La incertidumbre electoral comenzó a condicionar las decisiones económicas, pero una parte importante del debilitamiento de la actividad y la economía argentina en general ya esta en marcha antes de que la política volviera a ocupar el centro de las expectativas. La caída de la inversión, el menor dinamismo del consumo y una prolongada restricción del crédito configuran, según un informe del IERAL de Fundación Mediterránea, un escenario en el que no todo puede atribuirse al calendario electoral.
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La economía argentina se frenó antes de las elecciones: advierten por inversión, consumo y crédito
Un informe del IERAL advierte que la caída de la inversión y el consumo comenzó a afectar a la economía antes de que creciera la incertidumbre electoral.
El trabajo, elaborado por el economista Jorge Vasconcelos, sostiene que la economía llegó al período electoral con señales de desaceleración que se habían manifestado previamente y vincula buena parte de ese comportamiento con el sesgo contractivo de la política monetaria y las dificultades para acceder al financiamiento.
La conclusión abre una discusión relevante para los próximos meses: la incertidumbre política puede profundizar el freno, pero no explica por sí sola el deterioro de la inversión y del mercado interno.
El freno había empezado antes
Uno de los principales argumentos del informe surge de la evolución del consumo y la inversión entre los segundos trimestres de 2025 y 2026.
En ese período, el consumo redujo su participación en 1,6 puntos del Producto Interno Bruto, mientras que la inversión retrocedió 2,5 puntos del PIB.
El comportamiento de la inversión resulta particularmente significativo. Según el análisis del IERAL, ya caía a un ritmo interanual cercano al 10% cuando el riesgo país todavía se encontraba por debajo de los 500 puntos básicos y la incertidumbre vinculada con las elecciones aún no había adquirido la intensidad posterior.
Para Vasconcelos, esa secuencia temporal obliga a diferenciar causas. El clima electoral puede haber agregado cautela y postergado decisiones, pero el debilitamiento de algunos componentes centrales de la demanda había comenzado con anterioridad.
La economía, en otras palabras, ingresó al período de mayor tensión política con una pérdida de impulso que ya estaba instalada.
El crédito, en el centro del problema
El informe ubica a la restricción crediticia entre las principales explicaciones de ese comportamiento.
De acuerdo con el análisis, las condiciones financieras comenzaron a endurecerse en abril de 2025 y se prolongaron en el tiempo, con un impacto especialmente fuerte sobre las actividades más vinculadas con el mercado interno.
Cuando el crédito se encarece o pierde disponibilidad, las consecuencias se trasladan tanto a las empresas como a las familias. Se postergan inversiones, se reduce el financiamiento del capital de trabajo y se restringen decisiones de consumo que dependen de cuotas o préstamos.
Desde esa perspectiva, el IERAL considera que la economía atravesó un proceso de sobreajuste, en el que el endurecimiento monetario terminó afectando la recuperación de sectores que dependen en mayor medida de la demanda doméstica.
La cuestión pasa ahora por determinar cuánto margen existe para modificar esas condiciones sin poner en riesgo los objetivos de estabilidad macroeconómica.
Menor costo financiero para recuperar actividad
El análisis de Fundación Mediterránea plantea que existen políticas susceptibles de ser recalibradas.
Uno de los puntos centrales es reducir el costo financiero aprovechando, según el informe, las expectativas contenidas respecto de la inflación y de una eventual devaluación.
Para avanzar en esa dirección, Vasconcelos menciona la posibilidad de recalibrar la política monetaria y reducir determinadas cargas impositivas que encarecen el crédito.
El costo de los préstamos se convirtió en una variable clave para la recuperación. Una economía con tasas elevadas y financiamiento restringido tiene mayores dificultades para sostener simultáneamente el consumo, la inversión productiva y la actividad de las pequeñas y medianas empresas.
El diagnóstico del IERAL desplaza así parte de la discusión económica desde la incertidumbre política hacia las propias condiciones de funcionamiento del programa económico.
El desafío financiero de 2027
El horizonte del próximo año también aparece condicionado por la situación externa. Según las estimaciones consignadas en el informe, las reservas netas del Banco Central rondan los US$11.500 millones, mientras que los compromisos externos del sector público previstos para 2027 alcanzan aproximadamente US$24.900 millones. La diferencia entre ambos números constituye uno de los interrogantes que deberá despejar el programa financiero.
Para el IERAL, fortalecer ese esquema de financiamiento será fundamental para ampliar el horizonte de previsibilidad, reducir la incertidumbre y mejorar las condiciones bajo las cuales empresas e inversores toman decisiones.
El nivel de reservas continúa siendo, de esta manera, una variable decisiva no sólo para el mercado cambiario, sino también para la percepción de riesgo y las posibilidades de recuperar el acceso al crédito en condiciones más favorables.
Una economía que llega debilitada a la política
El planteo de Vasconcelos introduce una distinción relevante en momentos en que buena parte de las explicaciones sobre la economía comienza a concentrarse en las elecciones.
La política importa. La incertidumbre electoral puede retrasar inversiones, aumentar la demanda de cobertura y reducir el horizonte de planificación de empresas y consumidores. Pero los indicadores relevados por el IERAL muestran que el deterioro de la inversión y el menor dinamismo del consumo se habían hecho visibles antes.
Ese diagnóstico implica también que una eventual reducción de la incertidumbre política no garantiza por sí sola una recuperación inmediata.
Para que la actividad recupere dinamismo será necesario, según el informe, revisar las condiciones financieras, mejorar el acceso al crédito y fortalecer el programa financiero frente a los compromisos que deberá afrontar el país.
La economía argentina entró en modo electoral. Pero llegó a esa instancia con problemas que no nacieron en las urnas y que, por lo tanto, tampoco desaparecerán únicamente cuando termine la elección.