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JUICIO

Una policía aseguró escuchar a la hermana de uno de los imputados decir que este no quería a Bolognezi

La oficial era la encargada de realizar las escuchas telefónicas y transcribir lo que sucedía. Sin embargo, esa conversación no se encuentra entre el material que disponen en el debate. También declaró el ex comisario que trajo al caso a la testigo clave.
Por Carolina Pavón carolina_pavon@sitioandino_com_ar
“Yo escuché que Sharbella (Girala) conocía a Bolognezi y que su hermano (Abdo Girala) no lo quería por ser un negrito”, declaró la oficial Belén Zapata, quien era en ese momento la encargada de llevar a cabo la intervención de los teléfonos de los sospechosos.
 
Una nueva jornada se realizó en el juicio por el asesinato de José Luis Bolognezi, ocurrido el 14 de septiembre del 2002 y que tiene como imputados a Carlos Pérez y Abdo Girala.
 
De acuerdo al testimonio de Zapata, ella como oficial público estaba abocada a la investigación del caso Bolognezi. Su función era la de grabar y transcribir las charlas telefónicas de 40 líneas telefónicas intervenidas, entre las que se encontraba la de la familia Girala.
 
Vale aclarar que la defensa de los dos imputados como también el fiscal de cámara, solicitaron en su momento al Tribunal la nulidad de las escuchas telefónicas por considerarlas una prueba inválida ya que se realizaron sin ningún tipo de argumentos, teniendo en cuenta que en ese tiempo, Abdo Girala aún no estaba imputado.
 
Los magistrados, ante este planteo, todavía no se han expedido y por lo tanto se procedió a tomarle declaración a la policía que realizó las escuchas.
 
“Hacia ese trabajo y cuando escuchaba una conversación importante se la comunicaba a mi superior. Cuando escuché la conversación que Sharbella mantenía con una amiga en donde ella decía que conocía a Bolognezi y que su hermano (Abdo) no lo quería por ser un negrito, también lo informé”, comentó la mujer.
   
Pérez y Girala, los dos imputados.
 
Zapata estuvo dos años realizando ese trabajo y todos los audios grabados y los escritos lo enviaban al Tribunal de Instrucción que llevaba la causa. Se estima que son alrededor de 3.500 horas grabadas en casetes las que pertenecen a las escuchas.
 
Sin embargo, al parecer hay varias de estas conversaciones que no están en la causa como por ejemplo la que relató la mujer, aunque ella asegura que escuchó esa charla en diciembre del 2004.
 
Es por esto, que la querella pidió que se oficie a Giol (lugar donde supuestamente están todas las copias de los escritos de las escuchas) para saber si esa conversación existe.
 
Declaró el ex comisario Quiroga
 
En la audiencia de hoy, también compareció el ex comisario Héctor Quiroga, quien fue el que le tomó declaración por primera vez a la testigo clave, Ana María Puebla.
 
El hombre asumió como comisario general de la distrital de la zona Este en enero del 2004, y en abril de ese año, el juez que llevaba la causa, Ricardo Schulz, le entregó el expediente de Bolognezi para que Quiroga colaborara con la investigación, ya que el comisario se había puesto a su disposición.
 
En los meses posteriores y antes de terminar de leer las fojas de la causa, aparece en escena Ana María Puebla. El ex comisario contó que la mujer llega a entrevistare con él por un problema que su hijo había tenido con unas motos, historia que hoy también corroboró Raúl Carnero, el mayor de los hijos de la testigo clave.
 
Quiroga contó que la mujer lo visitó tres veces por el inconveniente del hijo, y en esas oportunidades repitió una frase que le llamó la atención: “Acá los poderosos hace los que quieren”, en referencia a que su hija como era pobre le hacían problema.
 
En parte ese testimonio coincide con lo que dijo la propia Puebla, y su hijo ante el Tribunal. Después, Quiroga contó que la primera vez que le tomó declaración a la mujer fue de noche en un salón en Buen Orden (que se podría decir que pertenece a una finca), ya que la testigo no quería hacerlo en la comisaría.
 
En ese momento, Puebla le contó la golpiza que había sufrido Bolognezi e identificó a las cuatro personas que la habían ejecutado; Girala, Pérez, Bonivardo (Claudio) y Martínez (Sebastían). Los últimos dos quedaron apartados de la causa.
 
Luego de este episodio, que fue el 17 de junio del 2004, al martes siguiente, Quiroga le entregó la declaración al juez Schulz y este procedió a indagarla judicialmente en ese salón que la mujer había hecho su declaración policial.
 
A partir de ahí, Quiroga indicó que se apartó  del caso y dejó todo en manos del juez, para él continuar con sus responsabilidades de comisario general.

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