La lógica de una discusión salarial marca que ante un ofrecimiento del gobierno (o la empresa en su defecto), la parte trabajadora debe responder por sí o por no. Si el resultado es negativo, tendría que existir una nueva oferta y así sucesivamente. Pero el reclamo policial, rompe esos esquemas.
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Tras el rechazo al ofrecimiento oficial, el reclamo policial suma confusión e incertidumbre
Luego del rechazo oficial al ofrecimiento realizado en la mañana de este martes en el Ministerio de Seguridad, la discusión salarial quedó en stand by.
Mientras las autoridades se reunieron en distintos lugares, la familia policial cortó calle Patricias Mendocinas, a la altura de la Legislatura, y luego marchó por las calles del centro, sin ningún tipo de altercado.
Sin embargo, nunca quedó claro el objetivo de la manifestación. Mientras algunos esperaban la presencia de Carlos Aranda suponiendo que los funcionarios iban a aflojar y aceptar un sueldo de 8.500 pesos sin incluir horas extras los famosos cupos, que son cuatro horas por un valor de 100 pesos cada uno-, otros diagramaban petitorios para elevar a las autoridades.
| Algunos comercios cerraron sus puertas en medio de la movilización, por temor a incidentes.
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Fueron varias las propuestas analizadas, y a medida que iban llegando las distintas agrupaciones, las ideas se multiplicaban, aunque, claro está, sin formar una concreta.
La presencia de los manifestantes continuó hasta cerca de las 22, lejos de la presencia de funcionarios del Ministerio de Seguridad.
Así, el reclamo policial pareciera estar estancado. Sin fecha próxima para analizar una nueva propuesta, y con distintas opiniones, cruzadas por cierto, dentro de los mismos efectivos.
Luego de una mañana de tires y aflojes entre el Ejecutivo y las fuerzas de Seguridad la última oferta fue un salario de bolsillo de $8.500 con la obligación de cumplir 80 horas extra por mes. Tensión y desunión entre los manifestantes.