Es necesaria una nueva organización territorial, que le permita a nuestro interior potenciar sus condiciones productivas. La frase le pertenece a Julián Domínguez, el actual presidente de la Cámara de Diputados de la nación y aspirante a quedarse con la candidatura a presidente por el oficialismo para las elecciones del próximo año.
- Sitio Andino >
- Opinión >
Hablar, decir y prometer, hacer poco
Domínguez, que hace algunos días pasó por Mendoza en plan de campaña, buscando seducir voluntades y ampliar la base de apoyo para explorar sus posibilidades detrás de su objetivo mayor, llegó a San Juan para dar inicio al XI Congreso Iberoamericano de Municipalistas que comenzó ayer y que convocará en los próximos días a unos 1.000 representantes de 21 países de Latinoamérica, España y Portugal.
En campaña, resultan curiosas las declaraciones de más de un precandidato. Todos dicen verdades irrefutables y todos tienen en sus portafolios diagnósticos más que profusos y variados sobre el problema argentino. Un problema que tiene mil variantes y caras y a medida que pasan los días se amplía producto de la falta de reacción oficial.
Domínguez, que bien podría ser cualquiera de los dirigentes del oficialismo que se prueban el traje de candidatos, también habló del desafío que tienen los municipios que es el de poder planificar estratégicamente y que cada uno tenga un rol propio dependiendo de sus identidades y entre sus dichos más trascedentes destacados por el periodismo, el diputado y ex ministro de Agricultura de la nación, remató con la sentencia de que los chicos del interior deben tener el derecho de desarrollarse en sus lugares de origen.
El diputado, sin embargo y pese a sus movimientos políticos que demuestran su intención de jugar en la interna del oficialismo, ha dicho también que no ha expresado su voluntad en ese sentido porque todo dependen de la presidenta de la nación, Cristina Fernández, que es quien, según su visión, la única ordenadora de lo que será el menú de candidatos que ofrecerá el kirchnerismo el año que viene.
Los precandidatos y candidatos de todos los partidos, nos dirán, desde ya, lo que muchos quieren escuchar. La diferencia, quizás, que puede darse para las próximas elecciones que viene evidenciándose por suerte en el país desde hace ya unos cuantos comicios, es que nadie puede decir que cuenta con la vaca atada y que todo lo que diga tendrá como consecuencia la seducción lisa y llana de forma directa.
Pero en especial los créditos del oficialismo deberán cuidarse en extremo porque todo lo que están ya diciendo debió haberse aplicado un buen tiempo atrás. Y sin embargo sus diagnósticos siguen siendo muy parecidos a los de una oposición que teme, a medida que ese fenómeno se acrecienta, que su discurso sea vaciado de contenido.
Quién puede negar que los municipios deben contar con los medios para desarrollarse en función de las demandas de sus vecinos y quién puede oponerse a esa realidad tan grande como una casa que afirma que las economías regionales deben ser florecientes y sanas y que cada región con sus particularidades debería crecer sostenidamente y sin cepos.
Que cada uno tenga un rol dependiendo de sus identidades, dice Domínguez y lo dice el gobierno cuando alguno de sus funcionarios visita el interior cada vez más dependiente de las políticas económicas que no sólo están fracasando, sino que se centralizaron cada vez más como una manera de tener en un puño cerrado el control no sólo de lo que está ocurriendo, sino con eso evitar, también, aventuras de caciques comunales o de gobernadores provinciales que osaron brillar más que el Ejecutivo nacional.
En los últimos años se hizo presente eso que ya algunos llaman el federalismo de humillación que ha logrado con éxito, que el Ejecutivo nacional domine a su pleno arbitrio el estado de las finanzas provinciales, la política de hidrocarburos, los presupuestos y los planes de expansión de cada uno de los territorios que debieron sumirse a decisiones que fueron y son tomadas sin ningún miramiento que no sea otro que el del control político de lo que ocurre en el país.
Ahí está Mendoza, con Francisco Pérez al frente, esperando desde hace semanas que el equipo económico le autorice un plan de endeudamiento para llegar a fin de año. Y como Mendoza, son varias las jurisdicciones en la misma situación. En el caso de Pérez, además, hay que aportar que la provincia que conduce ha debido penar por el freno de todo tipo del que ha sido víctima por decisiones de la nación y por errores de cálculo propios que le presentarán un escenario para el 2015 por demás complicado para poder mantener en manos del oficialismo el control provincial.