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por Marcelo Torrez

Fútbol y política: la UCR como River, el PJ como Boca

La política y el fútbol nos dan, día tras día, elementos riquísimos para interpretar la realidad del país y del devenir de muchos de los acontecimientos diarios que se van dando.

Tras el fin de semana futbolero y luego de la reacción que se ha hecho sentir de buena parte de la populosa hinchada “millonaria” por el empate de River, en su cancha ante el humilde Olimpo de Bahía Blanca; una reacción más cerca del desencanto y de haber caído en el infierno a cuatro días del duelo ante Boca, en la Bombonera, cuando el equipo marcha primero en el campeonato y con las chances intactas de seguir una senda victoriosa en una copa internacional eliminando a su eterno adversario, cualquier observador de la actualidad no estaría tan equivocado en comparar a River con el radicalismo.

Y a Boca, por supuesto, con el pragmático, desdramatizado y desenvuelto peronismo, mucho más después del esforzado empate con Arsenal, a cuatro días del trascendental enfrentamiento deportivo de más alto impacto de los últimos años que tienen, ambos equipos, por su camino.

El peronismo, y Boca, parecen haber reverdecido, más por lo que viven sus rivales –en este caso los atribulados radicalismo y River–, que por una construcción virtuosa propia que los haya puesto otra vez en la consideración esperanzada y entusiasta de sus seguidores.

Con muy poco y a los tumbos, Boca logró mantenerse en los últimos partidos sin perder y mostrando un carácter de juego firme y hasta sólido en algunas líneas sin que esto haya significado un volumen de juego brillante ni estrepitoso.

Pero la caída de rendimiento en el andar de su rival eterno, River, quien juega por la gloria en dos torneos, el local y otro internacional con la Copa Sudamericana, ha colocado a Boca en un lugar expectante y listo para un zarpazo mortal hacia River que si, eventualmente, es eliminado por Boca muy posiblemente se caiga en el campeonato local y todo lo que consiguió, o pareció conseguir en meses de trabajo y buenas actuaciones, se derrumbará estrepitosamente sin que existan palabras que puedan explicar semejante y humillante fracaso.

Todo parece indicar que se trata de una cuestión de inseguridades y falta de confianza. El peronismo tiene esa capacidad de levantarse de entre las cenizas sin importar los métodos y las formas que usa para conseguirlo. El radicalismo, viviendo en una perturbación eterna donde los problemas de entrecasa se transforman en lo central cuando quienes desde afuera esperan de él una reacción que les devuelva una esperanza a lo que está instaurado, resolviendo sus entuertos con racionalidad, caen en la desesperanza y en la frustración.

Muchos radicales, con su culpa consuetudinaria a cuesta, creen que las alquimias electorales no sirven para gobernar. En parte tienen razón a la luz del desastre de la Alianza de Fernando de la Rúa. Pero el problema es que nunca se creyeron su capacidad para gobernar y lo más sorprendente y novedoso de los últimos tiempos es que están convenciendo de ello a sus propios seguidores.

El peronismo, gracias al descascaramiento de sus primos radicales, se fortalecen y no tienen pruritos en mostrarse juntos, como ayer en San Martín, dirigentes que se odian entre sí. Pero el tema es que tienen la capacidad de no colocar el carro adelante del caballo, con lo que identifican las prioridades, donde la primera y fundamental es seguir gobernando o llegar para gobernar a lo que dé lugar. La sociedad se lo ha aceptado así.

Y si no, hay que preguntarle a uno de los caudillos históricos que tiene el movimiento, José Luis Gioja. El sanjuanino dio una muestra y clase cabal de cómo se tienen que asumir las horas decisivas cuando afirmó, ayer, “si no hay acuerdo no hay ningún problema de que haya más de un candidato, porque para eso están las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, las PASO”. Tan simple como eso.

River, con todo a su favor, se dejó ganar por los fantasmas por no ganar ante Olimpo en el Monumental, cuando quizás debiese haber festejado seguir en la punta del campeonato y con más chances que nadie. Sin embargo, se dejó sumir en la duda, en la desconfianza y se inundó de inseguridades. Lo propio le ha pasado a la oposición a un año de las elecciones: cuando se vio con chances, como las que tiene todavía, un escozor le ganó la espalda, con lo que miró para atrás y ha decidido refugiarse en sus propios miedos, donde se siente más segura, por su propia debilidad que no ha podido superar.

La UCR, como River; el PJ, como Boca ¿Estás de acuerdo?

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