En total son 180 piezas prehispánicas prestadas por museos regionales de Guadalajara, Colima y Michoacán y por el Museo Soumaya, en la capital. En la foto, pareja copulando (Barro cocido con policromía, Valle del Colima).
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"Nuestros antepasados plasmaron el cuerpo humano de una manera habitual, aunque cargada de un profundo simbolismo", dijo durante la apertura de la exposición Teresa Franco, directora general del Instituto Nacional de Antropología e Historia, INAH. En la foto, "Hombre autosatisfaciéndose" (Barro con incisiones).
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Según el arqueólogo Daniel Ruiz Cancino, curador de la exposición "la dualidad es el punto de partida de la cosmovisión mesoamericana, donde los contrarios se complementan y se necesitan para existir. El hombre se vinculaba con la vida, el calor y la luz, mientras la mujer se asociaba con la muerte, el frío y la oscuridad". En la imagen, mujer cargando vasija. (Piedra pulida y tallada).
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"En el caso de figuras masculinas, algunas presentan ausencia intencional del falo: fueron encontradas por personas que se los destruían por considerarlo obsceno. Otras son una metáfora de la penetración de la tierra. La masturbación buscaba ofrendar el flujo vital: el semen; tal acto y la punición del pene para sangrarse eran actos rituales que simbolizaban la fecundación", según la INAH.
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Por su parte, Carlos Javier González, director del Templo Mayor, dijo que "Semillas de vida" es un acercamiento al orden cíclico y dual que permitió a sus creadores recrear un universo sexuado". En la foto, mujer sentada con manos en las rodillas (Barro con aplicaciones).
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El director del museo agregó que la producción del Occidente mesoamericano conservado en cerámica y otros materiales hace referencia a una realidad cargada de sensualidad, a la exaltación fálica y a usos y costumbres que no se reducían a la simple función reproductora o a la preservación de la especie, sino que tenían por objeto valorar el placer en el ser humano, así como evocar las relaciones afectivas y los roles de género.
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El director del museo agregó que la producción del Occidente mesoamericano conservado en cerámica y otros materiales hace referencia a una realidad cargada de sensualidad, a la exaltación fálica y a usos y costumbres que no se reducían a la simple función reproductora o a la preservación de la especie, sino que tenían por objeto valorar el placer en el ser humano, así como evocar las relaciones afectivas y los roles de género.
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