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por Marcelo Torrez

Cómo gastar bien la plata de todos, cada vez más escasa

El famoso viento de cola que benefició al país en los primeros años de Néstor Kirchner y el primer año de gestión de Cristina Fernández mejoraron todos los índices virtuosos de la economía argentina. La definición “viento de cola” fue interpretada por el oficialismo de modo peyorativo porque entendió, y aún así lo sostiene, que en el debate político que causó el desarrollo económico del país en aquellos años, no fueron tenidas en cuentas las medidas que tomó el propio gobierno de los Kirchner. Se dijo, y se dice todavía, que la oposición o las visiones críticas al modelo no le reconocieron a los Kirchner las modificaciones que le imprimió al sistema dentro del país para que se dieran las condiciones de la bonanza.

Sea como fuere, el viento de cola se frenó y a partir del 2008 en adelante, el país fue hallado en una situación estructural de cierta debilidad cuando estalló la crisis en los Estados Unidos y, especialmente en los países europeos. Nuestros vecinos, como Chile, Perú, Bolivia, Colombia y en parte Brasil, potenciaron su fortaleza adquirida de los años en los que los precios de los productos de la economía se fueron por las nubes beneficiando sus economías.

Se viene la discusión sobre el presupuesto del año próximo, un año que de por sí arrancará sensibilizado por la discusión de alto impacto político que producirá la vuelta a las urnas para rectificar o ratificar el rumbo, tanto en el país, como en las provincias.

En Mendoza todavía no se conoce el proyecto de presupuesto 2015 y ayer fue dado a conocer el proyecto de presupuesto nacional para el año próximo. Ambos proyectos tienen la particularidad de ser el último de la gestión de gobierno, porque Cristina no podrá aspirar a un nuevo mandato por imperio constitucional y Pérez, ya se sabe, no consiguió, siquiera, que se evaluara la posibilidad de discutir una reforma a la Constitución que le permitiera aventurarse hacia un nuevo período.

El punto de discusión estará, sin dudas, en el gasto público  en déficit previsto por Pérez para su último año al frente de la provincia. El debate sobre el presupuesto actual, que la Legislatura no aprobó hasta entrada la segunda mitad del año, se concentró en el nuevo endeudamiento y cuando fue aprobado, por 800 millones de pesos más, Pérez se encontró con los problemas del mercado y con las trabas políticas que la misma Casa Rosada le tenía preparada para encarajinarle aún más el panorama.

Pero independientemente de toda esa discusión que se avecina, con el adelanto de que el radicalismo se cerrará aún más que en este 2014 para permitirle a Pérez gobernar con deuda, el momento obliga a la política a discutir sobre el gasto, las desmesuras, los bolsones improductivos y los excesos para evitar que la debilidad económica del país y de Mendoza, particularmente, pueda perjudicarla aún más.

Datos ventilados por la oposición dan cuenta que entre el 2006 y el 2013 el Producto Bruto Geográfico se incrementó en un 238 por ciento, explicado en eso del viento de cola. Y lo que pudo ser una oportunidad, en apariencia, se transformó en una pesada carga porque ese crecimiento no le sirvió a Mendoza para contar con mejores servicios y un mejor Estado. Por el contrario, en esa misma cantidad de años la participación del Estado en ese aumento del PBG también fue mayor, con lo que el Estado le fue extrayendo recursos a la actividad privada bajo una fuerte presión fiscal y por imperio de la inflación para financiar un gasto público que se representó en más personal, menos obras y desmejoras en la calidad del servicio público.

Entre el 2007 y el 2014, según datos aportados por el diputado radical Martín Kerchner, el gasto se incrementó en un 778 por ciento, lo que a primera vista puede ser considerado como algo positivo. Pero se transforma en negativo cuando se visualiza que se duplicó la presión fiscal y el porcentaje del gasto público sobre el PBG pasó del 15 por ciento en el 2007, al 23 por ciento en el 2013.

Estos serán los temas de discusión que se avecinan. Cómo hacer para que el Estado gaste inteligentemente con más maestros, más escuelas, más obras, más y mejores policías y más y mejores médicos. Porque ese mayor gasto y crecimiento del Estado que se dio en los últimos años no trajo consigo una mejor educación, un mejor sistema de seguridad y un mejor sistema sanitario para todos.

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