El rebaño no se pierde si se lo vigila de cerca. Ha sufrido un éxodo inusual de las filas que supo armar, fundamentalmente porque sus ovejas vieron alejado a su pastor y comenzaron a descarriarse por los caminos que la política les fue tendiendo. Y eso no es culpa del rebaño.
Cristian Lozano
El rebaño no se pierde si se lo vigila de cerca. Celso Jaque ha visto que desde hace dos años, apenas terminó su gobernación, ha sufrido un éxodo inusual de las filas que supo armar, fundamentalmente porque sus ovejas vieron alejado a su pastor y comenzaron a descarriarse por los caminos que la política les fue tendiendo. Y eso no es culpa del rebaño.
Quizá ello deslegitime, entonces, al ex mandatario en el cuestionamiento que hace a los dirigentes que hoy aparecen pastando en otros campos. Juan Agulles, por ejemplo, es por quien apostó Jaque para que fuera reelecto en Malargüe, pero no se ha visto acompañado por el ahora embajador en Colombia, en medio de la crisis que significó Vale.
El "Cacho" la tuvo que pilotear solo. En todo caso, tuvo en Paco Pérez una mano presta para acompañarlo en la sinuosidad que marcaron los brasileros. Pero al mentor del jefe comunal y, al mismo tiempo, otrora entusiasta facilitador político del proyecto, esta vez se lo notó ausente.
Tanto Agulles como Vale, necesitaban de un Jaque más protagonista en esta etapa crítica que se vivió particularmente en Malargüe.
Otro que vivió la lejanía de Celso es Dante González. Un diputado nacional que hoy tiene estructura propia y era un aliado clave para el ex mandatario provincial. Pero que la alianza se haya roto, seguramente también debe ser responsabilidad del que se anotició a lo lejos de los nuevos pasos del legislador.
Algo debe faltarle a la conducción política que pretendió asumir dentro de un importante sector del Justicialismo, Celso Jaque. Responder acertadamente a ese interrogante quizá permita entender por qué "su" gente tiende a no serle más obediente.
Pasó ya con Raúl Rodríguez. El ex intendente de Malargüe, al que Jaque bendijo para que lo sucediera en ese cargo cuando el Celso tras dos gestiones apuntó al Senado de la Nación, terminó siendo, con el tiempo, su contrincante directo y hasta se le animó a generarle en la interna una oposición o alternativa para enfrentar a los nuevos "jaquistas".
Rodríguez no sólo se atrevió a competirle a Agulles, sino que sumó a muchos dirigentes descontentos con Jaque que dieron vida a una verdadera oposición justicialista en el Concejo Deliberante de Malargüe.
Si uno es gobernador de toda una provincia sino poder ordenar el territorio en su departamento de origen, muestra una falta de continuidad en el liderazgo que tarde o temprano relucirá a mayor escala.
Le pasó al ex gobernador ahora, con una amplificación de la falencia ya a nivel regional. Hoy Jaque ve que ministros suyos le dan espalda en los nuevos cargos que ostentan.
Luis Böhm, puede ser visto hoy como un "paquista" antes que un "jaquista". Y a varios del gabinete del anterior gobierno se los ve hasta más consustanciados con el actual, como sucede con un Marcelo Costa agradecido con la jerarquización ministerial que tiene hoy en Hacienda, un espacio de mayor poder que le otorgaba la Osep que administró hasta hace dos años.
Hay varios nombres más que ya no se inclinan en público a defender ni siquiera a mencionar a su líder. Héctor Rasso que estuvo en Anses de la mano del Celso, tan malargüino como él, Ricardo Scollo, también de la tierra de los chivos pasó a Cultura de donde salió sin pena ni gloria tras el papelón de la Vendimia casi sin actores, se refugió en un carguito municipal y pidió seguir siendo maestro.
Carmelo Simó ni lo menciona en las reuniones del Directorio del Instituto Provincial de la Vivienda, pese a que llegó a ser su presidente por nombramiento decidido por Jaque. Tampoco lo hace Elián Japaz, cuando llegó a ser titular del Epre justamente por proposición del Celso.
Nidia Martini fue su ministra de Desarrollo, se fue al Instituto de Juegos y Casinos y no le rinde pleitesía; como tampoco lo hace Silvia Ruggeri que también ocupó el cargo antes que aquella y aterrizó como coordinadora del Consejo Consultivo del Epre. Lo propio sucede con el ex Ministro de Hacienda, que se llamó a silencio políticamente en el Tribunal de Cuentas.
Fueron jaquistas Pombo, Baldasso, Mercau (que se fue feliz al organismo de la agricultura de las Naciones Unidas, López Puelles) ex integrantes de su gabinete que tomaron nuevos rumbos políticos siendo que pudieron permanecer en cargos públicos.
Y en la Legislatura, ídem. Varios tienen su banca porque él los puso en las listas sábanas, y ya no lo tienen como referente, como Silvia Calvi, una senadora que saltó al cargo tras su prolongado paso por el Concejo Deliberante malargüino.
Pero el caso emblemático es José Muñoz, quien apareció durante años como el alma mater del Celso y quien, a su turno, fue la mano clave en la campaña que lo llevó a la gobernación.
Hoy, Muñoz no sólo que ya no le responde a Jaque sino que pasó (llevando de la mano a la senadora Calvi) a formar parte del bloque legislativo que armaron Omar y Emir Félix. Y de la mano de Muñoz el mismo intendente Agulles pasó a crear una alianza estratégica con los hermanos sanrafaelinos.
El punto es que los Félix y Jaque han sido históricamente enemigos. Esto es lo preocupante del liderazgo que pretende mostrar el embajador colombiano. Sus distanciamientos y sus descuidos hacen que su redil no le sea fiel. Su vara y su cayado olvidan infundirle la guía y el aliento que sus dirigidos cotidianamente necesitan.
Quizá un repaso del famoso Salmo 23, el que el rey David escribió para el "Buen Pastor", pueda ser el manual que explique cómo debió haber sido Jaque en el cuidado de las ovejas que hoy ha extraviado.
Quien no sabe cuidar lo que ha creado políticamente, pierde fácilmente a manos de los adversarios. Porque en política la fidelidad es responsabilidad de los líderes.