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Luiz Inácio Lula da Silva

Brasil: el triunfo de Lula presiona al dólar y amenaza la competitividad de la industria argentina

El triunfo de Lula sacude los mercados de Brasil, presiona la competitividad argentina y abre nuevos desafíos comerciales y políticos para el Gobierno de Milei.

Por Marcelo López Álvarez

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil representa para Javier Milei bastante más que la derrota de su aliado ideológico, Flávio Bolsonaro (quien, además, lo dejó envuelto en un escándalo político tras su fuga a Estados Unidos desde territorio argentino.

El resultado de los comicios del domingo 25 de octubre modifica las perspectivas económicas del principal socio comercial de la Argentina, introduce nuevas dificultades para el programa de estabilización de Luis Caputo y altera el escenario político regional a un año de los comicios presidenciales en Argentina.

La primera reacción de los mercados reflejó la magnitud del cambio de expectativas. El lunes posterior a la votación, el dólar en Brasil subió un 8,5%, mientras que en la Argentina el tipo de cambio mayorista avanzó un 0,75%, su mayor incremento diario desde principios de junio. La depreciación del real deteriora la competitividad relativa de las empresas locales y amenaza con agregar dificultades a una industria que tiene en el mercado brasileño uno de sus principales destinos.

El problema supera las fluctuaciones de una sola jornada financiera. Brasil absorbe el 12,7% de las exportaciones argentinas y es un mercado decisivo para las manufacturas industriales, en especial para la automotriz. Su evolución económica repercute de manera directa sobre la producción, el empleo y la generación de divisas en el país.

Una presión adicional sobre el plan de Caputo

El movimiento cambiario en Brasil coloca al equipo económico argentino ante un obstáculo fuera de su control. Caputo insiste en su intención de recuperar competitividad sin recurrir a un nuevo salto del dólar. Sin embargo, una depreciación sostenida del real encarece los productos argentinos y abarata los brasileños, tanto en el comercio bilateral como en la disputa por terceros mercados.

Desde Portfolio Personal Inversiones recordaron que Brasil representa un 27,7% en el índice de tipo de cambio real multilateral argentino. Por ello, cualquier modificación sustancial en la cotización del real repercute de forma directa sobre la competitividad cambiaria del país.

Jorge Vasconcelos, economista de la Fundación Mediterránea, advierte que el impacto llegará por dos vías: la financiera y la actividad productiva. Un real depreciado perjudica la competitividad de las manufacturas y los servicios turísticos argentinos, mientras que una desaceleración de la economía brasileña podría reducir sus compras externas.

La exposición no es uniforme. Según estimaciones del investigador Jorge Day, entre el 17% y el 27% de las exportaciones de Buenos Aires, Mendoza, Entre Ríos, Tucumán y Córdoba se dirigen al mercado brasileño.

Para estas provincias, el resultado electoral plantea una paradoja. Más allá de las diferencias políticas con Lula, sus economías necesitan que el gobierno brasileño logre estabilizar las variables financieras y retomar el crecimiento. Una crisis prolongada en el país vecino tendría consecuencias directas para sus sectores exportadores.

Los mercados desconfían del rumbo económico brasileño

La reacción financiera tras el triunfo de Lula estuvo ligada a las dudas sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas en Brasil. Mariano Sardáns, CEO de la gerenciadora de patrimonios FDI, señaló a Sitio Andino que el ETF EWZ (uno de los instrumentos internacionales más utilizados para invertir en acciones brasileñas) registraba una caída cercana al 25% en dólares, producto de la depreciación del real y el retroceso del mercado bursátil.

Según su análisis, los inversores preveían un escenario más favorable ante una eventual victoria de Bolsonaro y desconfían de la capacidad de Lula para corregir los desequilibrios fiscales.

Los indicadores explican parte de esa preocupación. Tras crecer a un promedio anual del 3,3% entre 2021 y 2025, la economía brasileña comenzó a perder impulso. Sin cambios profundos en la política económica, las proyecciones de consenso ubican el crecimiento para 2027 cerca del 1,3%.

El déficit fiscal, incluidos los intereses de la deuda, alcanza el 9,4% del producto. Las elevadas tasas de interés encarecen el crédito privado e incrementan el costo de los compromisos del Estado, lo que retroalimenta las tensiones fiscales y financieras.

Desde la Fundación Mediterránea advierten que, sin acuerdos políticos para moderar el gasto público, la deuda brasileña podría escalar al 105% del PIB para 2030.

Lula deberá hacer frente a estos desafíos con un Congreso en el que el denominado centrão y las fuerzas de derecha conservan un peso determinante. Las reformas fiscales exigirán negociaciones complejas, en especial aquellas que demandan mayorías especiales para modificar artículos constitucionales.

Las primeras definiciones del mandatario (sobre todo la designación del ministro de Hacienda y la relación que entable con el Parlamento) resultarán clave para determinar si logra recuperar la confianza de los mercados.

El triunfo de Lula genera tensión en la economía argentina y el comercio entre ambas naciones

El riesgo de contagio financiero

Para la Argentina, las derivaciones potenciales van más allá del comercio exterior. Facimex Valores advirtió que la depreciación del real podría combinarse con una salida de capitales en los mercados regionales. Ese contexto sumaría volatilidad financiera y forzaría a los inversores a recalcular su exposición a las economías latinoamericanas.

La advertencia cobra especial relieve para el programa económico local, que necesita sostener la estabilidad del tipo de cambio, acumular reservas y mejorar las condiciones de financiamiento.

No obstante, los analistas matizan el panorama: un impacto negativo en los mercados de Brasil no implica necesariamente una sacudida de igual magnitud en la Argentina. Los efectos dependerán tanto de la evolución del país vecino como de la coyuntura local y de las decisiones de inversión.

Una advertencia política para Milei

El triunfo de Lula altera también el escenario político que proyectaba la Casa Rosada. La derrota de Flávio Bolsonaro priva a Milei de un aliado clave en el principal país de Sudamérica. En su lugar, deberá convivir con un jefe de Estado con el que mantiene marcadas diferencias ideológicas, pero cuya gestión resulta determinante para la marcha de la economía argentina.

El resultado electoral deja, además, una lección menos evidente. Desde Facimex Valores destacaron la volatilidad del electorado y las dificultades para anticipar desenlaces cuando el clima de opinión cambia con rapidez. En la misma línea, Max Capital señaló que la elección en Brasil no debe leerse como un anticipo directo del futuro político argentino, sino como muestra de la fragilidad de las encuestas en sociedades fuertemente polarizadas.

Lula logró revertir la desventaja de la primera vuelta, cuando Bolsonaro había obtenido el 47,03% de los votos frente al 45,16% del actual mandatario. Ese giro contradijo las previsiones que buena parte del mercado había dado por sentadas.

A un año de las presidenciales argentinas, el episodio sirve como recordatorio de que la evaluación económica de los inversores no siempre coincide con la conducta electoral de la sociedad.

Para Milei, el desafío inmediato residirá en gestionar una relación bilateral incómoda en lo político pero imprescindible en lo económico. La competitividad industrial, las exportaciones provinciales y la estabilidad financiera del país dependerán, en buena medida, de las decisiones que se adopten en Brasilia.

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