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Thomas Piketty, ¿el nuevo Keynes?
Piketty percibe la tendencia inherente al capitalismo a la desigualdad social, de tal forma que la amenaza a la democracia parte del interior de la propia dinámica capitalista. Hasta ahí todo bien, estamos de acuerdo.
Piketty es utópico porque supuestamente propone que el modo de producción permanezca igual: vamos solamente a cambiar la distribución implementando -y no hay nada muy original en esa idea- impuestos radicalmente más altos.
Acá comienzan los problemas. No digo que no debamos hacer eso, sólo insisto en que hacer apenas eso no es posible. Esa es su utopía: que básicamente podemos tener el capitalismo de hoy, que como maquinaria permanecería inalterada. No creo que eso sea factible. Imaginen un gobierno haciendo eso a nivel mundial. Y Piketty está consciente de que eso debe hacerse globalmente, porque si se hiciera en un solo país, el capital se dislocará, y así sucesivamente.
Mi punto de vista es que si podemos conseguir imaginar una organización mundial en que la medida propuesta por Piketty pueda efectivamente ser realizada, los problemas ya estarían resueltos. Entonces ya se tendría una reorganización política total, ya se tendría un poder global que puede efectivamente controlar el capital. Es decir, ¡ya vencimos!
En ese sentido, Piketty tropieza: el verdadero problema es el de crear las condiciones para que su medida aparentemente modesta sea actualizada. Es por eso que, vuelvo a repetir, no estoy en contra de él, vamos a cobrar 80 por ciento de impuestos a los capitalistas. Lo que estoy diciendo es que si fuera a hacerse eso, después caerían en la cuenta de que aquello llevaría a cambios subsecuentes.
Digo que es una utopía, y eso es lo que Hegel quería decir con pensamiento abstracto: imaginar que se puede tomar una medida solamente y nada más va a cambiar. Es claro que sería lo mejor tener el capitalismo de hoy, con todas sus dinámicas, y sólo cambiar el nivel de la redistribución -pero eso es lo utópico. Eso no puede hacerse, pues un cambio en la redistribución afectaría el modo de producción, y consecuentemente la propia economía capitalista. A veces la utopía no es anti-pragmática. A veces ser falsamente modesto, ser un realista, es la mayor utopía.
Es como -y discúlpenme el paralelo esdrújulo- si un nazi dijera: Ok, Hitler está en lo correcto, la comunidad orgánica y todo eso, pero ¿por qué él no se libra entonces de ese asqueroso antisemitismo? Porque hubo una minoría de judíos conservadores que se dirigían a Hitler de esa manera: ¡Caramba! Estamos de acuerdo con usted, unidad nacional y todo lo demás, pero ¿por qué nos odia tanto?
Eso es pensamiento utópico. Y es ahí que entra el viejo concepto marxista de totalidad. Todo cambia si se abordan los fenómenos con la perspectiva de totalidad.