A un año de las elecciones presidenciales y en medio de un clima de calma macroeconómica, el fantasma de la dolarización preelectoral acaba de enviar su primera señal de alerta. Sin turbulencias financieras a la vista, con equilibrio fiscal consolidado y la inflación moviéndose a la baja, el comportamiento de los ahorristas argentinos volvió a exhibir su histórica inercia defensiva. Durante julio, la demanda neta de moneda extranjera por parte de las personas físicas saltó a la histórica cifra de 4.124 millones de dólares en el mercado único y libre de cambios oficial, marcando el récord absoluto en lo que va del año.
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Dólar y elecciones: crece el atesoramiento a un año de las presidenciales
La dolarización preelectoral se anticipa: en julio los ahorristas rompen récord de compra de dólares mientras Vaca Muerta sostiene el ingreso de divisas.
Esta aceleración, que abarca la compra de billetes para atesoramiento, giros al exterior y consumos de tarjetas de crédito, enciende luces amarillas en el Ministerio de Economía. El dato, revelado por el último informe del mercado de cambios del Banco Central, expone una paradoja incómoda para el Gobierno: el proceso de cobertura en divisas se está anticipando de manera inédita en un contexto donde, en teoría, las variables clave de la economía marchan de acuerdo al plan del Gobierno y el deseo de los mercados.
La paradoja del equilibrio
El dato de julio irrumpió con fuerza al comprobarse que la compra neta de billetes físicos propiamente dicha rozó los U$S 2.916 millones, representando un incremento sustancial frente a los meses previos. En junio, la adquisición de billetes para atesoramiento se ubicaba en torno a los U$S 2.000 millones. En apenas treinta días, unas 200.000 personas adicionales decidieron sumarse al mercado de compras, elevando la cantidad total de compradores individuales a un universo de 1,7 millones de personas.
Esta fiebre silenciosa ocurrió mientras la cotización del dólar oficial se mantuvo planchada en la zona de los 1.510 pesos. La estabilidad fue posible gracias al superávit comercial de U$S 2.100 millones, apalancado sobre el tramo final de la liquidación de la cosecha gruesa y el dinamismo de las exportaciones petroleras. No obstante, los analistas y los propios funcionarios comienzan a preguntarse si este ritmo de dolarización no terminará tensionando el programa financiero presentado formalmente hace solo un mes.
A diferencia de otros años electorales, donde la demanda se disparaba frente a devaluaciones inminentes o desequilibrios fiscales, el comportamiento de julio parece responder a un reflejo cultural automatizado que prescinde de las novedades del día a día económico. La tendencia compradora de los ciudadanos ha mostrado una tenacidad notable a lo largo del año: tras el pico estacional de enero, con U$S 3.146 millones empujados por el turismo, las compras se mantuvieron estables en torno a los U$S 2.500 millones en febrero y marzo. Sin embargo, la consolidación alcista se sintió en el segundo trimestre (con U$S 3.199 millones en abril, U$S 2.667 millones en mayo y U$S 2.821 millones en junio) para finalmente explotar en la marca registrada de julio.
La ruta física del billete
El análisis pormenorizado del Banco Central ofrece pistas claras de cómo los argentinos gestionan sus tenencias. De los U$S 2.916 millones adquiridos en billetes físicos por el público durante julio, el destino final de las divisas se dividió en tercios casi exactos:
Depósitos locales: unos U$S 1.000 millones permanecieron depositados en cuentas bancarias locales, reflejando cierta confianza en la solidez del sistema financiero institucional para resguardar depósitos.
El “colchón”: otros U$S 1.000 millones abandonaron el circuito bancario para integrarse directamente a las tenencias de atesoramiento privado de los ahorristas fuera de los bancos.
Saldos de tarjetas de crédito: los U$S 900 millones restantes fueron devueltos a las entidades financieras para cubrir consumos con tarjeta en el exterior. Este último flujo se vio marginalmente incentivado por la expectativa en torno a las finales del Mundial de Fútbol, aunque se ubicó ligeramente por debajo de los U$S 963 millones registrados en julio de 2025.
El informe oficial también revela un cambio de hábito: el 70 % de los gastos por viajes y transporte en el exterior ya no se cancela adquiriendo nuevas divisas al momento del vencimiento del resumen. En su lugar, los usuarios optan por saldar directamente las liquidaciones de las tarjetas utilizando sus propios billetes de moneda extranjera previamente atesorados.
El escudo de Vaca Muerta ante el fantasma de las urnas
La gran pregunta que inquieta a la city porteña es de carácter logístico: ¿podrá el Banco Central tolerar semejante demanda de dólares a medida que el cronograma electoral sume tensión? Históricamente, la inminencia de elecciones presidenciales cataliza corridas de envergadura contra las reservas y presiona sobre las cotizaciones paralelas si la oferta oficial flaquea.
Sin embargo, el Gobierno de Javier Milei cuenta con una carta inédita que no tuvieron administraciones anteriores: el despegue exportador de Vaca Muerta. La producción de petróleo crudo en la cuenca neuquina viene de alcanzar un nuevo máximo histórico, lo que revirtió de plano la balanza energética y generó un flujo genuino de superávit comercial. Gracias a este boom hidrocarburífero, el Banco Central ha logrado comprar U$S 14.000 millones de reservas netas en lo que va del año. Esta inyección de divisas del sector real representa un contrapeso formidable para equilibrar la clásica pulseada contra el minorista atesorador.
Los nubarrones externos y la misión de Caputo
A pesar del blindaje energético doméstico, la sustentabilidad cambiaria no dependerá únicamente de lo que ocurra en la Patagonia argentina. Dos amenazas de origen internacional asoman en el horizonte inmediato y podrían alterar los cálculos oficiales.
Por un lado, el escenario monetario de los Estados Unidos. Declaraciones recientes del influyente Kevin Warsh indicaron la insatisfacción de la Reserva Federal con los niveles actuales de inflación, abriendo la puerta a un endurecimiento de la tasa de interés en Washington. Un dólar globalmente más fuerte suele gatillar la salida de capitales de los mercados emergentes, debilitando la cotización de las monedas locales. Por el otro, el factor meteorológico. La inminente consolidación del fenómeno climático de “Súper Niño” augura un incremento de lluvias que, si bien apuntalaría los precios de los commodities, arrastra el peligro de inundaciones severas en las zonas agrícolas productivas, pudiendo menguar el volumen final de la cosecha exportable.
En este contexto complejo, el ministro de Economía, Luis Caputo, se encuentra en la cumbre del G20 y mantendrá una reunión con el financista en última instancia de la última elección de medio término, Scott Bessent, el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, y con la cúpula del Fondo Monetario Internacional. El encuentro servirá para pulsar la predisposición de la nueva gestión republicana a conceder un esquema de respaldo financiero o blindaje que estabilice el mercado local durante la transición electoral.
No obstante, el margen de maniobra argentino estará condicionado por el calendario estadounidense: las elecciones en ese país ocurrirán en apenas dos meses, y el alineamiento explícito de la Casa Rosada con la figura de Donald Trump jugará un rol decisivo en la suerte de la arquitectura financiera de la transición.
El invierno se despide y la primavera cambiaria entra en zona de definición. En un país donde el billete verde es tanto un refugio de valor como un termómetro político, la pulseada de fondo entre el rendimiento récord de los yacimientos de Vaca Muerta y el insaciable “canuto” de la clase media argentina ya ha comenzado.