11 de octubre de 2026
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Minería

El otro desafío del cobre: cómo evitar que Mendoza tenga minería sin industria minera

Un informe de CEPAL advierte que las inversiones en minería no garantizan desarrollo industrial. Mendoza enfrenta el desafío de crear proveedores y empleo local.

Por Marcelo López Álvarez

Durante años, la discusión minera de Mendoza estuvo concentrada en otra pregunta: si la provincia desarrollaría o no minería metalífera de gran escala. Con PSJ Cobre Mendocino atravesando la etapa previa a la construcción y nuevos proyectos cupríferos avanzando en exploración, aquella discusión comienza a convivir con una segunda, probablemente más económica que geológica.

La pregunta ahora es qué quedará en Mendoza alrededor de las minas. Una provincia puede producir cobre, recibir grandes inversiones y aumentar sus exportaciones sin necesariamente desarrollar una verdadera industria minera. Puede tener yacimientos en explotación, pero importar buena parte de las máquinas, los insumos y la tecnología, contratar servicios especializados fuera de su territorio y limitar el efecto productivo local a los puestos directamente relacionados con la operación. Formato que está fuertemente promovido por el Gobierno Nacional a través del RIGI y el proyecto del Super RIGI.

Una advertencia de la CEPAL

Un estudio publicado recientemente por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) expresa una advertencia para los países y regiones que esperan aprovechar el nuevo ciclo internacional de minerales críticos. Cuando la minería funciona con pocos encadenamientos productivos locales, sostiene el trabajo, puede consolidar un esquema de enclave, con menores efectos sobre empleo, industrialización, tecnología y valor agregado doméstico.

Para Mendoza, la observación llega en un momento justo. La provincia está comenzando a discutir cuánto cobre puede producir. El desafío siguiente será determinar cuánta industria puede construir alrededor de ese cobre.

El negocio que está detrás de una mina

El trabajo, titulado Comercio internacional de bienes y servicios para la minería y elaborado por Lorenzo Cassini para la División de Recursos Naturales de CEPAL, estudia tres grandes universos que suelen quedar fuera de la fotografía tradicional de una mina: maquinaria y equipos, productos químicos y servicios especializados. Analiza el comercio de bienes entre 2000 y 2023 y, con las limitaciones estadísticas existentes, el de servicios hasta 2020.

Allí aparece una primera cuestión central: la minería no termina en la extracción del mineral. Alrededor de una explotación funcionan perforadoras, bombas, trituradoras, sistemas de transporte, piezas de desgaste, equipos para procesamiento, reactivos químicos, laboratorios, ingeniería, geología, software, mantenimiento, servicios ambientales, perforación, logística y múltiples actividades técnicas.

Es en ese entramado donde una inversión minera puede convertirse en una política de diversificación productiva o quedar fundamentalmente circunscripta a la extracción.

CEPAL identifica a estos proveedores como sectores capaces de difundir tecnología y productividad hacia el resto de la economía. Su desarrollo, además, puede permitir que empresas inicialmente creadas para atender un mercado minero doméstico terminen sustituyendo importaciones y luego exportando sus propios bienes y servicios. Ese proceso, sin embargo, está lejos de ser automático.

La CEPAL advierte que  la minería debe servir para desarrollar la industria local

La CEPAL advierte que la minería debe servir para desarrollar la industria local

Tener minerales no alcanza

La evidencia internacional relevada en el estudio resulta particularmente ilustrativa. CEPAL construyó una clasificación de países mineros según su capacidad para reducir importaciones, aumentar exportaciones y eventualmente transformar los sectores proveedores en exportadores netos.

El resultado muestra cuán difícil es dar ese salto. De 36 combinaciones entre países y segmentos productivos analizadas, solamente ocho alcanzaron la categoría de “cambio estructural”. Cinco de esos ocho casos correspondieron a servicios especializados, precisamente el sector donde las barreras de entrada suelen ser menores porque necesita menos capital físico y depende más del conocimiento, la capacitación y las capacidades tecnológicas locales.

Malasia aparece como el caso con desarrollo más extendido entre los tres grupos estudiados. India consiguió avances estructurales en equipamiento y servicios. Brasil lo hizo en maquinaria minera y Chile en servicios especializados, mientras otros importantes países productores de minerales no exhibieron transformaciones equivalentes durante el período analizado.

La conclusión rompe con una asociación bastante habitual: una gran industria extractiva no produce inevitablemente una gran industria proveedora.

Entre ambas cosas hay capacidades empresariales, trabajadores especializados, financiamiento, aprendizaje tecnológico, escala, infraestructura, políticas de proveedores y relaciones sostenidas entre compañías mineras y empresas locales.

La mina crea demanda. Lo que no crea automáticamente es la empresa capaz de satisfacerla.

PSJ y una oportunidad de US$613 millones

Ese debate comienza a adquirir cifras concretas en Mendoza. La adhesión de PSJ Cobre Mendocino al RIGI contempla una inversión en activos computables de US$613,43 millones, según la resolución del Ministerio de Economía. El cronograma presentado prevé iniciar la construcción en junio de 2027 y comenzar a operar en enero de 2029. El proyecto incluye una mina a cielo abierto y una planta concentradora preparada para procesar alrededor de 10 millones de toneladas de mineral por año.

La empresa proyecta 3.900 puestos directos e indirectos durante la construcción y 2.400 durante la operación, y afirma que priorizará contratación local y programas de capacitación y desarrollo de proveedores. Son estimaciones del propio proyecto, que deberán contrastarse con la evolución efectiva de la inversión y las contrataciones cuando comience la construcción.

PSJ presentó un plan de desarrollo de proveedores según el cual el 27% del monto destinado a proveedores, bienes y obras de infraestructura durante construcción y operación correspondería a proveedores locales. El porcentaje supera el mínimo del 20% establecido por el régimen.

Para el RIGI, “proveedor local” significa proveedor argentino, no necesariamente mendocino. La reglamentación considera local, entre otros requisitos, a una empresa constituida y domiciliada en el país cuyo control mayoritario permanezca en personas humanas o jurídicas con domicilio fiscal argentino. Por lo tanto, cumplir con el porcentaje de proveedores nacionales no permite saber cuánto de esas compras será realizado en Mendoza, Uspallata o el resto de la provincia. Ese es precisamente el espacio donde empieza la discusión que plantea CEPAL.

PSJ Cobre Mendocino: El proeycto de Uspallata comenzará su construcción el años que viene. Un desafío importante para la minería de Mendoza

PSJ Cobre Mendocino: El proeycto de Uspallata comenzará su construcción el años que viene. Un desafío importante para la minería de Mendoza

Del porcentaje local al proveedor mendocino

El desafío productivo no consiste únicamente en reservar una porción de las compras. También importa qué compra el proyecto y qué sofisticación tienen esos bienes o servicios.

Una empresa mendocina encargada de alimentación, transporte o alojamiento forma parte del impacto económico local. Pero el salto productivo es diferente cuando una firma provincial diseña un componente industrial, presta ingeniería especializada, desarrolla software para operación minera, realiza mantenimiento tecnológico, fabrica piezas críticas o exporta posteriormente ese conocimiento.

Allí aparece la diferencia entre tener proveedores alrededor de una mina y desarrollar una industria minera. La propia CEPAL detecta que los servicios especializados constituyen uno de los accesos más factibles para construir capacidades. De las ocho experiencias de cambio estructural identificadas en su análisis, cinco ocurrieron precisamente en servicios.

Para Mendoza, esa observación abre un campo particularmente relevante porque la minería no necesita comenzar desde cero en todas las actividades. Ingeniería, mantenimiento industrial, metalmecánica, logística, servicios técnicos, tecnología y formación profesional son ámbitos que pueden conectarse progresivamente con la demanda minera.

Incluso la evaluación técnica realizada durante el proceso ambiental de PSJ formuló una advertencia muy similar: los efectos sobre actividad y empleo dependen en gran medida de la capacidad local para responder a las necesidades del proyecto, tanto en calificación laboral como en provisión de bienes y servicios.

Es decir, la inversión genera una oportunidad, pero la magnitud del derrame depende de quién esté preparado para capturarla.

La competencia también es global

Hay además otra dificultad. Los proveedores mendocinos no competirán solamente entre ellos. CEPAL muestra que el mercado internacional de insumos mineros está dominado por grandes plataformas industriales. Europa continúa siendo un origen central de maquinaria, químicos y servicios, mientras China ganó participación de manera acelerada, particularmente en equipamiento.

Una empresa minera que construye una planta de cientos de millones de dólares puede comprar tecnología prácticamente en cualquier mercado del mundo, el desarrollo de proveedores no depende solamente de proximidad geográfica. Los fabricantes locales deben competir en precio, calidad, certificaciones, escala, tiempos de entrega y capacidad tecnológica.

Ese punto también vuelve insuficiente una política basada exclusivamente en porcentajes de contenido nacional. Una empresa puede ser jurídicamente local y, al mismo tiempo, importar buena parte de los bienes que comercializa. Otra puede comenzar fabricando componentes relativamente simples y, mediante inversión y aprendizaje, aumentar gradualmente el contenido tecnológico producido en el país. La diferencia aparece con los años.

Una ventana que no dura para siempre

La construcción de PSJ todavía no comenzó. Y quizá ese sea uno de los elementos más importantes del momento actual porqie deja un período durante el cual puede conocerse con mayor precisión qué bienes y servicios demandará el proyecto, qué capacidades existen en Mendoza, cuáles faltan y cuáles podrían desarrollarse antes de que comiencen las grandes licitaciones.

La provincia ya participa en iniciativas destinadas a vincular proveedores con la actividad minera, mientras PSJ mantiene su propio registro de empresas interesadas. Pero el estudio de CEPAL sugiere que el resultado final deberá medirse bastante más allá de la cantidad de firmas anotadas en un padrón.

La cuestión será comprobar cuántas logran vender, crecer, incorporar tecnología y continuar funcionando cuando termine la etapa de construcción. Porque allí está probablemente la prueba más exigente.

Una mina tiene una vida útil determinada. Una capacidad industrial puede sobrevivir a la mina, abastecer otros proyectos y finalmente convertirse en exportadora. Esa es la transformación que CEPAL encuentra solamente en algunos países.

El cobre y lo que queda después

Mendoza puede comenzar en los próximos años una etapa minera diferente de toda su historia reciente. PSJ representa la primera inversión de gran escala concreta, mientras otros proyectos intentan avanzar desde la exploración hacia etapas superiores.

La dimensión económica de ese proceso no debería medirse únicamente por toneladas producidas, dólares invertidos o exportaciones generadas.

También habrá que observar cuántos trabajadores mendocinos adquieren especializaciones nuevas, cuántas empresas locales ingresan en la cadena, cuánto equipamiento puede fabricarse en la provincia, qué servicios tecnológicos surgen y cuántas de esas firmas llegan después a vender fuera de Mendoza. La diferencia puede parecer semántica, pero económicamente es enorme.

Una cosa es que Mendoza tenga minas. Otra, mucho más compleja, es que alrededor de esas minas construya una industria minera.

El cobre abre esa posibilidad. El informe de CEPAL muestra, al mismo tiempo, que aprovecharla no está garantizado por la existencia del recurso ni por la llegada de la inversión. Dependerá de cuánto de la nueva demanda consiga transformarse en capacidades productivas que permanezcan en la provincia cuando las máquinas comiencen a extraer mineral.

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