El primer libro, publicado por la casa Blatt&Ríos, el segundo por Pánico el Pánico, son ejemplos de esa aventura formal que no duda continuará y expandirá.
Strafacce nació en Buenos Aires en 1958. Publicó, entre otros títulos,Osvaldo Lamborghini, una biografía, La boliviana, La transformación de Rosendo, Carlutti y Pareja y Crímenes perfectos (todos en la casa Mansalva) y El crimen de la Negra Reguera en Beatriz Viterbo.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
T : Frío... ¿es una novela sobre el amor o es una novela de amor según los imperativos de la época? En cualquier caso, ¿tenés alguna teoría sobre el amor?
S : Lamentablemente (y espero que no suene descortés) no puedo contestar esa pregunta. No puedo porque emitir una opinión de esa índole sobre un libro mío implicaría un desdoblamiento autor/lector o, peor, novelista/crítico, que me resulta realmente incómodo y, sobre todo, impostado. En ese sentido, yo no puedo (y espero, insisto, que no suene descortés con la pregunta) decir si Frío de Rusia es una novela sobre el amor, sobre el odio o sobre el turismo estepario. No puedo porque sería constreñir la lectura de mi libro cuando lo que yo quiero es, precisamente, lo contrario: yo quiero que las lecturas de Frío
hagan proliferar la novela, que le den al libro lo que a mí me consta que no tiene. En este sentido, la presentación de Pablo Farrés en el Varela fue maravillosa: un análisis bello y profundo que me hizo sentir orgulloso y feliz de tan alta lectura. Puedo, sin embargo, decir algo que si bien no contesta estrictamente la pregunta, quizás revista algún interés. Cuando empiezo una novela nunca tengo planes (cuando los tuve, no pude -por aburrimiento- pasar de la página veinte: si ya sé qué va a ocurrir, ¿qué sentido tiene seguir?). Tampoco tengo temas. A veces leo que ciertos escritores sostienen que hay temas que los obsesionan, los persiguen, no los dejan dormir en paz, etcétera. En este sentido, yo soy un afortunado: los temas jamás me han molestado. Quizás porque nunca tuve otro tema que el Arte de la Novela, o lo que yo entiendo por tal cosa. Cuando empiezo una novela pienso, con Macedonio y Lamborghini, sólo en eso: la inigualable felicidad de una nueva novela que comienza. Sin meterme, entonces, en honduras como las que plantea la pregunta, se me ocurre que Frío
podría entenderse como una novela sobre la narración como invención, como improvisación, como felicidad. Y que desde el punto de vista formal, hubo cierta experimentación (en fin) en el modo de introducir los diálogos (estilo directo, indirecto e indirecto libre) y en la posibilidad de sostener una novela casi exclusivamente en los diálogos, diálogos que muchas veces -indirecto libre- simulan no serlo. Otra intimidad: la novela es de 2005 y la escribí toda manuscrita en cuadernos y libretas porque estaba escribiendo otra novela (El Parnaso Argentino) en la computadora y temía se me mezclaran las escenas.
T : En De los boludos no tenemos la culpa, el largo poema que publicaste, esos boludos ¿pueden armar qué clase de artefacto, un país, una editorial, escribir libros, tratados de física cuántica, etcétera). ¿Se puede ser un boludo y gobernar, educar, analizar?
S : Para gobernar un país o dirigir una editorial mainstream es una condición casi indispensable. A la física cuántica le tengo más respeto. Se me podrá objetar, algo cínicamente, que si gobiernan países, ganan las mejores becas, obtienen cargos culturales, ganan sueldos del Estado para, al cabo de diez años de investigar La Nada, escriben doscientas paginitas choreadas que nadie leerá, tan boludos no son. Sea. Pero yo lo pienso de esta manera. El otro día vi en televisión a un investigador del CONICET, nanofísico. ¡Es alucinante las cosas que están investigando y pensando estos tipos! Y resulta que hayinvestigadores, pólipos del presupuesto, que hace más de una década cobran del Estado para investigar
¡El Siglo de Oro Español! ¿No es joda? Ahora, yo pregunto, ¿cuál de los dos investigadores del ejemplo es el boludo? Para decirlo más llano: los boludos a los que se refiere el poema son esos felices y prósperos integrantes de la tilinguería multiculti que andan a los empujones para subirse al último asiento del último viaje a Frankfurt y con los que yo no compartiría jamás mi mesa en el bar.
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Frío de Rusia, un libro vanguardista
El escritor y abogado Ricardo Strafacce despliega las barajas de cierta tradición vanguardista en la literatura argentina.