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Industria

La industria retrocede y el malestar empresario llegó a Plaza de Mayo

La industria cayó 3,4% interanual en septiembre. La UIA advierte sobre la demanda débil y el crédito, mientras la crisis del calzado llega a Plaza de Mayo.

Por Marcelo López Álvarez

La industria argentina avanza en consolidar otro año de retroceso. Según las estimaciones preliminares del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (CEU-UIA), la actividad manufacturera cayó un 3,4% interanual en septiembre y se contrajo un 0,2% respecto de agosto, en términos desestacionalizados.

Con estos resultados, la producción fabril acumuló una contracción del 2,8% durante los primeros nueve meses de 2026 y se ubicó un 11% por debajo de los niveles alcanzados en 2022 y 2023.

La última edición del informe de Actualidad Industrial de la entidad empresaria confirma las dificultades de la manufactura para sostener una recuperación. Los avances ocasionales de algunas ramas no alcanzan para compensar la caída de otras, mientras buena parte del entramado productivo continúa afectado por la debilidad del consumo, los problemas de financiamiento y la insuficiencia de pedidos.

La comparación con 2022 y 2023 permite dimensionar el deterioro más allá de las variaciones mensuales. Después de casi tres años de gestión económica de Javier Milei, la industria sigue funcionando con volúmenes de producción considerablemente inferiores a los registrados antes del cambio de gobierno.

Se trata de una evolución desigual. Mientras algunos rubros vinculados a la energía y determinados mercados industriales muestran resultados positivos, los sectores orientados a la demanda interna concentran las mayores dificultades.

Los datos del comportamiento de la industria son preocupantes para trabajadores y empresarios

Automotrices y metalmecánica, entre las más afectadas

La industria automotriz es uno de los sectores donde el retroceso resulta más profundo. Aunque en septiembre la producción de vehículos repuntó un 1% respecto de agosto, el volumen fabricado fue el más bajo para ese mes en los últimos seis años. En el acumulado de 2026, la actividad presenta una caída del 17% frente al año anterior y produce alrededor de un 20% menos que en 2022.

La trascendencia de esta contracción excede a las terminales. La fabricación de automóviles sostiene una extensa red de proveedores de autopartes, componentes metálicos, plásticos, servicios industriales y transporte. Por eso, una caída persistente en los niveles de producción repercute sobre numerosas empresas que participan indirectamente del sector.

La metalmecánica presenta un comportamiento similar. En septiembre registró un incremento mensual del 2,5%, pero acumula una caída del 5% respecto de 2025. La comparación histórica resulta aún más desfavorable: su producción se sitúa un 18% por debajo de los niveles de 2022.

También la siderurgia muestra dificultades. La producción de acero disminuyó un 4% mensual en septiembre y se mantiene aproximadamente un 13% por debajo de los registros de cuatro años atrás.

Estos indicadores reflejan las limitaciones de interpretar las mejoras mensuales como señales suficientes de recuperación. Los incrementos puntuales alivian a ciertas empresas, pero no modifican una trayectoria de contracción prolongada.

La crisis industrial llegó a Plaza de Mayo

El deterioro de la actividad comenzó a expresarse en una inusual confluencia de reclamos empresariales y sindicales. Este martes 27 de octubre, fabricantes de calzado convocaron a un "zapatazo solidario" en Plaza de Mayo, con la entrega gratuita de un millar de pares de zapatos para visibilizar la crisis del sector.

La iniciativa de la agrupación Zapateros Unidos contó con el acompañamiento de la Cámara de la Industria del Calzado y de la Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado de la República Argentina (UTICRA). La convocatoria contempló una conferencia de prensa conjunta y la presentación de reclamos ante las autoridades nacionales.

La Industria del Calzado se movilizo a Plaza de Mayo

Según las organizaciones del sector, en los últimos dos años cerraron más de 200 fábricas y se perdieron alrededor de 10.000 puestos de trabajo. Los fabricantes atribuyen la situación a la retracción del consumo, la competencia de productos importados, el contrabando y las dificultades para afrontar los costos de producción.

La protesta resulta significativa porque reúne a empresarios y trabajadores ante una misma preocupación: la continuidad productiva. Muestra además cómo la contracción industrial trasciende las estadísticas económicas para convertirse en un conflicto social que involucra al empleo y las políticas del sector.

Una demanda interna que no logra recuperarse

Uno de los principales obstáculos señalados por los industriales es la debilidad del mercado interno. Según el relevamiento de expectativas del INDEC, el 54% de las empresas menciona la insuficiencia de demanda como su principal limitación. Asimismo, el 48,4% de los establecimientos consultados registró pedidos por debajo de los niveles considerados normales.

La situación es particularmente compleja en las actividades de bienes durables. Durante los primeros ocho meses del año, su fabricación, junto con la de bienes semidurables, cayó alrededor del 21%, con una marcada incidencia de electrodomésticos, equipos informáticos y aparatos de telecomunicaciones.

La producción de prendas de vestir, cuero y calzado también sufrió una contracción significativa, del 14%, mientras que los bienes destinados al consumo masivo apenas consiguieron un crecimiento acumulado del 0,8%.

La competencia de productos importados también aparece entre las preocupaciones del sector, aunque con distinta incidencia según la rama. El 9,9% de los industriales consultados la identifica como su mayor dificultad, y en rubros como el calzado su impacto se considera especialmente grave.

Energía y aluminio, las excepciones

La contracción industrial no alcanza con la misma intensidad a todas las actividades. La refinación de petróleo acumula un crecimiento del 6% respecto de 2025 y se sitúa un 16% por encima de los niveles de 2022.

El aluminio primario también exhibe resultados favorables, con un incremento mensual del 4,4% en septiembre y una producción que supera en un 16,4% la registrada cuatro años atrás.

La coexistencia de estos resultados con las caídas de la industria automotriz, la metalmecánica y los bienes durables expone una estructura productiva que avanza a distintas velocidades.

Algo parecido ocurre con los materiales para la construcción. En septiembre, los despachos de cemento aumentaron un 14,3% mensual, impulsados especialmente por las entregas a granel destinadas a obras de mayor escala. Sin embargo, las ventas de insumos relevadas por el Índice Construya retrocedieron un 1%.

Ambos indicadores permanecen más de un 25% por debajo de sus niveles de 2022, una distancia que impide interpretar el repunte del cemento como una recuperación generalizada de la actividad.

El financiamiento agrava las dificultades

La UIA también advierte sobre las condiciones financieras que enfrentan las empresas, en particular las pymes industriales.

En un documento institucional difundido en septiembre, la entidad sostuvo que la carga tributaria sobre el crédito encarece el financiamiento productivo. Según sus cálculos, una tasa nominal anual del 35% se transforma en un costo financiero total cercano al 41,4%.

A estas dificultades se agregan los aumentos de los costos energéticos para determinados usuarios industriales y las restricciones de capital de trabajo.

La organización empresaria propuso medidas de alivio para las pymes, entre ellas la flexibilización de planes de pago, el diferimiento de vencimientos impositivos, la agilización de devoluciones fiscales y la suspensión temporal de embargos.

El planteo expresa una inquietud generalizada: la combinación de ventas insuficientes, elevados costos financieros y dificultades para afrontar gastos operativos limita las posibilidades de recuperación, aun cuando exista capacidad productiva ociosa.

Mendoza, entre la industria tradicional y las nuevas inversiones

El panorama nacional tiene repercusiones particulares en Mendoza, aunque el informe de la UIA no ofrece mediciones específicas sobre la provincia.

La metalmecánica mendocina, integrada por empresas proveedoras de maquinaria, equipamiento y componentes industriales, participa de cadenas productivas que atraviesan dificultades en distintos puntos del país.

La vitivinicultura y otros rubros vinculados al consumo tampoco resultan ajenos a la evolución del mercado interno. Por su parte, los fabricantes de materiales para la construcción enfrentan un escenario condicionado por la debilidad de la actividad privada, más allá de la tracción puntual de algunas obras públicas.

En paralelo, los proyectos energéticos y mineros abren oportunidades para impulsar la demanda de bienes y servicios industriales. Sin embargo, el dinamismo de esas inversiones no garantiza automáticamente la recuperación de las pymes mendocinas. Su impacto dependerá en gran medida de la capacidad de integrar proveedores locales a las nuevas cadenas productivas.

Esa diferencia entre el dinamismo de determinados sectores y las dificultades de la industria tradicional constituye uno de los principales desafíos para la economía provincial.

El desafío de recuperar producción y empleo hacia 2027

El balance de la UIA deja una conclusión clara hacia el cierre de 2026: la industria argentina no solo necesita revertir las pérdidas acumuladas durante el año, sino también reconstruir niveles de producción que permanecen muy por debajo de los registrados antes del actual ciclo económico.

Mientras la refinación petrolera y algunas actividades específicas logran expandirse, los sectores con redes de proveedores extensas e impacto directo en el empleo continúan perdiendo volumen. La protesta de fabricantes y trabajadores del calzado en Plaza de Mayo suma una dimensión social y productiva a ese deterioro.

La evolución del consumo interno, el acceso al crédito y la incorporación de empresas nacionales a los proyectos de inversión serán determinantes para definir si la brecha industrial se reduce o se consolida durante 2027.

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