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Por Marcelo Torrez

¡Mapuches, no se la crean! ¡en Mendoza no pasarán!

¡Los mapuches no pasarán! Eso pareció decir, aunque con otra palabras, el gobernador Francisco Pérez en medio de una cena e, inmediatamente, atronó un aplauso de la platea compuesta por casi quinientos empresarios petroleros y del sector energético en general que lo escuchaban.

La escena se dio en la primera cena anual del sector energético que Pérez, junto a su ministro del área, Marcos Zandomeni, encabezaron en la noche de último viernes. Pérez, en verdad, no sólo se ganó la adhesión de los empresarios que en el extremo sur de la provincia parecen lidiar contra las comunidades mapuches que han comenzado a ingresar por Neuquén con serias intenciones de hacerse del negocio de los servicios petroleros y, en algunos casos, hasta sabotear la actividad. Pérez se ganó, también, un nuevo conflicto de los tantos que acumula hacia el fin de su gestión.

Para muchos de los que estábamos allí y escuchamos al gobernador, fue la visibilización y exteriorización de un conflicto en potencia que hasta ahora no había sido motivo de tanta preocupación para el gobierno mendocino y para las petroleras, como sí lo ha sido para la vecina Neuquén gobernada por Jorge Sapag y propietaria de la casi totalidad del yacimiento de Vaca Muerta.

“No vamos a permitir que los mapuches se queden con el trabajo de nuestras empresas”, dijo Pérez, cuando promediaba un largo, amable, pero también, por momentos, soporífero discurso en el que había hecho foco en el irresuelto tema minero y en la polémica abierta que tiene con los departamentos que se niegan a que se desarrolle esa actividad, como es el caso de Alvear.

“Los mapuches se han modernizado y tecnificado; han montado empresas de servicios” para jugar fuerte en el negocio dentro del territorio mendocino, acusó Pérez, a la vez que justificó –ese fue el objetivo en verdad– que le apruebe la Legislatura la Declaración de Impacto Ambiental para montar en Pata Mora, a casi 700 kilómetros de la ciudad capital de la provincia, el parque industrial número 16.

La teoría del gobernador es que con fuerte presencia institucional de Mendoza en la zona, con un centro de servicios y de logística, los mapuches se mantendrían a raya y unas seis empresas petroleras, que operan en Malargüe, se establecerían allí y no tendrían que buscar mano de obra y servicios de otros lados. Y menos lidiar con los mapuches que, para el gobernador de Mendoza, son extorsionadores.

Hace varios años que los mapuches son protagonistas en los límites de Mendoza y por sobretodo en Neuquén. Primero resistieron tenazmente el avance petrolero invocando derechos sobre las tierras que fueron ocupando las petroleras. Y cuando la resistencia contra Repsol-YPF y la propia YPF estatal no pudo más, se reconvirtieron, se hicieron fuertes hasta transformarse en una amenaza para todos. Para lo viejos inversores y para los nuevos. Y van por todo y con todo para quedarse con una porción de la renta, incluso con prácticas poco convencionales.

El diario “Río Negro Energía” se ocupó, pocos días atrás, del conflicto entre mapuches y las provincias petroleras del sur. El periodista Roberto Aguirre escribió: “YPF salió a acusar públicamente a Gabriel Cherqui, vocero de la comunidad Kaxipayiñ de querer extorsionar a la empresa y entorpecer las tareas de remediación. Se teje alrededor de Cherqui una imagen curiosa: es un referente indiscutido de la lucha por la reivindicación de los derechos de los pueblos originarios y a su vez un ‘empresario exitoso’, con negocios millonarios y un capilar sistema de control sobre las actividades que se realizan en Loma La Lata”.

El colega de Río Negro sigue con sus detalles publicados en el diario “Río Negro Energía”: “No importa demasiado desde cuándo ocupan las tierras. Durante años padecieron el impacto de la actividad petrolera cuando los controles no existían. Pero de forma paralela a la resistencia que ejercieron estas familias sobre la actividad –de la cual no están en contra, según palabras del propio Cherqui– montaron una intrincada red de negocios que muchas empresas tildan como extorsiva.”

“Fuentes de YPF detallaron cómo funciona. En principio, a través del mecanismo de consulta previa, consagrada por los pactos internacionales, acceden al detalle preciso de las obras que se van a llevar a cabo dentro del yacimiento y las contratistas que compulsan por él. Luego, explicaron, impugnan a aquellas firmas que no son de su agrado bajo amenaza de no dejarlas entrar a esas tierras. Finalmente, el propio Cherqui se mete en el negocio a través de su empresa La Lata SRL, con la cual busca subirse a los contratos con un curioso mecanismo de ‘intermediación’. Su empresa no tiene bienes. Sin embargo, explican desde la compañía, el dirigente mapuche les impone a las contratistas camionetas o maquinarias que él mismo gestiona. Como no las tiene, las alquila a terceras firmas. Todo, bajo la advertencia de que sin la anuencia de la comunidad no se puede trabajar en Loma La Lata.”

Según el diario y el propio periodista, “firmas de primer nivel como Skanska, por ejemplo, llegaron a firmar contratos de participación de ganancias con la comunidad. Otras, por no ceder a esos pedidos, directamente no entran en Loma La Lata.”

Pérez decidió meterse de lleno en otro conflicto. Los empresarios lo apoyan. Bienvenido el mundo mapuche a Mendoza. Mientras algunos lo aplaudían, otros tantos preanunciaban la presencia del fantasma de Julio Argentino Roca sobrevolando el ambiente por demás caldeado y espeso por el que atraviesa la provincia.

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