Históricamente relegada a cortes o vinos comunes de mesa, la Bonarda vive una verdadera revolución en el mercado interno tras registrar un salto interanual del 53%. La búsqueda de perfiles descontracturados, alcoholes moderados y una relación precio-calidad sumamente competitiva impulsaron el renacer del segundo varietal tinto más plantado de nuestro suelo.
Por qué crece el consumo del vino Bonarda: claves del varietal que resurge con fuerza
El auge del vino Bonarda en la provincia de Mendoza: por qué creció un 53% en el mercado local y seduce a nuevas generaciones.
¿Por qué el vino Bonarda se convirtió en la opción ideal para las nuevas ocasiones de consumo?
Lejos de los protocolos rígidos y las catas ceremoniales, los consumidores más jóvenes eligen hoy tintos ligeros, frescos y versátiles. En ese nuevo escenario de comidas informales, recitales, picadas, pizzas o hamburguesas, la cepa ofrece una versatilidad inmejorable gracias a sus taninos redondos, su carácter frutal y un nivel de alcohol que rara vez sobrepasa los 13,5 grados.
A este cambio de hábitos se sumó una reconversión técnica en las bodegas. Los enólogos dejaron de utilizarla como uva de volumen para limitar los rendimientos en el viñedo y elaborar ejemplares de alta gama. Hoy el país cuenta con más de 130 etiquetas registradas, abarcando desde botellas descontracturadas para beber algo frío incluso hasta complejos vinos de guarda con crianza en madera y hormigón.
¿Qué regiones lideran la producción en la provincia de Mendoza y qué estilos ofrecen?
Aunque ingresó históricamente como una cepa italiana, los estudios genéticos confirmaron que se trata de la uva Corbeau Noir o Douce Noir, originaria de la Saboya francesa. La provincia de Mendoza concentra más del 83% de las 18.000 hectáreas cultivadas en el país, mostrando facetas estilísticas muy marcadas según la zona geográfica:
- Zona Este (San Martín, Rivadavia y Junín): Cuna histórica y corazón productivo de la cepa. Entrega vinos de excelente madurez fenólica, notas a frutas rojas maduras e higos, y una entrada en boca sumamente amable.
- Luján de Cuyo (Agrelo y Ugarteche): Sus suelos aluviales antiguos brindan exponentes equilibrados, de gran concentración de color, taninos sedosos y sutiles toques especiados.
- Valle de Uco (Tupungato, Tunuyán y San Carlos): La altitud y la marcada amplitud térmica originan vinos eléctricos, de acidez natural vibrante, aromas a frutas rojas ácidas y marcados trazos herbales.
- San Rafael: El oasis sur aprovecha su clima templado para propiciar una maduración pausada que preserva frescura, elegancia y matices minerales en la copa.
Esa diversidad estilística se refleja hoy con fuerza en las góndolas argentinas. Los consumidores pueden optar tanto por versiones jóvenes y frescas para tomar descontracturadas como Pala Corazón o Colonia Las Liebres, hasta botellas de alta gama como Emma Zuccardi o El Enemigo Single Vineyard "El Mirador". Con identidad propia y una relación precio-calidad envidiable, la cepa demostró que ya no es una simple alternativa de corte, sino una protagonista indiscutida del mapa vitivinícola nacional.
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