comunas el desdoblamiento, una por cada sector interno del peronismo, para satisfacer la demanda de aquellos que han dicho que los triunfos adelantados del radicalismo en Capital y en menor medida la derrota en San Carlos, los dos departamentos que van a elecciones en febrero, se neutralizarían con victorias oficialistas rápidas en los principales departamentos de la provincia. Por eso se hablaba de desdoblar sólo en San Rafael (territorio en donde reinan los hermanos Félix), en Maipú (departamento azul de los Bermejo) y en Las Heras (la tierra del jefe de La Corriente peronista Carlos Ciurca).
De todas formas, el oficialismo que cruje con estas jugadas, es consciente que una pelea intestina lo debilitará frente a las luchas que debe dar en el primer trimestre del año, como la del Presupuesto, más que clave y trascendente en el año electoral y la de las PASO y el financiamiento de las campañas electorales, un asunto que el radicalismo parece destinado a no dejar bajo ningún punto de vista y que hasta le puede servir como argumento electoral detrás de la prédica de hacer más transparente el sostenimiento económico de las campañas de todos los candidatos.