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A 4 años del inicio de los juicios de lesa humanidad, el ejemplo mendocino
Los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos por el Estado, antes y durante de la última dictadura militar que sufrió el país entre 1976 y 1983 arrancaron en Mendoza recién, hace, cuatro años. Mendoza cargó contra sus espaldas la de ser de las últimas jurisdicciones provinciales en bucear en la memoria, en identificar a los militares y civiles que formaron parte del sistema represivo de aquellos años y en llevarlos ante los estrados de la Justicia democrática.
Sin embargo, a poco de que los juicios echaran a andar, la provincia no se sólo se rehízo de una decisión tardía que la empañaba y que la ubicaba, institucionalmente, en el podio de la vergüenza, sino que comenzó a ser mirada como un ejemplo a nivel internacional por la forma de dar una respuesta a la tremenda sed de justicia que han tenido las víctimas que sobrevivieron y de los familiares de los muertos y desaparecidos de la represión, de los organismos de Derechos Humanos que batallaron sistemáticamente sin flaquear y sin cesar nunca en la búsqueda de la verdad con justicia y de la sociedad en su conjunto por reunir, en el mismo banquillo, tanto a civiles como militares partícipes en diverso grado del terrorismo de Estado.
Y entre los civiles, el de los magistrados que fueron parte de ese aparato perverso que le dio cobertura a los crímenes, respondiendo ante los jueces junto a ex policías y ex militares represores, se fue transformando en un hito que colocó al país en lo más alto de la consideración internacional por su lucha contra la impunidad y el olvido de todo lo que sucedió en aquellos años.
No sólo por esto último Mendoza pasó a liderar, con su ejemplo de juicios que logró levar adelante y organizar pese a empezar más tarde, tal lucha, sino que además, tras mucho tiempo de toma de conciencia y de contención de las víctimas, estos juicios también ventilaron los delitos sexuales que cometió la dictadura contra sus propios oprimidos, perseguidos, torturados, muertos y desaparecidos.
No fue una tarea fácil. Las víctimas directas de este tipo de tormentos habían relatado sus padecimientos de manera informal. Pero la vergüenza y el temor por contar lo que habían sufrido les impedía dar testimonio de lo que habían sufrido en juicios como estos, frente a quienes habían sido sus propios verdugos.
Todo este resultado ha sido producto de la lucha que llevaron adelante los organismos de Derechos Humanos de Mendoza. Sus abogados, sus especialistas, sus militantes que le dieron confianza a quienes, precisamente, habían sido los sufrientes de la primera línea de ciudadanos tomados como objetivos de aquel plan cívico, militar y político diagramado de forma siniestra.
Pocas horas atrás, algunos miembros de estos organismos, Dante Vega, Diego Lavado, Viviana Beigel, Fernando Peñaloza, Alfredo Guevara Escayola, Pablo Salinas, Pablo Garciarena y Romina Ronda han alumbrado El libro de los juicios, experiencias, debates y testimonios sobre el terrorismo de Estado en Mendoza, un espectacular trabajo documental que ha editado la editorial de la UNCuyo, Ediunc.
El libro, además de los testimonios y de las visiones de quienes han venido luchando por la consecución normal de los juicios a lo largo de los últimos cuatro años, cuenta con el invalorable aporte de ilustraciones de Ángela Urondo Raboy, hija de Paco Urondo, quien con menos de un año resultó secuestrada junto a sus padres en una esquina de Guaymallén. El prólogo del trabajo, fue escrito por el periodista Horacio Verbitsky quien en uno de los párrafos afirma: La obra aporta experiencias de los actores directos, que podrá ser replicada en futuros juicios por delitos de lesa humanidad en el país y el mundo.
Bienvenida sea esta obra que merece formar parte de los textos de estudios tanto del secundario como de los niveles terciario y universitario del sistema educativo no sólo provincial, sino argentino. Para que el Nunca más se extienda por siempre, con verdad y justicia para todos.