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Por Marcelo Torrez

¿Qué le pasa a Alvear?

La comunidad de General Alvear se ha levantado y desde el Sur provincial se ha hecho escuchar ruidosamente en el norte poderoso, muchas veces indiferente y ajeno a los problemas de los departamentos más lejanos.

La semana pasada, miles de alvearenses salieron a las calles para bajar el proyecto minero Hierro Indio. No sólo lo lograron sobre la base de una fortísima presión sobre sus legisladores y el poder político, sino que más allá de las airadas protestas en las calles céntricas de la ciudad, decidieron autoaislarse, autositiarse, marginándose por varias horas del resto de los departamentos de la provincia y no permitiendo la circulación sobre las rutas provinciales y nacionales que lo surcan a lo largo y ancho de su geografía.

Ayer y luego de que comenzara a despejarse el polvo que dejó en suspensión la movilización popular y que la política decidiera volver atrás con el proyecto minero para su necesaria reformulación y posterior tratamiento, quizás a mediados del 2015, fue el propio intendente sureño, Juan Carlos de Paolo, quien cargó duro contra el gobernador Francisco Pérez, al tomar y cuestionar un par de declaraciones en caliente que hiciera el jefe del Ejecutivo, la semana pasada, sobre la nula reacción del pueblo frente a la posibilidad de que en los boliches de esa ciudad se venda y distribuya drogas a la vista de todos y que nadie se sorprenda por eso o nadie se movilice ante ese flagelo como sí lo hicieron contra la minería.

De Paolo reaccionó y le pidió a Pérez, en un gesto que sorprendió a propios y extraños de la política, y más viniendo de un jefe comunal que comulga con el mismo partido del gobernador, que rectifique o ratifique sus dichos sobre la venta y consumo de sustancias prohibidas en los boliches. El intendente prepeó al gobernador a que diga dónde están esos locales clandestinos y si así fuera, le achacó que no haya hecho la denuncia correspondiente ante la Justicia y que no se haya elaborado un plan de acción y de gestión desde lo operativo para acabar con ese flagelo.

De Paolo decidió, con la carta que le envió al propio gobernador, rociar con nafta el fuego. En vez de buscar acercamientos con el gobierno para hallar las soluciones a este y otros graves problemas que tiene su departamento, tomó el camino que tira de la cuerda y no el que le permitiría alcanzar algunos acuerdos para calmar los ánimos exaltados.

Algo pasa en Alvear que no ha sido tenido en cuenta por el resto de la provincia, algo que no se advierte a simple vista y que se manifestó con las protestas de la última semana y ahora con la carta del intendente.

Alvear, con sus cerca de 50 mil habitantes, está, sin dudas, a la cola del desarrollo económico de la provincia. El motor de su economía, la vitivinicultura, la fruticultura y la ganadería de zonas áridas, ha dado señales de un desgaste profundo. Sus fallas no lo han hecho funcionar como la propia comunidad lo desea y necesita y la rentabilidad de este tipo de emprendimientos se ha venido achicando sistemáticamente desde varios años a esta parte. Alvear, junto con Lavalle, Santa Rosa y La Paz forman parte de los departamentos más postergados y pobres de Mendoza.

Y al margen del fastidio de sus habitantes, comprensible en gran medida por una situación estructural a la que los gobiernos provincial y nacional no han sabido dar respuestas satisfactorias con las medidas que vienen sosteniendo, no por ello se debe justificar la reacción de la propia gente y de su propio gobierno en contra de otros modelos de desarrollo que algunos de sus vecinos, como Malargüe, por caso, deciden aplicar sobre la base de su autonomía y la necesaria búsqueda de horizontes más venturosos de los que se tiene por delante.

Así y todo, buena parte de la propia provincia, con los impuestos que se recaudan en todo el territorio, ha sostenido una política de subsidios agrícolas y ganaderos destinados a Alvear sistemáticamente para evitar el quiebre de cientos de pequeños y medianos productores sumidos en la pobreza. Y sin embargo, no se ha escuchado a otras comunidades ajenas a la de Alvear protestar por esas decisiones que han mantenido diferentes gobiernos provinciales, ni tampoco bloquear o frenar los beneficios que el intendente De Paolo ha debido salir a buscar para gambetear el colapso de su gente.

También en Alvear se han escuchado, con fuerza, algunos intentos separatistas del propio departamento. Es el caso de Bowen, el principal distrito de esa comuna, la que cada tanto hace saber y oír su opinión negativa sobre la gestión del Ejecutivo comunal para con esa comunidad, su falta de atención, su falta de contención y su permanente ninguneo. Esas voces se oyeron cuando el distrito, que es un par de años más antiguo que la villa cabecera, festejara su centenario y desde el Ejecutivo comunal no se le prestara la atención debida a ese acontecimiento.

El peligro es que la permanente reacción alvearense contra la minería que perjudica y frena el desarrollo de Malargüe; con sus constantes quejas al trazado de la ruta que uniría al departamento con el mismo Malargüe oponiéndose a que pase cerca de San Rafael; con sus peticiones altisonantes a que se construya el necesario trasvase del río Grande al Atuel –un río Grande que nace en Malargüe dicho sea de paso y donde los alvearenses exigen que se use para irrigar sus tierras cultivadas–; con sus asiduos pedidos de partidas no reembolsables, de subsidios y demás; con esa prédica casi obsesiva, el departamento corre el riesgo de perder la noción de lo que ocurre fuera de sus límites, de lo que sucede con otras comunidades que sufren las mismas calamidades económicas que sus habitantes. Comunidades que forman parte de una misma provincia y a las que se les debe dar el mismo derecho que reclaman desde Alvear para encontrar los caminos que mejoren la calidad de sus vidas.

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