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Turismo: cuando el glamour del cargo se desvanece por dudas
A la lista de aquellos funcionarios exitosos, aunque alguno de ellos envueltos en recordadas investigaciones sobre supuesta malversación de fondos en la contratación de una reconocida y popular banda de rock nacional, hay que sumar hoy a Javier Espina, el responsable del Turismo de la gestión de Francisco Pérez. Su nombre, como el de aquellos que se mencionan más arriba, ha estado jugueteando en alguna lista de posibles delfines del jefe del Ejecutivo como un jugador importante para aventurarse como potencial candidato a la sucesión.
Si Turismo es un área tan apetitosa, de la que se saca provecho político para quien la administra bien, con muy poco que aportar, sino tan solo con el requisito de funcionario buena onda, dicharachero, amable y de sonrisa fácil, no llega a entenderse el enojo de quienes componen ese ámbito de gobierno cuando en público se les pide alguna rendición de cuentas, como los gastos de tales o cuales eventos y el por qué de la contratación de tal o cual figura de cierto renombre nacional no importa si esa fama esté emparentada con los escándalos u otros atributos.
Es notable, pero el enojo y el disgusto oficial siempre ha estado a flor de piel ante las consultas, como si no estuviesen obligados en todas las áreas de gobierno a decirles a quienes les pagan el sueldo lo que hacen con el dinero de todo. ¿Es tan difícil de entender?