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Inflación

El cero prometido sigue pendiente: la inflación de septiembre fue de 1,9%

La inflación fue de 1,9% y acumula 23,6% en el año. Interrumpe la desaceleración y deja pendiente la promesa de Milei de empezar con cero.

Por Marcelo López Álvarez

La inflación de septiembre fue de 1,9%, dos décimas por encima del 1,7% de agosto, acumulando 23,6% en lo que va del año, y volvió a marcar la distancia entre los resultados económicos y las promesas de Javier Milei. El índice permaneció por debajo del 2%, pero interrumpió la desaceleración del mes anterior y dejó nuevamente pendiente el compromiso presidencial de que, desde agosto, la inflación mensual comenzaría con cero.

Los aumentos continúan por debajo de los registros del primer trimestre, pero el Gobierno todavía no consigue llevar la inflación al nivel que había anunciado, pese a haber convertido ese objetivo en la principal bandera de su programa económico.

El Gobierno no logra que la inflación se acerque a comenzar con cero

Un dato que coincidió con lo esperado por el mercado

El dato septiembre del INDEC también coincidió con el pronóstico del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, que había estimado una variación de 1,9%. La encuesta, realizada entre el 28 y el 30 de septiembre con 44 participantes, había elevado una décima su previsión respecto del relevamiento anterior.

Los relevamientos privados previos al dato se concentraron en un rango relativamente estrecho. EconViews proyectó 1,8%; Invecq y Outlier, 1,9%; Analytica, Eco Go y la Fundación Libertad y Progreso, 2%. Equilibra estimó 2,1%, mientras que C&T registró una variación de 1,9% en su medición del Gran Buenos Aires.

Más allá de las diferencias, el diagnóstico compartido apuntaba a una aceleración frente a agosto. Los alimentos, el cambio de temporada en la indumentaria y los ajustes de precios regulados aparecieron entre los factores de presión para el IPC de septiembre.

Eco Go había advertido que septiembre no contaba con el efecto favorable de agosto, cuando se revirtieron algunos aumentos estacionales de julio. Equilibra, por su parte, detectó subas superiores al 4% en los productos estacionales, impulsadas por verduras y prendas de vestir.

Javier Milei en el Foro económico del Norte el día que prometió que la inflación de agosto comenzaría con cero

Mirar la película y no el fotograma

La evolución de los últimos meses permite dimensionar el problema. La inflación comenzó 2026 con 2,9% en enero y febrero, alcanzó 3,4% en marzo y descendió a 2,6% en abril. Luego registró 2,1% en mayo, 1,9% en junio, 2,1% en julio y 1,7% en agosto.

Con el 1,9% de septiembre, tres meses del año quedaron por debajo del 2%, pero ninguno perforó el 1%. La desaceleración respecto del primer trimestre existe; el cumplimiento del calendario presidencial, todavía no.

Resulta necesario mirar cómo se produjo la baja de agosto que respondió fundamentalmente al comportamiento de los precios estacionales, mientras la inflación núcleo permanecía estable. Los servicios, además, siguieron aumentando más que los bienes, incluso con la baja de algunos gastos vinculados al turismo.

Ese antecedente ayuda a comprender por qué una mejora mensual no basta para anunciar una victoria definitiva. Una reducción apoyada en factores transitorios puede revertirse al mes siguiente, sin que eso implique necesariamente un cambio completo de tendencia.

La resistencia de la inflación de fondo

La discusión no se limita a las verduras o la ropa. LCG había señalado que la inflación núcleo de agosto, de 1,8%, estaba en línea con el promedio observado desde mayo. Ese indicador excluye componentes estacionales y regulados y permite examinar la persistencia de los aumentos más allá de las variaciones puntuales.

Desde una interpretación más favorable al programa, Julián Neufeld, economista de la Fundación libertaria, Libertad y Progreso, sostuvo que un repunte moderado no supone necesariamente el final de la desinflación, porque el proceso está sujeto a oscilaciones. El matiz es válido: un mes no define por sí solo una tendencia, pero tampoco permite dar por cumplida una promesa que los índices aún no reflejan.

Del compromiso minorista al festejo mayorista

En marzo, durante el Foro Económico del NOA, Milei sostuvo que, una vez superados los efectos monetarios pendientes y las distorsiones de precios relativos, cabía esperar que “la inflación, a partir de agosto, empiece con 0”.

Sin embargo, en agosto, ante el Council of the Americas, el Presidente reivindicó el 0,8% de inflación mayorista de julio y aseguró que su referencia siempre había sido ese indicador. La afirmación contrastó con su mención explícita a los precios minoristas meses antes.

La diferencia es sustancial. Los precios mayoristas y los precios que enfrentan los hogares no son equivalentes. El IPC incorpora una canasta de bienes y servicios de consumo; el indicador mayorista observa otra etapa de comercialización. Además, el propio índice de precios internos al por mayor volvió a aumentar 2,1% en agosto.

El costo económico de la espera

El problema adquiere mayor relevancia al cruzarlo con las perspectivas de actividad. El último REM estimó una contracción trimestral desestacionalizada de 1% para el tercer trimestre y redujo a 1,5% el crecimiento esperado para 2026. Son proyecciones, pero muestran que la persistencia inflacionaria convive con expectativas de menor expansión económica.

El 1,9% de septiembre mantiene abierta una discusión que el Gobierno había presentado como próxima a resolverse. Reducir la inflación es un avance, pero el balance de las familias también depende de sus ingresos, del empleo y de cuánto dinero queda después de pagar los gastos indispensables. El cero prometido sigue pendiente, mientras el costo de esperar se paga todos los meses.

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