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Malargüe

El juego que desafía al paso del tiempo volvió a volar en Malargüe

Barriletes y volantines llenaron de color el cielo malargüino y reunieron a distintas generaciones alrededor de una tradición que parecía olvidada.

Por Claudio Altamirano

En un cielo acostumbrado al paso de aviones y al vuelo de las aves, los barriletes vuelven a ganar protagonismo y recuperar una tradición que parecía quedar relegada. En Malargüe, remontarlos significó mucho más que un juego: fue reencontrarse con recuerdos de infancia, compartir en familia y devolverle vida a una costumbre de otras épocas.

Remontar un barrilete parece, a primera vista, una actividad sencilla. Sin embargo, detrás de cada hilo que se tensa con el viento aparecen recuerdos, aprendizajes y escenas de una infancia en la que los espacios abiertos eran el lugar elegido para jugar, imaginar y compartir.

Los volantines, como también se los conoce, forman parte de esas tradiciones que sobreviven al paso de las generaciones. Su presencia en el cielo no solo llama la atención por sus colores y formas, sino que también invita a mirar hacia arriba y recuperar juegos que durante décadas acompañaron a niños y adolescentes.

Concurso del Aeroclub Malargüe

Esa postal poco frecuente tuvo recientemente su propio escenario en Malargüe, donde el cielo se llenó de color durante “Aerobarriletes que tocan el cielo”, un concurso organizado por el Aeroclub Malargüe y abierto a todo el público. La actividad se desarrolló en el óvalo del Centro Polideportivo Malal Hue y reunió a familias, niños, padres, aficionados y turistas.

Pedro Martínez, vicepresidente del Aeroclub Malargüe, comentó a SITIO ANDINO que la propuesta fue disfrutada por niños y padres, pero también por los propios integrantes de la institución. En ese sentido, destacó que este tipo de actividades forman parte de la apertura del Aeroclub hacia la comunidad.

Por su parte, Osvaldo Lara, integrante de la Comisión Directiva del Aeroclub Malargüe, resaltó el impacto que generó el concurso, que convocó a familias malargüinas y también a turistas que se animaron a vivir un domingo diferente.

La propuesta permitió, además, recuperar recuerdos de quienes hoy son padres o abuelos y que alguna vez tuvieron al barrilete entre sus principales juguetes. El juego volvió así a ocupar un espacio compartido entre distintas generaciones.

Entre papel, colores y viento, el barrilete transforma el cielo en un enorme lienzo. Su vuelo recupera una imagen de libertad, imaginación y nostalgia, pero también rescata el valor de jugar al aire libre y compartir sin necesidad de tecnología.

Historia de un juego mileario

Con más de 2.000 años de historia, los barriletes nacieron en China, construidos originalmente con materiales como bambú y seda. Con el tiempo atravesaron culturas y fronteras, fueron juguetes, herramientas militares y objetos utilizados en experimentos científicos.

En Argentina, el barrilete o volantín quedó especialmente asociado a la infancia. Hoy, iniciativas como la desarrollada en Malargüe permiten recuperar esa tradición y demostrar que algunos juegos de otras épocas todavía pueden volver a unir a grandes y chicos alrededor de una experiencia tan simple como eterna.

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