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Una mirada sobre la fiesta

La música y la danza, protagonistas de la segunda Vendimia de Grigor

La orquesta dirigida por Paito Figueroa le imprimió a “Sinfonía Iluminada de Gloria” su cuota memorable. Del espectáculo disfrutaron más de 20 mil personas y fue atractivo visualmente, aunque dejó la sensación de que podría haber entregado más desde lo argumental.
Por Eugenia Cano

"Sinfonía Iluminada de Gloria", dirigida por Alejandro Grigor, es el espectáculo artístico con el que Mendoza abrió una vez más el mítico Teatro Griego Frank Romero Day para celebrar el Acto Central de la Fiesta Nacional de la Vendimia.

Las gradas de ese imponente espacio abierto de la cultura de nuestro terruño, que durante todo el año parece desaparecer ante la indiferencia de su gente, volvieron a poblarse. Las luces encendidas, el clima mágico del encuentro, el fervor por lo nuestro, la multitud en los cerros, la Virgen de la Carrodilla… Todo volvió a reconstruirse desde el último aplauso allá por el 2013. La tradición intacta y la "mendocinidad" al palo.

En un lapso breve de tiempo, una edición de por medio apenas, Grigor tuvo una segunda oportunidad para plasmar en el festejo central su sello y creatividad dentro de un género tan único como es el vendimial. Y después de “Te miro… Vendimia de colores” y ahora con “Sinfonía…”, es posible arrojar que su concepción del mismo se traduce en lograr puestas tradicionalistas, atractivamente visuales, coloridas y con una gran utilización de la masa de bailarines sobre el escenario.

En una completa conexión de sentido con lo anterior, en esta oportunidad la gran protagonista es la música. La orquesta dirigida por Paito Figueroa y dispuesta en el centro de la escena, realizó un trabajo de arreglos de canciones y composición de música original, digno de destacar. El programa interpretado en su totalidad en vivo junto con la voz relatora, concedió instantes notables.

La banda sonora se convirtió en el único narrador de importancia que hilvanó cada cuadro coreográfico y en la que sin dudas, el jingle “Tu porvenir” y el tema “India Morena” provocaron impacto y sensibilidad. Mientras que los ritmos de la zamba, cueca, gato cuyano, chaya, chacarera, tango y el vals criollo también estuvieron bien presentes y se conjugaron con el clamor popular.

   

Si la Vendimia es fiesta, tiempo de alegría y regocijo por el vino nuevo. Si la Vendimia es celebración luego de un largo y arduo año de trabajo. Eso es lo que entregó literalmente “Sinfonía…”. Música y danza para honrar el tiempo de cosecha.

Para la edición 2014, el guión del espectáculo pidió como requisito exaltar el espíritu festivo de la Vendimia y en ese sentido Grigor consiguió el objetivo a través de esos dos recursos y el aditamento de efectos especiales, como la utilización de pantallas led, hermosas proyecciones con ilustraciones alusivas en acuarela, artistas suspendidos en el aire, aprovechamiento artístico del espejo de agua, teatro de sombras, trajes con detalles lumínicos y un delicado vestuario (Omar Lateana) que se tiñó uniforme y conceptualmente en dos tonos, el rojo y el azul.

La fiesta además tenía como premisa destacar el Centenario del Cerro de la Gloria y los 200 años de la intendencia como Gobernador de Cuyo de San Martín. Tópicos que también se honraron y estuvieron presentes. La primera evocación histórica, fue a través de la reconstrucción del emblemático monumento que abre prácticamente la propuesta y la segunda, casi al final, con un malambo combinado y el juramento del Libertador (interpretado por Tino Neglia) a defender la Patria. Acertadamente ambos homenajes lograron su objetivo: despertar el sentir nacional.

Es decir, todo lo que tenía que estar, estuvo. Pero podría haber sido más… El año, la oportunidad y hasta el mismo espectáculo se perdió de aprovechar más intensamente las temáticas que se le ofrecían. “Esa” voz de mujer (trabajada por la locutora Mónica Borré) que presentada como un enigma iba a provocar el ‘tiempo’ de suspenso de la fiesta, no resultó tal. La trama fue vacía, no se contó nada trascendente durante la hora y media que duró el espectáculo. Mientras que la innovación en este sentido sólo se tradujo en la petición a que el público participara y se integrara en determinados tramos.

Si el hecho artístico se destacó en muchos y otros variados aspectos, ¿por qué entonces no arriegarse al inmenso caudal que puede entregar el lirismo de un buen relato y la posibilidad de contar la riqueza y particularidad de nuestra historia, que no por ser la misma, deja cerrada las posibilidades a plasmar interpretaciones y mensajes que reflejen nuestro pasado y nuestro presente? Indudablemente una propuesta con contenido narrativo no fue la Vendimia que quiso crear su director. Grigor se abocó a la provocación de sensaciones, al espíritu festivo sin más justificativos que la celebración misma. Y sujeto a esa intensión alcanzó algunos buenos momentos.

Entre ellos, los 870 artistas que conformaron el staff de bailarines y actores que se mixturaron con los 40 músicos de la orquesta y no dejaron de poblar de energía el espacio escenográfico. También la participación del talentoso, Hernán Piquín, que si bien sólo compartió tres bailes junto a la masa artística, generó expectativa entre el público que se dio el gusto de verlo bailar acá en Mendoza, formando parte sustancial de la Fiesta Nacional de la Vendimia. Además del homenaje al Día Internaciona de la Mujer que contó con un trabajo audiovisual de interesante estética.

El trabajo de Pablo Longo por otra parte, a cargo de incorporar el teatro de sombras en un Acto Central, también es digno de resaltar. Lamentablemente la propuesta no se terminó de integrar a la fiesta y perdió importancia entre los cerros, detrás de la recreación del monumento al Cerro de la Gloria que se construyó como parte de la utilería mayor.

En este popurrí de cuadros folklóricos y de alegoría patriótica en que se desarrolló la Vendimia, lo que pretendió ser más y no fue, es el pasaje de la “revolución industrial” con unos muñecos a gran escala y despliegue de acrobacias circenses que lució desprolijo.

Y si bien la intención de despertar el sentimiento popular y religioso por la Virgen fue original dándole importancia a los cosechadores que bajaron al escenario desde las gradas buscando metafóricamente un punto de integración espiritual entre artistas y público, sonó si se quiere, descabellado y surrealista que la imagen bajara sola de una rampa arriba de una carretilla. Un detalle, pero que empañó el cuadro que contó con una notable y sentida interpretación de la tradicional canción en la voz de Rodrigo Olmedo.

En conclusión y más allá de todo lo que se pueda referenciar sobre la propuesta, lo importante es que “Sinfonía Iluminada de Gloria”, finalmente tuvo su estreno la noche del sábado ante un Teatro Griego colmado por más de 20 mil personas y contará en los días subsiguientes con sus tres repeticiones.

El espectáculo puede gustar más o menos. Para algunos habrá colmado las expectativas y para otros habrá dejado gusto a poco, pero en definitiva, es el “soberano” allí reunido el que con cada aplauso reivindica para esta fecha el amor por sus artistas y la pasión por una festividad que nos reencuentra y que nos une en una misma identidad. Grigor le imprimió a la Vendimia 2014 música, tradición y la belleza de contemplar la danza. Esa fue su propuesta y fue una fiesta.

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