Producción
Olivicultura: los grandes se van y los productores chicos subsisten por Moreno
Martes, 22 de octubre de 2013Las grandes inversiones se fueron o están paralizadas. Hay despidos. Y los productores más chicos venden su aceite a empresas de cualquier rubro que necesitan cupos para importar. Pero esto trae más inflación.
Por: Federico Manrique fmanrique@sitioandino.com.ar

El atraso cambiario tiene a la olivicultura contra las cuerdas. Es que a diferencia de la vitivinicultura, donde el 75% de la producción de vino se vende en el mercado interno, en el caso de la olivicultura el 75% de la producción de aceite de oliva se tiene que exportar (el mercado interno sólo absorbe el 25%), mientras que más del 95% de la aceituna en conserva, también debe venderse en el exterior porque no tiene espacio en el mercado interno.

Pero en Mendoza, el cuarto mayor productor de aceitunas de la Argentina, la pérdida de “competitividad”, que cruza a todos por igual, no afecta a todos por igual. Los grandes que protagonizaron millonarias inversiones en la provincia (especialmente españoles) ya se fueron o están paralizados, lo que genera despidos y suspensión de personal; mientras que los productores más chicos están subsistiendo gracias a las trabas para importar del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Es que toda empresa necesitada de importar debe exportar lo que sea por igual monto para evitar que la balanza comercial sea deficitaria. Y es ahí donde entra el aceite de oliva como moneda de cambio para traer al país desde neumáticos a artículos de computación, desde productos de bazar a indumentaria.

SitioAndino.com se reunió con Luis Armando Mansur, presidente de la Asociación Olivícola de Mendoza y presidente también de la Federación Olivícola Argentina. El dirigente analizó la coyuntura del sector, detalló los esfuerzos públicos y privados para aumentar el consumo en el mercado interno, incluso destacó el operativo de compra por parte del Gobierno provincial de 80 toneladas de aceite para reducir stocks y tonificar los precios; y habló sobre los efectos del atraso cambiario y la pérdida de competitividad que afecta a las exportaciones.

Argentina produce al año entre 26.000 y 32.000 toneladas de aceite de oliva. De ese total, por año el mercado interno sólo absorbe (consume) unas 8.000 toneladas. Todo el resto se debe exportar, porque no hay dónde ubicar esta producción. El consumo per cápita de aceite de oliva en la Argentina es de 0,25 litros, cuando en España ronda los 14 litros por persona al año.

Con la aceituna en conserva, el panorama es peor. El mercado interno es insignificante en relación a la producción y cada año el 95% o más de todo lo producido en el país debe exportarse porque no tiene mercado doméstico, explica Mansur.

Hasta el 2008, esta relación mercado externo – mercado interno era una virtud y no un problema. Como la devaluación generó un amplio margen de rentabilidad para exportar, que el 75% de la producción tenga destino “exportable” era un lujo y una fuente genuina de divisas que atrajo inversiones a la provincia. Pero con el atraso cambiario (inflación subiendo muy por encima de la devaluación del peso), esta “virtud” se convirtió en una carga imposible de soportar. El mercado interno no puede absorber lo que las empresas no pueden ubicar en el exterior (porque su producción no es competitiva y está fuera de los mercados), y esto genera una crisis estructural.

Mendoza tiene 20.480 hectáreas cultivadas con olivos, de las que sólo producen para fines comerciales unas 16.500, según datos del INTA. Hay registrados 5.300 productores de olivos en la provincia.

Pero no todos sufren este problema por igual. Las grandes inversiones que atrajo la olivicultura comenzaron a frenarse y a irse, lo que viene generando suspensiones y despidos de personal. Mientras que las distorsiones generadas por la intervención de Guillermo Moreno en la economía, les están dando una salida a los pequeños productores de aceite de oliva de Mendoza, aunque esto termina generando en muchos casos más inflación para todos.

Los grandes
Las grandes inversiones que atrajo la olivicultura de Mendoza durante los últimos diez años se han frenado. Incluso muchas empresas han decidido irse de la provincia porque no pueden competir con lo que producen.

“Estamos parados. No hay pedidos desde el exterior porque no somos competitivos por efecto del atraso cambiario. Hoy es más barato traer aceitunas de España que producir en Mendoza”, advierte Rafael Camacho, responsable de la fábrica que tiene en San Martín la empresa española Ángel Camacho, una planta que demandó una inversión de 3 millones de euros y está ubicada en pleno Acceso Este.



Se trata de una envasadora de aceitunas verdes con una capacidad de producción total anual de 5 millones de kilos. Esto es 15 millones de frascos por año. Tiene 4.000 metros cuadrados de superficie cubierta y empleaba en producción a unas 25 personas. Es la primera planta de este tipo que los españoles abren en el país.

Pero por efecto del atraso cambiario, hoy la elaboradora de aceitunas en conserva Ángel Camacho está parada y mantiene sólo a 7 empleados de planta. No pueden trabajar porque no tienen pedidos desde el exterior y están analizando cuál será el futuro de esta planta.

Otros españoles ya se fueron, mientras que grandes proyectos argentinos también ya empezaron a ajustar o irse directamente. AgroSevilla, el mayor productor y exportador de aceitunas de mesa de España, presente en Mendoza desde el 2000 con una capacidad instalada de producción de 15.000 toneladas al año, anunció a fines de 2012 que se iba de la Argentina. Su salida significó el despido de 91 trabajadores. Hoy AgroSevilla opera en Chile.

Otro de los grandes que comenzó a ajustar es Cuna de Olivares, un proyecto de inversión por medio de fideicomisos que captaba recursos del mercado de capitales y lo invertía en la economía real, en este caso la olivicultura. Según fuentes del sector, el proyecto Cuna de Olivares frenó su expansión por efecto del atraso cambiario y la pérdida de competitividad y ya despidió a 60 trabajadores en Mendoza. /

Los chicos le rezan a Moreno
Los productores de aceitunas y aceite de oliva más chicos viven otra realidad. A diferencia de los grandes, que llegaron y se instalaron con la idea de manejar todo el negocio (producción y comercialización), los chicos están subsistiendo gracias a la necesidad que tienen otras empresas de conseguir cupos para poder importar lo que venden en el mercado interno. Así es cómo el aceite de oliva se ha convertido en moneda de cambio (exportable) para que empresas como Falabella, Carrefour, Wal-Mart, la automotriz Toyota, la fábrica de neumáticos Yokohama, comercios del rubro como Parra Neumáticos y hasta granes importadores de marcos de lentes, por ejemplo, obtengan cupos para poder importar lo que venden en el país.

Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior.

Guillermo Moreno exige a todos los importadores que exporten por igual cantidad de todo lo que quieran ingresar al país. Por eso muchas empresas del rubro que sea buscan productos “exportables” para hacerse de mercancías que no se fabrican en el país.

El caso emblemático para Mendoza es la compra de la bodega y aceitera Tittarelli por parte de Air Computer, una empresa dedicada a la venta de equipos de computación y tecnología de la ciudad de Rosario.

Esta práctica generalizada es lo que está permitiendo que muchos productores de aceite de oliva y aceitunas en conserva de Mendoza vendan su producción para que otras empresas la exporten a su nombre y así obtengan margen para importar. Pero esto no tiene efecto neutro. Primero hace que en muchos casos la exportación no quede registrada en Mendoza, sino que se compute allí donde la empresa que vende tiene su domicilio.

Pero el mayor impacto negativo de esto es la presión inflacionaria que genera. Debido a los costos de producción internos, el aceite de oliva no es competitivo (es demasiado caro para competir con el aceite de España o Italia en los mercados internacionales). Pero eso el productor chico, mediano o grande de Mendoza no puede exportar. Se lo vende al importador de neumáticos o computación para que este sí lo exporte porque no le importa venderlo a pérdida, ya que en definitiva este margen se lo termina agregando al valor de venta en el mercado interno del producto importado: neumáticos, computación, electrónica, bazar, anteojos, etc. Es decir, en muchos casos el consumidor argentino termina pagando más por los productos importados que consume para compensar toda la triangulación que tuvo que hacer el importador para conseguir los cupos necesarios para hacerse de la mercadería. En este caso, vender aceite de oliva a pérdida.

En Twitter @Fede_Manrique
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