El producto interno bruto de la economía argentina creció un 2,3% en términos interanuales y un 0,7% en la medición desestacionalizada respecto del trimestre anterior, completando así tres trimestres consecutivos de expansión económica, según los datos publicados ayer por el INDEC.
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Crece la economía argentina pero profundiza la brecha entre exportadores y mercado interno
La economía de la Argentina creció 2,3%, impulsado por el agro y Vaca Muerta, mientras industria, consumo e inversión continúan en fuerte retroceso.
Pero, como bien sentenciaban las abuelas, “No todo lo que brilla es oro”: el crecimiento no fue homogéneo y detrás de las cifras conviven dos economías que avanzan a ritmos opuestos, con una fractura cada vez más expuesta entre los sectores primarios exportadores, en plena expansión, y el tejido industrial y comercial vinculado al mercado interno, que acumula caídas a valores históricos.
Los sectores que empujan
La expansión del PBI descansó sobre el desempeño de las actividades primarias. La agricultura, ganadería, caza y silvicultura creció un 18,1% interanual durante el período, acumulando su crecimiento sobre una base ya favorable del 5,9% que registró el campo en el mismo trimestre del año anterior.
La explotación de minas y canteras (que incluye al sector petrolero y a la cuenca de Vaca Muerta) avanzó un 12,3% interanual, consolidando el crecimiento del 6,6% que ya había anotado en idéntico período de 2025.
Y si el campo y Vaca Muerta vuelan, la fiesta financiera continúa. La intermediación financiera creció un 7,5% y, por último, la pesca registró el mayor salto relativo del trimestre, con un 27,5% interanual, también con una fuerte participación de las exportaciones del sector.
Por el lado de la demanda, el componente más dinámico fue el de las exportaciones, que creció un 9,8% interanual. Mientras tanto, las importaciones de bienes y servicios reales cayeron un 7,5%, combinación que mejoró el saldo externo y aportó al resultado agregado, pero también refleja el parate de la economía real.
Los sectores que retroceden
El reflejo de lo que podríamos llamar la economía diaria, lo que resulta del espejo de los ciudadanos día a día, es exactamente la contracara. La industria manufacturera registró una caída del 1,7% interanual, prolongando una tendencia de declive.
El comercio mayorista, minorista y de reparaciones cayó un 0,3% interanual y acumula una contracción del 2,9% si se compara con el primer trimestre de 2023. La administración pública y defensa sufrió un retroceso del 1,4%. El consumo público, por su parte, cayó un 0,9% interanual.
La contracción simultánea de industria, comercio y Estado resta gravitación a los componentes que históricamente traccionan la demanda interna. Juntos, industria y comercio representan el 38% de los puestos de trabajo asalariados registrados del país; el agro, la minería y el petróleo, en cambio, concentran apenas el 6,6% del empleo formal.
La inversión, cuarto trimestre en caída
El dato más inquietante del informe remite a la formación bruta de capital fijo, que registró su cuarta contracción trimestral desestacionalizada consecutiva, del 1,7%, arrastrando una caída interanual del 11,6%. Los datos oficiales contrastan fuertemente con el discurso del Gobierno de un supuesto boom de inversiones que, una vez más, queda ratificado que son solo palabras y promesas.
La inversión representa actualmente el 14,3% del PBI, un nivel que no se observaba desde el año pandémico de 2020 y que guarda similitud con los registros de 2019, cuando la economía argentina atravesaba una severa crisis cambiaria al cierre del gobierno de Cambiemos.
La desagregación por componentes revela un deterioro generalizado: la maquinaria y equipo cayó un 18,1% interanual, con el componente nacional en baja del 11,5% y el importado del 20,6%; el equipo de transporte se contrajo un 19,6%. Solo la inversión en construcciones mostró un signo positivo, con un avance del 2,2%, insuficiente para compensar las pérdidas en el resto de los rubros.
El consumo, entre la mora y la informalidad
El declive de la inversión no es el único indicador que pone en tensión el relato del crecimiento.
Los datos de consumo minorista elaborados por la consultora Scentia exponen con nitidez el estado del mercado interno. En mayo, el consumo en supermercados registró una contracción interanual del 4,2% y acumuló una caída del 5% en los primeros cinco meses del año, con apenas una variación positiva del 0,1% respecto del mes de abril.
En los autoservicios independientes, la merma fue del 1,3% frente al mismo mes del año anterior, con una baja acumulada del 3,5%. El rubro farmacéutico mostró un comportamiento oscilante: recuperación respecto del mes previo y leve alza interanual en mayo, pero por debajo de los registros acumulados de comienzos del año anterior.
La única modalidad comercial en expansión es el comercio electrónico, con tasas de crecimiento interanual cercanas al 33,5%. Sin embargo, las operaciones digitales representan entre el 10% y el 20% del volumen total de ventas, lo que hace imposible que compensen la caída del consumo en los comercios físicos.
En el mercado laboral, el empleo registrado cede terreno frente a la informalidad y los esquemas de monotributo, en un contexto en el que la desocupación se ubica entre el 7,8% y el 7,9%. La precarización del empleo explica, al menos en parte, por qué una porción creciente de la población experimenta deterioro en sus condiciones de vida, aun cuando las cifras macroeconómicas muestran expansión.
Un signo de alerta y un dato de cautela
Según el INDEC, en el mes de abril se produjo, por primera vez en siete meses, una recuperación del salario real: para el instituto estadístico, las remuneraciones del sector formal crecieron un 3,5% promedio, superando la inflación del 2,3% registrada en ese período.
Si esta tendencia primero fuera cierta y, segundo, lograra sostenerse, podría ofrecer un piso a la caída del consumo y aliviar el índice de morosidad que afecta a las familias. Sin embargo, se trata aún del registro de un único mes, insuficiente para afirmar que la recuperación del poder adquisitivo es un proceso consolidado.
El panorama económico de la primera mitad de 2026 no admite lecturas lineales. No hay recesión en sentido técnico: los indicadores agregados muestran crecimiento. Pero tampoco hay consumo ni una expansión de la capacidad productiva instalada. Lo que hay es una economía en transición, sostenida por sectores extractivos y exportadores, con un mercado interno en retracción, una inversión que acumula caídas y un empleo formal bajo presión. La segunda mitad del año definirá si ese modelo logra generar encadenamientos que distribuyan el crecimiento hacia adentro, o si la brecha entre la expansión estadística y el bienestar cotidiano continúa en crecimiento sostenido, como lo vienen mostrando los últimos dos años.