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"Bajo una estrella cruel. Una vida en Praga"

La escritora checoslovaca Heda Margolius Kovály relata, entre el estoicismo y la fragilidad, cómo los totalitarismos en Checoslovaquia moldearon su paisaje vital.
Por Sección Cultura

Bajo una estrella cruel. Una vida en Praga (1941-1968)", la escritora checoslovaca Heda Margolius Kovály relata, entre el estoicismo y la fragilidad, cómo los totalitarismos en Checoslovaquia moldearon su paisaje vital.

"Si todo comienzo es duro, el comienzo de la desgracia lo es todavía más. Aún no nos habíamos acostumbrado al sonido de disparos seguido de gritos agónicos, ni a la sed insoportable ni al aire sofocante de los abarrotados vagones de ganado", comienza esta sobreviviente, que logró exorcizar sus recuerdos en estas líneas, publicadas por Libros del Asteroide.

Heda (Praga 1919-2010) fue una de las millones de judías a las que le arrebataron su familia y trasladaron a un campo de concentración nazi, del que logró escapar, sin saber que otro tremendo capítulo de su vida se abriría con el régimen que instauró Stalin en Checoslovaquia.

La deportación en masa de los judíos de Praga comenzó en 1941, dos años después de que estallara la Segunda Guerra Mundial, Heda, hija de judíos acomodados, fue deportada junto a su familia al gueto de Lodz en 1941 y luego a Auschwitz, donde sus padres fueron asesinados; sin embargo, cuando la llevaban al campo Bergen-Belsen, logró huir con otras prisioneras.

De esos oscuros años, ella rescata -sin golpes extremadamente bajos- las miserias diarias de su paso por un campo: el frío hasta los huesos, los desmayos del hambre, la amenaza de muerte a cada paso.

"El mayor sueño de cualquier prisionero de un campo de concentración era trabajar bajo un techo", escribe. Incluso retacea sus vivencias en Auschwitz porque "el lenguaje humano tan sólo puede expresar aquello que la mente puede contener".

Heda escapó con la convicción de que la libertad era su militancia. "Todo el mundo supone que morir es fácil pero que la lucha por la vida requiere un esfuerzo sobrehumano. Por lo general es más bien al revés. Tal vez no haya nada más difícil que esperar la muerte pasivamente", decía como una brújula que la guiaba hacia el norte de la vida.

Tras dedicar pocas páginas a la etapa en los campos nazis, se aboca a los días que estuvo escondida en Praga gracias a la ayuda de un grupo de partisanos ya que ninguno de sus amigos previos a la deportación la quiso auxiliar. "Buscaba a un ser humano cuya humanidad fuera mayor que su miedo", reflexiona.

Tras permanecer oculta hasta el final de guerra, consigue reunirse con su novio, Rudolf Margolius, otro sobreviviente, y logran casarse. Eran tiempos en los que el clima de libertad era tan potente como efímero, y pronto Heda comienza a observar las profundas grietas de la posguerra.

La primavera de 1945 fue tan hermosa, recuerda, "Praga estaba tan deslumbrante a causa del esplendor de los jardines, que no vimos la sombras de mal agüero, las señales que nos advertían de un futuro incierto", reflexiona Heda, quien de aquí en adelante traza una radiografía de la vida del sobreviviente de la guerra, "el desplazado" y de las dificultades de reinsertarse, vivir y comer, en un mundo devastado.

Pero también comienza a narrar cómo operaban los propios convencimientos psicológicos que hicieron de la necesidad de libertad una aceptación mansa del comunismo, con tal de evitar más enfrentamientos.

"La creencia a la que más se aferraba la gente era que bajo el comunismo no podría existir ningún tipo de opresión nacional o racial". Así comienza otra etapa en su vida.

Su marido, en 1952, asume como secretario de Estado de Comercio Exterior del gobierno comunista checoslovaco, cuando, en una de las primeras purgas estalinistas, es acusado junto a otros trece miembros del gobierno de alta traición.

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