Cuando Brasil se abarata, Argentina enfrenta una nueva prueba de competitividad
Una elección en Brasil puede modificar el precio de nuestras vacaciones, las ventas de una fábrica argentina y las posibilidades de empleo de sus trabajadores.
Cuando Brasil se abarata, Argentina enfrenta una nueva prueba de competitividad
Tras el balotaje en Brasil,el dólar llegó a cotizar a 5,60 reales y cerró el lunes en torno a 5,41. Frente a los 4,99 reales previos, se encareció un 8,4%, lo que equivale a una depreciación del real cercana al 8%. En Argentina, el dólar mayorista aumentó apenas un 0,8%, de modo que la paridad entre ambas monedas se movió con fuerza.
Conviene poner el dato en perspectiva: el real venía de apreciarse fuertemente y el nivel actual es similar al de comienzos de año. Más que un abaratamiento inédito, observamos una reversión brusca. Lo relevante será cuánto tiempo se sostenga.
La economía de Brasil y de Argentina se vieron afectadas tras la victoria de Lula.
Un mismo producto, otro precio
Para un exportador, la pregunta no es solo cuánto vale el dólar en pesos, sino cuánto cuesta producir aquí frente a sus competidores. Brasil explica cerca del 28% del tipo de cambio real multilateral que calcula el Banco Central, de modo que lo que sucede con el real pesa mucho en nuestra competitividad externa.
Pensemos en una máquina que se exporta por 100.000 dólares. Con el dólar a 4,99 reales, el comprador brasileño pagaba 499.000 reales; con el dólar a 5,41, necesita 541.000. El producto, su calidad y su precio en dólares no cambiaron, pero para ese cliente cuesta un 8,4% más en moneda local. Puede buscar otro proveedor, renegociar o postergar la compra.
El efecto es doble: vender en Brasil se vuelve más difícil, y competir dentro de Argentina también, porque autos, autopartes y otros bienes industriales brasileños se abaratan en términos relativos. Y hay un segundo canal que suele quedar afuera: si la economía brasileña se desacelera, Brasil no solo enfrenta productos argentinos más caros; también puede reducir sus compras.
La presión sobre el dólar amenaza la competitividad de la industria argentina.
El impacto final dependerá no solo de cuánto se muevan ambas monedas, sino también de cómo evolucionen los precios y los costos de producción en los dos países. Es lo que en economía analizamos a través del tipo de cambio real bilateral.
Mendoza, entre la exportación y el turismo
Brasil es el principal destino de las exportaciones mendocinas: en 2025 compró por 409 millones de dólares, el 26,6% del total según ProMendoza, un 58% más que Estados Unidos, el segundo destino. Allí van el ajo, las frutas, las hortalizas, el vino y manufacturas plásticas. Varias de estas cadenas son intensivas en mano de obra, por lo que una caída sostenida de las ventas afectaría la demanda de trabajo, especialmente en cosecha y empaque.
Al mismo tiempo, un Brasil más barato puede inclinar parte del turismo argentino hacia ese país. Cambian los precios relativos entre destinos y, con ellos, decisiones de consumo que movilizan hotelería, gastronomía, transporte y bodegas.
Del tipo de cambio a las decisiones sobre las personas
Cuando una empresa pierde competitividad, el impacto sobre el empleo no es inmediato. Primero se reducen los márgenes; luego se postergan inversiones, disminuyen las horas extras o se frenan contrataciones. En las economías regionales, uno de los primeros efectos suele verse en el empleo temporario. También se tensan las negociaciones salariales: los trabajadores buscan recuperar poder adquisitivo justo cuando las empresas expuestas enfrentan más restricciones en su capacidad de pago.
Una devaluación puede mejorar inicialmente la competitividad, pero encarece los insumos importados.
El fenómeno también funciona en sentido contrario: una empresa que importa insumos brasileños puede reducir costos, aumentar la producción y generar empleo. Por eso sería incorrecto afirmar que la depreciación del real necesariamente destruye empleo argentino. Sí modifica los incentivos que orientan las decisiones de inversión, producción y contratación. Desde la economía analizamos precios relativos; desde Recursos Humanos, cómo esos precios terminan condicionando las decisiones sobre las personas.
¿Debería Argentina devaluar para compensar? Una devaluación puede mejorar inicialmente la competitividad, pero encarece los insumos importados, puede trasladarse a la inflación y erosionar los salarios. Sin estabilidad macroeconómica y aumentos de productividad, esa ventaja difícilmente se sostenga. La discusión de fondo es más amplia: carga impositiva, costos logísticos, acceso al financiamiento, tecnología y formación de las personas.