ver más
°
EDUARDO RINESI

"La política nos permite evitar la lucha sin cuartel de todos contra todos"

En Muñecas rusas, el politólogo, ensayista y actual rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, avanza sobre el drama clásico y las piezas de Shakespeare.
Por Sección Cultura

En Muñecas rusas, el politólogo, ensayista y actual rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), Eduardo Rinesi, avanza sobre la hipótesis de que el drama clásico, y las piezas de William Shakespeare en particular, son capaces de operar como un tornasol para pensar la política contemporánea y sus intentos por conjurar el conflicto que atraviesa a los hombres, sus sociedades y sus instituciones.

El libro, publicado por la casa Las Cuarenta en su colección Pampa Aru, lleva como subtitulo Tres lecciones sobre la república, el pueblo y la necesaria falla de todas las cosas.
 
Rinesi dicta la catedra de Sociologia del Colegio Nacional Mariano Moreno desde hace mas de veinte años; esta doctorado en Filosofia por la Universidad de Sao Paulo. Publico, entre otros libros, Mariano, Seducidos y abandonados, Ciudades, teatros y balcones, Las mascaras de Jano Politica y tragedia.
 
Esta es la conversación que sostuvo con Telam.
 
T : ¿A qué te referís con esa centralidad ineliminable del conflicto en la vida de los hombres? Suena más a Bataille que a cierto optimismo ingenuo.
R : En efecto: espero que no suene a ningún optimismo ingenuo, porque es con las diversas manifestaciones de ese tipo de optimismo (por ejemplo: la que se expresa en la ciencia política más convencional) con lo que mi argumento quiere discutir. La idea central de todo el asunto es que los hombres no podemos sacarnos de encima el conflicto que atraviesa necesariamente nuestras vidas y nuestras relaciones como quien se saca de encima algo que estorba y que puede eliminarse. Estamos condenados a convivir con el conflicto, porque siempre queremos algo de lo que quiere el otro, porque siempre queremos tener más, porque nuestros intereses siempre chocan con los de los demás, porque nuestras preferencias nunca pueden coincidir con las de todos...
 
T : La práctica política, ¿podría suturar esa necesaria falla de todas las cosas?
R : La práctica y las instituciones políticas no podrían conseguir nunca suturar de una vez y para siempre, de manera definitiva y cabal, esa falla. Lo que nos permiten es generar formas de que ella no nos arroje al abismo trágico de la lucha sin cuartel de todos contra todos, no nos haga caer al abismo del sinsentido trágico. La tragedia nos brinda instrumentos conceptuales útiles para pensar la vida política de los hombres y de los pueblos no porque esta última tenga una forma trágica, sino exactamente porque ése no es el caso: porque, sobre el fondo de la tragedia con la que no puede sino dialogar, su tarea es evitar que nos precipitemos en ese despeñadero.
 
T : ¿Por qué titulaste el libro Muñecas rusas?
R : Porque en el libro presento los distintos modos en los que la tragedia, como género poético, teatral, puede y suele convivir con la comedia. Uno de esos modos, que había estudiado ya en algún libro anterior, es el de la mezcla, la combinación de elementos, personajes o situaciones trágicas y cómicas en una misma escena o en una misma pieza. Pero esta vez, pensando en algunos ejemplos que discuto con algún detalle, me interesó estudiar el mecanismo de revestir una historia trágica con el vestido exterior de una comedia, o al revés, como en un juego de cajas chinas o de muñecas rusas. De esos juguetes que nos van descubriendo, a medida que vamos sacándoles las sucesivas capas exteriores, otros rostros que nos esperan abajo, al mismo tiempo recubriendo y ocultando su núcleo último, su figura final, que no sabemos cuál es ni cuándo llega a hacérsenos visible detrás de todos sus vestidos.
 
T : ¿Cómo aparece Shakespeare en tus meditaciones políticas y qué consideraciones para tus ideas pudiste aislar en las de él?
R : En Shakespeare (en el drama en general, en realidad) lo que encontramos son una cantidad de versiones estetizadas, estilizadas, de esas situaciones de conflicto que desgarran al mismo tiempo el cuerpo social y las conciencias de los protagonistas del drama colectivo, junto a una reflexión muy sutil sobre la naturaleza de ese desgarro, de ese quiebre interno del mundo y de sus sujetos. Alguna vez Harold Bloom escribió que todo el psicoanálisis freudiano es una larga nota al pie de página de la obra de Shakespeare. Es evidente que se trata de una exageración o de una humorada, pero no hay duda de que las modernas teorías sobre la subjetividad tienen mucho para encontrar en la obra shakespeareana, y por cierto que tanto Freud como muchos otros (yo alguna vez trabajé sobre unas iluminaciones magníficas de Theodor Reik) han recurrido a él en busca de inspiración. Lo mismo puede y acaso debería hacer la filosofía política, y eso es lo que he intentado.
 
T : El mundo social que lentamente aparece en tus escritos es tan opaco que uno se pregunta qué hacés, además de publicar buenos libros, en una universidad. Es una pregunta.
R : ¿Por qué opaco? Acepto que en mi libro Política y tragedia el tono, como el mismo título lo anuncia, puede ser medio aciago, medio amargo, pero aun ahí la comparación entre el mundo de lo político y el de lo trágico está hecha al servicio de defender que, como te decía, la tragedia sirve para pensar la política justo porque no es lo mismo que ella. La política no es trágica: no puede ni debe serlo. Y cuando de ahí me fui desplazando a Las máscaras de Jano primero, y a Muñecas rusas ahora, la discusión se fue corriendo de ese énfasis inicial en la tragedia a una preocupación por la comedia y por el modo en que esos dos géneros conversan entre sí. No veo opacidad en ello: veo un intento de pensar con los instrumentos adecuados un mundo complejo. Que es lo que me parece -intentando responder a tu pregunta- hay que tratar de hacer en la universidad.
 
T : Finalmente, ¿cómo evitar que todos los análisis que hacés en tu libro empujen al individualismo o mejor, al individualismo de masa?
R : ¿Por qué habrían de hacerlo? Al individualismo (o al individualismo de masa, si querés) conduce, o puede conducir, la forma de organización del mundo de la producción, las ideologías que justifican esa forma de organización o que nos impiden ver otras posibilidades y los programas que se sostienen sobre la exacerbación de los peores lados de nuestra compleja subjetividad. No me parece que el estudio de esa complejidad a través del examen de las grandes obras literarias que a lo largo de los siglos se han ocupado de ella pueda empujar a nuestra vida en una dirección inadecuada. Más bien todo lo contrario: los antiguos griegos, con Aristóteles a la cabeza, encontraban un valor pedagógico y humanizador en el arte dramático, y aunque nosotros podemos ser un poco más escépticos en ese punto, no veo que el estudio de las piezas pergeñadas por los grandes humanistas antiguos y modernos que quisieron ayudarnos con ella a pensar la condición humana pueda hacernos tanto daño. 

Fuente: Télam

Te Puede Interesar