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Grandes del mundo literario

Adiós musical para el poeta eterno

El sábado se tiraron las cenizas de Juan Gelman en la tierra donde había nacido Sor Juana Inés de la Cruz. Una ceremonia íntima donde luego hubo brindis, música y anécdotas.
Por Sección Cultura

“Queríamos celebrar la vida de Juan y no sólo llorar su partida”. La reflexión es de Eduardo Vázquez Martín, secretario de Cultura del D.F. mexicano, ciudad en la que el poeta Juan Gelman murió el martes pasado, a los 83 años, tras vivir allí casi 25.

El sábado, en una ceremonia íntima de la que participaron la familia y algunos amigos del poeta, fueron esparcidas sus cenizas en Nepantla, tierra en la que había nacido Sor Juana Inés de la Cruz, según el deseo del autor de Gotán. Y después hubo brindis, y anécdotas, y jaranas, ese género musical de la Península de Yucatán que denota climas festivos.

Desde hacía un tiempo que Gelman y su compañera, Mara La Madrid, tenían agendada una celebración para el sábado, según contó ella al diario Página/12: se cumplían 25 años del afincamiento del poeta en el D.F., la última escala del exilio al que se vio empujado en 1975, cuando militaba en Montoneros. Tal vez, uno de los motivos para elegir esa gran metrópoli latinoamericana haya sido que, casi un mes antes, el 22 de diciembre de 1988, en su regreso a Buenos Aires, había conocido a Mara, quien lo acompañó hasta el final.

La muerte del poeta, causada por una enfermedad de la médula ósea llamada mielodisplasia, no suspendió la celebración. Hasta Nepantla viajaron más de una veintena de personas, describe Vázquez Martín en diálogo con Clarín: él estuvo allí, donde las cenizas de Gelman se tiraron desde un puente ferroviario hacia un riachuelo que rodea el Centro Cultural Sor Juana, en una zona volcánica.

“Llevamos nuestros ejemplares de los libros de Juan y leímos, sin ninguna solemnidad, algunos de los poemas que teníamos marcados; en los autos íbamos escuchando música, en el mío hubo tangos de Piazzolla”, cuenta el funcionario mexicano, también poeta.

“Un día antes, la familia se comunicó para que algunos amigos los acompañáramos”, dice Vázquez Martín: hacia Nepantla fueron Mara y su hija, Paola Stefani, quien define a Gelman como “un segundo padre”. También estuvo Son Felices, el grupo jaranero que integra Paola y que hizo sonar sus melodías. Estaba, claro, Macarena, la nieta que Gelman recuperó en 2000, hija de Marcelo y de María Claudia, su hijo y su nuera desaparecidos por la última dictadura militar.

Desde las tierras de Sor Juana, todos fueron a la casa del cineasta mexicano Jorge Denti, en el estado de Morelos: allí hubo brindis hasta las ocho de la noche. “Conversamos, tomamos un poco de vino y seguimos escuchando música. Fue todo muy sencillo, sin ninguna formalidad; lo importante era acompañar a la familia”, dice el secretario de Cultura, y agrega: “Después de la solemnidad de cualquier funeral, fue un día de campo con mucho sol. Hubo anécdotas, brindis y risas: todo lo que se merece un poeta como Juan, que tuvo ironía, humor, y siempre estuvo lejos de las sacralidades”.

Algo parecido le dijo La Madrid a Página/12: “Nos fuimos todos a festejar la vida de Juan, en medio de un bosque de pinos, donde brindamos mil veces, comimos rico y nos reímos como corresponde cuando se va alguien como él”. Al fin y al cabo, era la fiesta que Gelman había planificado.

Fuente: Revista Ñ

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