Atentado

Bush reconoció que las imágenes que más le impactaron fueron los saltos desde las Torres

En una extensa entrevista el ex presidente contó como vivió ese fatídico día los Estados Undios. "El 11-S cambió mi presidencia", reconoció.

Por Sección Internacionales

El atentado que sufrió EE.UU y que destruyó las Torres Gemelas en el ataque más sangriento que sufrió el país es recordado y en tal sentido el diario El Mundo de España publica una extensa entrevista al ex presidente norteamericano George W. Bush.

Todo el mundo se pregunta qué pensó el ex presidente de EEUU, George W. Bush, cuando en pleno acto en un colegio un ayudante le informó del ataque a las Torres Gemelas. Un instante que dio la vuelta al mundo y que, ahora, el propio Bush se ha encargado de aclarar en una larga entrevista de 48 minutos que National Geographic ha convertido en documental: "Mi primera reacción fue de ira: ¿Quién demonios le ha hecho esto a Estados Unidos?, pero después sólo me centré en los niños y el contraste entre la noción del ataque y su inocencia me aclaró mi trabajo, proteger a los estadounidenses".

Un momento que, como otros del 11-S y de días posteriores, aún emociona al ex presidente de Estados Unidos. Durante casi una hora -la entrevista se estrena el 5 de septiembre a las 22.30 en el canal de National Geographic-, Bush justifica sus decisiones en la defensa de su país y en la situación de guerra. También explica numerosos detalles de una jornada que equipara al bombardeo de Pearl Harbour. Y muestra su lado más humano cuando piensa en su familia o relata cómo tuvo que salir de la cama la misma noche del ataque y refugiarse en un búnker junto a la primera dama y sus dos perros.


"El 11-S cambió mi presidencia. Pasé de ser un presidente centrado en asuntos internos a ser un presidente en tiempo de guerra", reconoce Bush, quien asegura que tuvo que tomar "muchas decisiones controvertidas pero todas para proteger al país". También destaca lo inesperado de la situación: "No tenía una estrategia, vivía día a día" porque "la guerra llega cuando menos te lo esperas y sólo puedes lidiar con los hechos", recalca Bush.

Certeza del ataque
En menos de una hora, la información fluyó de forma gradual hacia el presidente. Primero le comunicaron que un avión había chocado contra las Torres Gemelas y pensó que podría tratarse de un accidente. Cuando supo del segundo impacto, ya estaba claro, como le dijeron al oído en la escuela donde se encontraba, que "América estaba siendo atacada". El tercer aeroplano fue, para el ex presidente, "una declaración de guerra".

Bush explica cómo, en pleno colegio, no quiso mostrar una reacción airada consciente de que el mundo tenía los ojos puestos en él. Pero una vez que pudo ver imágenes del atentado asegura que quedó "horrorizado", a pesar de lo cual preparó rápidamente un discurso en el que trató de mostrarse "triste y afectado" pero al mismo tiempo seguro ante sus compatriotas.

G. W. Bush, tras ver el ataque al Pentágono del 11-S El Air Force One se convirtió, durante casi toda la jornada, en el hogar del presidente. Aunque él quería ir a Washington para dirigir la situación como "Comandante en Jefe", su equipo de seguridad no lo permitió. Fue en el avión donde tomó la primera medida de urgencia, "dar órdenes a la Fuerza Aérea de derribar cualquier avión comercial que no respondiese a las órdenes de aterrizar". Una decisión dura pero que en aquel momento Bush consideraba necesaria.

Fue también en la Casa Blanca volante donde quedó "paralizado" tras ver a inquilinos de los rascacielos saltar al vacío. Asimismo, desde el aire se aseguró que todos los miembros de su familia estaban a salvo, "un alivio" en sus propias palabras.

La primera parada del Air Force One fue Luisiana. Desde la base de Barksdale se dirigió a la nación para "hacerles saber que el presidente estaba a salvo y al frente de la situación". La segunda fue una base militar de Nebraska. Allí, por primera vez, el presidente preguntó a sus asesores por el autor del ataque: "George Tenet [director de la CIA entonces] creía que era Al Qaeda, pero la respuesta aún no era definitiva".


Cuando el espacio aéreo quedó totalmente bajo control, Bush decidió, contra el consejo de sus asesores, volver a Washington. No quería volver a dirigirse a sus compatriotas desde un búnker. Allí vio por primera vez el edificio del Pentágono tras el ataque que sufrió. "Recuerdo haber pensado: Soy el Comandante en Jefe de una zona de guerra. Hemos sido atacados por un enemigo en el corazón de nuestra capital".

Ya en la Casa Blanca, Bush volvió a dirigirse a los estadounidenses tras saludar y abrazar a sus consejeros y al vicepresidente Cheney. Un discurso histórico desde el Despacho Oval que, en palabras del presidente, "fue tan similar a una declaración de guerra como pudimos hacerlo sin que fuese una declaración de guerra". Tras un último susto nocturno por un avión militar estropeado en las inmediaciones de la Casa Blanca, Bush reconoce que logró dormir pese a que casi no pudo dejar de pensar en las imágenes de la masacre y en lo que pasaría en las siguientes jornadas.

"No creo que pudiese entender o anticipar los días que estaban por llegar", asegura Bush, que centró su trabajo en recuperar a Estados Unidos de los ataques, salvar todas las vidas posibles y ayudar al país a resurgir psicológicamente. También tuvo que tomar decisiones en torno a su respuesta a un nuevo y peculiar enemigo. La primera, pese a algunos de sus consejeros, fue dejar de lado Irak, puesto que "el objetivo era Al Qaeda, que estaba en Afganistán". El reto era encontrar a Bin Laden y hacer Justicia, y EEUU sería "incansable" en esta labor.

Cuando, tres días después del ataque, Bush visitó la Zona Cero, quedó impresionado por el estado de la zona, pero especialmente con los bomberos, policías y demás servicios de la ciudad que trabajaban en la zona, exhaustos tras el trabajo. "Decidí estrechar cada mano, mirar a todo el mundo a los ojos (...) lo que los querían era encontrar al enemigo y hacer justicia", explica Bush una jornada que le dio altas cotas de popularidad después de que, altavoz en mano, prometiese justicia al grito de "¡USA, USA, USA!".

George W. Bush, sin embargo, no pudo cumplir su promesa de atrapar a Bin Laden. Tuvo que esperar 10 años hasta que, bajo el mandato de Barack Obama, EEUU selló su deuda. Fue el propio Obama quien telefoneó a su antecesor para darle la noticia. Bush le dio la enhorabuena y no se sintió "feliz", como muchos podrían sospechar, sino con un gran "sentimiento de gratitud porque se ha hecho justicia".

Fuente: Diario Panorama

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