La actividad de la industria argentina volvió a resentirse en julio y dejó en evidencia que el diagnóstico oficial sobre una recuperación productiva todavía no encuentra correlato en el terreno. El Monitor de Desempeño Industrial (MDI) se ubicó en 40,4 puntos, con una caída de 3,1 puntos frente a abril y de 4,7 respecto de julio del año pasado. El dato surge de la III Encuesta de Indicadores Industriales y Expectativas, elaborada por el Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina junto con ADIMRA y FISFE, entre el 3 y el 21 de agosto, sobre 628 empresas de todo el país. Ningún sector logró salir de la zona de contracción, situada por debajo de los 50 puntos.
- Sitio Andino >
- Economía >
La industria argentina sigue en contracción y las pymes sufren el mayor impacto
La industria cayó otra vez en julio: menos ventas, pymes en retroceso y atrasos en los pagos amplían la brecha entre las plantas y el discurso de Javier Milei.
El consumo interno, el gran ausente
Casi la mitad de las empresas, el 49,7%, registró una caída en sus ventas al mercado interno durante julio, mientras que apenas el 16,2% reportó algún incremento. En producción, el cuadro fue similar: el 42,9% de las firmas redujo sus niveles y solo el 20,9% los aumentó. Las exportaciones mostraron un comportamiento menos desfavorable y una mejora frente a los últimos relevamientos: el 27,7% registró caídas y el 14,6%, subas. Estos resultados coinciden con el principal problema que las propias empresas identifican como freno a su actividad: la caída de la demanda interna, mencionada por el 48,6% de las firmas, muy por delante de cualquier otro factor.
Las pymes, otra vez, las que pagan el ajuste
Dentro de un panorama ya adverso, el segmento de la Pequeña y Mediana Empresa atravesó un trimestre todavía más duro. Las micro y pequeñas empresas fueron las más castigadas: el 47,8% redujo su producción y el 54,8%, sus ventas, proporciones superiores a las registradas entre las medianas y grandes. El índice de difusión quedó en −29,9 puntos para la producción pyme y en −41,1 para sus ventas. La brecha confirma que la fábrica chica absorbe primero, y con más fuerza, los golpes de la coyuntura.
Empleo que resiste, aunque con maquillaje
La proporción de empresas que redujo su dotación se mantuvo estable en el 21,2%, un dato que la UIA interpreta como un esfuerzo por sostener los puestos de trabajo. El costo de esa resistencia se paga por otras vías. La reducción de turnos, la medida más utilizada para ajustar sin despedir, alcanzó en julio al 18,7% de las firmas. A ella se sumaron las suspensiones y los adelantos de vacaciones. De cara al año próximo, apenas el 16,9% espera incorporar trabajadores, mientras que el 27,5% ya prevé reducir su plantilla.
Cuentas que no cierran
El deterioro de la demanda comenzó a afectar con más fuerza la salud financiera de las empresas. El 47,6% tuvo dificultades para afrontar en su totalidad al menos uno de sus pagos habituales (salarios, proveedores, compromisos financieros, servicios o impuestos) y el 9,2% no pudo cumplir con ninguno, el valor más alto de la serie. Los mayores atrasos se concentraron en impuestos (34,6%) y proveedores (33,3%), un indicio de que las restricciones de liquidez se trasladan al frente impositivo y comercial.
El 56,2% de las empresas afectadas debió recurrir a un mayor endeudamiento o a financiamiento de corto plazo, y el 53,2% afrontó intereses y costos financieros más altos. A esa presión se sumó el costo de la energía, que en julio desplazó a los insumos nacionales y pasó a ocupar el segundo lugar entre los factores que más encarecen la operación fabril, apenas detrás de los costos laborales.
Contrabando y competencia desleal, otro frente abierto
Seis de cada diez empresas industriales afirmaron que la competencia desleal tiene hoy un impacto alto o muy alto sobre su actividad, cinco puntos más que en julio del año pasado. Casi la mitad, el 48,4%, señaló una reducción directa de sus ventas, y la mitad de la muestra identificó como principal mecanismo la llegada de productos importados a precios artificialmente bajos, por debajo de los costos mínimos de producción locales.
El complejo textil e indumentaria volvió a estar entre los más castigados: el 84,6% de las empresas textiles y el 76,2% de las de confecciones, cuero y calzado reportaron un impacto alto o muy alto. En metales comunes, esa proporción alcanzó el 88,2%.
Un horizonte que se aleja
El dato más elocuente del informe está en las expectativas. Hace un año, el 53,1% de las empresas confiaba en que la situación del país mejoraría durante 2026. Hoy, solo el 16,7% dice estar efectivamente mejor, mientras que el 65% asegura estar peor. La proporción que anticipa un deterioro, tanto de su propia economía como de su sector, aumentó frente al relevamiento anterior. Las expectativas positivas para el año próximo cayeron en las tres dimensiones relevadas (empresa, sector y país).
En materia de inversión, el 64,4% de las firmas opera con una utilización de su capacidad instalada inferior al nivel óptimo. De ellas, el 80,9% no espera alcanzarlo en los próximos doce meses.
La encuesta del CEU (UIA) contrasta con el relato oficial de una economía en pleno despegue productivo. Con la demanda interna resentida, las pymes como epicentro del ajuste, los atrasos en los pagos en su punto más alto y las expectativas que se derrumban mes a mes, se ensancha la brecha entre el discurso del Gobierno de Javier Milei y lo que registran las propias fábricas.
Los industriales, que apostaron a sostener la apertura comercial y el ajuste fiscal a cambio de una eventual reactivación, empiezan a mostrar en sus números el costo de una espera que, trimestre tras trimestre, sigue sin resultados a la vista.