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Muestras

El mundo sensorial y lúdico de Le Parc en el Malba

En el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires se expone una selección de obras históricas del gran maestro mendocino.
Por Sección Cultura

Parte de las obras del gran maestro mendocino de las artes visuales, pueden apreciarse en la muestra "Le Parc Lumiere" en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

La exposición invita al espectador a una recorrida sensorial y lúdica, en una puesta de montaje excepcional, que permite deslumbrarse frente a los espejos que serpentean y se reflejan en las paredes -obras en perpetua transformación y en constante inestabilidad- a escuchar los sonidos de las piezas o a ingresar a laberintos de espejos para perderse e invitan a una recorrida casi a tientas.

"Le Parc Lumiere" se expone en el MALBA.
Se trata de un conjunto de 17 instalaciones lumínicas -las alteraciones de la luz en movimiento es una preocupación vital en la carrera de este mendocino radicado en París-, obras provenientes de la colección Daros Latinoamerica (Zurich) desplegadas en dos salas del museo que suman 900 metros cuadrados.

"Sus juegos de luz en movimiento modifican el espacio, lo recrean en forma permanente y al mismo tiempo lo disuelven, incluyendo al observador en la obra de arte total", explica en una recorrida para la prensa Han-Michael Herzog, director artístico y curador de la Colección Daros Latinoamerica, que tiene sede en Río de Janeiro, donde ya se presentó parte de esta exposición a comienzos de 2014.

Un simpático Le Parc, de 85 años y luminosos ojos verdes, infaltable boina negra y echarpe de idéntico color, rememora, en diálogo con Télam, sobre la realización de estas obras, la mayoría producidas en los años 60: "Mi actitud siempre fue experimentar, probar, ensayar, reflexionar, comparar, trabajar con las manos, ver las opiniones de la gente de alrededor".

"Cuando uno tiene la actitud de experimentar, va comparando. Entre lo que uno imagina que va haciendo y el resultado posterior hay mucho de sorpresa, mucho de aleatorio, de encuentros nuevos que aparecen, materiales con los que uno está trabajando y ofrecen nuevas posibilidades, muy interesantes. O ciertas ideas que dan pautas para nuevas creaciones y seguir experimentando", afirma este genial artista.

Nacido en Mendoza en 1928, Le Parc viajó en 1958 a París becado por el Servicio Cultural Francés y se interesó por las propuestas del arte óptico y por la teoría de la Gestalt, hasta que en 1960 integró el Grupo de Investigación de Arte Visual (GRAV) junto con Hugo Demarco, Francisco García Miranda, Horacio García Rossi, François Molnar, François Morellet, Sergio Moyano Servanes (Simone Revoil), Francisco Sobrino, Jöel Stein e Yvaral (Jean-Pierre Vasarely.

En este período, Le Parc continuó con sus investigaciones realizando pequeñas cajas de luz con movimiento manual que producen cambios de imágenes y de color y, además, creó sus primeros móviles, que, iluminados con luz indirecta y rasante, proyectan su sombra sobre pantallas curvas y planas. ¿Qué papel juega la tecnología en estas obras, algunas hechas hace más de 40 años? "En esa época no existían las técnicas complicadas, ni yo tenía los medios económicos, entonces tenía que ir adecuándome a mis propias posibilidades económicas, y a mi conocimiento, porque no conocía gran cosa de la luz ni del movimiento. La necesidad de encontrar soluciones me fue llevando a enterarme, a ver cómo resolverlas".

Le Parc, un artista convencido de que la obra tiene que hablar por si misma, sin explicaciones, dice que "si uno tiene una idea, una propuesta, un pensamiento fuerte, lo que queda es la reflexión. En cambio, el medio que se utiliza para hacerla no tiene importancia y no es garantía de calidad". Entre las obras emblemáticas y de gran escala presentes en la muestra se destacan el cilindro Continuel-lumière cylindre (Continuo-Luz, 1962); el móvil Continuel-mobil (Continuo-móvil, 1962-1996) y el penetrable Cellule á pénétrer (Célula penetrable, 1963 -2005), pieza multisensorial que el artista presentó por primera vez en la Bienal de París de 1963.

La muestra recibe al espectador, ya desde el hall de entrada del museo, con una pieza emblemática: "Esfera amarilla", una inmensa obra traslúcida del color del sol, hecha de pequeños acrílicos rectangulares, entramados uno junto al otro, que cuelgan del techo como un gran móvil y que iluminan el ingreso. La curaduría se completa con la tarea vital de Käthe Walser, curadora técnica de Daros, y Victoria Giraudo, coordinadora ejecutiva de curaduría de Malba, donde permanecerá la exposición hasta el 6 de octubre en las salas 5 y 3, avenida Figueria Alcorta 3415.

Fuente: Télam

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