Hasta este día, Oscar Cobos se levanta, se viste de árbitro, entra a una cancha de fútbol y dirige partidos. Lleva 64 años en actividad y asegura que, cada vez que pisa el campo de juego, vuelve a sentir una conexión difícil de explicar.
Oscar, el árbitro de San Rafael que sigue entrando a la cancha con la misma pasión
Quedó huérfano cuando era niño y encontró su camino en el fútbol. Hoy, Oscar lleva 64 años como árbitro y la cancha sigue siendo una gran parte de su vida.
Su historia, sin embargo, comenzó mucho antes del arbitraje y estuvo marcada por momentos difíciles. Oscar es uno de cuatro hermanos que quedaron huérfanos de madre durante la infancia en San Rafael. Su mamá trabajaba lavando ropa a domicilio y falleció cuando esperaba a su quinto hijo. “Quedamos huérfanos de madre y a la deriva”, recordó al reconstruir aquellos años. Con el paso del tiempo, los cuatro hermanos lograron encaminar sus vidas, formar sus propias familias y llegar a la jubilación.
La historia de vida de Oscar: 64 años ligados al fútbol
Para Oscar, la familia siempre ocupó un lugar central. “Mi pasión, primero que nada, fue formar una familia, fue la pasión de la vida”, expresó. Pero el fútbol también se convirtió en una parte inseparable de su historia, según contó a NOTICIERO ANDINO.
Durante décadas estuvo vinculado al arbitraje y llegó un momento en que su ciclo en la Liga Sanrafaelina de Fútbol parecía haber terminado. Al no recibir nuevas designaciones, decidió buscar una alternativa y encontró una oportunidad en General Alvear, donde fue recibido, según sus palabras, “con los brazos abiertos”.
Su trayectoria se resume en una cifra que sorprende: 64 años como árbitro en actividad.
Una vida marcada por el orden y la esperanza
A pesar de haber atravesado una infancia difícil, Oscar asegura que no siente que tenga grandes cuentas pendientes. Ante la pregunta sobre si todavía conserva algún sueño por cumplir, fue contundente: “No, no, porque no le puedo pedir más a la vida”.
Su mensaje, lejos de quedarse solamente en el fútbol, resume una filosofía construida a lo largo de sus 85 años: tener fe, mantener la esperanza y “ser ordenado”.