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Recuerdos de Córdoba

El escritor Flavio Lo Presti consigue dar forma a una ficción de colores autobiográficos que se anuda en dos partes.
Por Sección Cultura

El libro, publicado por China Editora, se ahorra los lugares comunes pero es imposible no reírse conociendo a alguno de los personajes. Sin embargo, Lo Presti es un tipo que parece sobrellevar bien cierta melancolía.
 
Lo Presti es crítico literario yRecuerdos…es su primer libro. Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : En el libro decís que siempre quisiste escribir una novela o escribir ficción. ¿Pensás que lograste ese objetivo conRecuerdos...?
R : El libro está armado con textos que fueron escritos, en su mayoría, para una columna (es una forma de decir, porque tienen un poco el aire anecdótico y ligeramente especulativo y las dimensiones de las aguafuertes artlianas) que escribo desde hace tres años en el suplemento Ciudad X de La voz del Interior, de Córdoba. A la hora de editarlo lo organicé procurando que tuviera un orden temático y al mismo tiempo una progresión que hiciera sentir transformaciones en el personaje (de hecho la parte final, Hospital Córdoba, es un epílogo escrito a propósito para el libro), como en una novela.  Pero no es lo mismo que sentarse y escribir una novela, creo que es un desafío pendiente o  en todo caso una tarea de otra naturaleza.
 
T : Si uno es un lector ingenuo y no supiera quiénes son algunos de los protagonistas, lo que contás podría haber ocurrido o no y ser perfectamente genuino (y no importa ser o no un lector ingenuo) pero entonces ¿cómo romper ese molde de acá para adelante?
R: Es difícil romper ese molde: lo que escribís te setea. Hace poco me pidieron un cuento para la revista cultural de la Universidad Nacional de Córdoba y, si bien coincidía con el formato actual de la columna (1200 palabras aproximadamente), terminó pareciéndose demasiado a los textos que escribo para Ciudad X. Quizá mis posibilidades por el momento estén en explotar esa forma, jugando con la extensión, según lo que quiero contar: estoy escribiendo un libro de cuentos ahora, todos con esa base un poco autobiográfica pero tratando de alejarme, de inventar, hasta llegar a tocar los géneros (un poco el terror, un poco el fantástico). No es una decisión del todo consciente, tengo una serie de historias que quería escribir y estoy resolviéndolo lo mejor que me sale.
 
T : Recuerdos de Córdoba envía, creo, a Recuerdos de provincia. Si fuera así, ¿cuál sería el nexo entre una novela y la otra?
R :El nexo con Recuerdos de provincia: sujeto del interior, con mínimos recursos, un poco autodidacta (en mi caso a pesar de la universidad), y hasta ahí nomás. Yo no soy políglota ni voy a ser presidente de la nación (al menos tengo esa impresión y ningún horóscopo la contradice).
 
T : ¿Cómo pensar la literatura argentina -incluso, o sobre todo la que no se produce en Buenos Aires y adyacencias- después del 2001? Dos plazas fuertes parecen ser Córdoba y Rosario; una tercera: Bahía Blanca.
R : Me cuesta bastante pensar las cosas en esos términos, he ido leyendo a los autores como individualidades y no como elementos de pequeños sistemas locales. Tengo la impresión de que cuando se hacen lecturas desde esa matriz, se piensa como una aplanadora de diferencias. Te doy un ejemplo: yo reseñé mal (negativamente) un libro de Luciano Lamberti, una reseña que está bien pero que lee mal El asesino de chanchos; después elogié algún libro de Federico Falco, y en una reunión alguien de Buenos Aires me dijo: pero cómo, ¿te gusta Falco y no te gusta Lamberti? Si los dos son cordobeses... Me pareció siempre una muestra del tipo de error que se comete cuando se piensa así. Pero además, estoy incapacitado, porque si bien a los narradores cordobeses (que son muchísimos) los conozco a todos, no tengo el mismo conocimiento sobre la poesía porque me cuesta muchísimo leer el género, ni tampoco sobre el ensayo, que circula de una manera más complicada, filtrado entre la prensa y la academia. Escucho cosas sobre gente de Bahía Blanca y Rosario que está más relacionada con la poesía, pero no los he leído por esa especie de sordera, de la que en algún momento me sentí culpable (porque es un desinterés y porque se dice que la falta de lectura de poesía se paga en lo que escribís como narrador) pero que ya no me afecta porque no puedo hacer nada con eso. Por otra parte, algo pasó con las prácticas relacionadas con la producción y circulación de literatura después del 2001, pero no me interesa pensarlo (no porque no valga la pena, a mí no me interesa). Esos doce años son para mí autores y libros que me gustaron, leídos como fuera de contexto. La lista no es larga, es injusta y odiosa, por eso no conviene hacerla, pero hay ineludibles: El pasado de Alan Pauls, Rabia, Un amor para toda la vida y Era el cielo, de Sergio Bizzio; el libro de (Carlos) Busqued (Bajo este sol tremendo), que es buenísimo. La reedición y rescate de los libros de (Salvador) Benesdra y (Jorge) Barón Biza.
 

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