El proceso de evolución técnica y personal de Sergio Martínez, en su período como campeón mundial de boxeo, cumplió ya cinco años y podrá observarse mañana en el combate ante Martin Murray.
Cuando ganó su primera corona ante el congoleño Alex Bunema (mediano junior interino de la OMB), comprendió que para poder sobrevivir en este nivel de competencias, debía prepararse de manera excepcional, y así lo hizo. Llegó a aquel combate del 14 de abril de 2008 con un poderío de lanzamientos -en cantidad y calidad- asombrosos. Había sepultado por completo su viejo estilo de saltarín clásico y boxeo bonito, de aquellas veladas sabatinas de Argentino de Quilmes, para convertirse en un boxeador bien afirmado, sólido y de profundas combinaciones. Consolidó todo esto con su radicación en Oxnard, California. Con su primera corona pudo notarse su primer gran cambio de imagen pugilística.
El 5 de diciembre de 2009, en Atlantic City, perdió por puntos con el norteamericano Paul Williams, en un desafío de campeones que dejó una paradoja para su carrera; en medio de una derrota supo -y supimos- que reservaba en su interior madera de crack. En ese duelo, frente a uno de los púgiles más espectaculares del momento, comprendió que la continuidad y el equilibrio rítmico son vitales para obtener el gran resultado. Tuvo oportunidades para noquear y las dejó pasar; tomó prolongados recreos en ciertos pasajes del combate y no le alcanzó con una astuta especulación para ganar una pelea clave. Mas allá de lo resistido del veredicto, su derrota le dejó en claro cuál era la regularidad necesaria que un campeón de primerísimo nivel necesita para conservar su sitial. Lo entendió, y lo puso en escena en sus combates siguientes.
El 17 de abril de 2010 consiguió su victoria más trascendente y la doble corona -ahora en peso mediano- ante Kelly Pavlik. A partir de esta pelea, Martínez supo lo que sería de su destino en esta categoría. Siempre iba a ser el más pequeño sobre el escenario; físicamente, el más débil. Por eso fortaleció, en modo impresionante, su preparación atlética; le dio más volumen a su masa muscular, y triplicó su trabajo de piernas en traslación del ring, para entrar y salir sobre los cuerpos más grandes, de rivales más pesados. Pudo noquear a Pavlik, pero le faltó motor para hacerlo. Y cuando sintió los golpes que le aplicó el campeón destronado, comprendió la realidad que lo acompañaría desde entonces: no ser -por naturaleza- un peso mediano real. Y afirmó en este match el estilo controvertido del campeón de la guardia baja... A partir de este momento, también, creció la curiosidad por conocerlo en nuestro país.
El KO sobre Paul Williams en la revancha de 2010, en Atlantic City, fue consagratorio y decisivo para la imposición de su figura como uno de los mejores cinco campeones del año. En este combate patentó su golpe de izquierda a fondo y en contra. Una especie de cross largo -sin aviso previo de jab- que se constituyó en su arma letal. Fue la variante técnica más interesante que dejó su cambio de estilo: la posesión de un golpe propio, fuerte, preciso y veloz, capacitado para producir el KO del año.
A partir de allí comenzó su etapa de "campeón de diamante". Su pelea con Serhiy Dzinziruk, potenció su fortaleza mental y la perfección del manejo de su jab diestro, fundamental para abrir la distancia a su cruzado de izquierda, cada vez más incisivo y dañino. Perfeccionó su remate a partir de este cotejo, lo que le reportaría grandes dividendos.
En sus peleas con los ingleses Darren Barker y Mathew Macklin dosificó su ritmo, condicionado por lesiones que incidían en el armado de su estrategia: problemas óseos en la nariz, costilla, mano izquierda y rodilla derecha. Fortaleció su mente; se convirtió en un campeón que aprende a pelear acompañado del dolor; supo sufrir y entendió cómo asimilar los límites que le presentaba su cuerpo. Perdió movilidad y acrecentó su imagen de peleador. Potenció sus esquemas de trabajar menos, pero mejor. Y en ello se lució.
En su última pelea, contra Julito Chávez, se reencontró con sus uppercuts -golpe olvidado-, y con un manejo absoluto y perfecto del ring, fortificado por una convicción mental absoluta. Su seguridad interior es, también, un atributo creciente y manifiesto. Sin embargo, su caída en el dramático último round ante el mexicano denunció un llamativo despiste en su concentración, en peleas que estaban aparentemente clausuradas. Todo esto lo llevó a exteriorizar y a crear una personalidad atractiva y comercial, gestada en una superación profesional constante, que lo enorgullece y que recibe el "aprobado" de su gente.
LA CEREMONIA DEL PESAJE, A PARTIR DE LAS 11
Hoy, a partir de las 11, en el Salón Libertador del hotel Sheraton, se realizará la tradicional ceremonia del pesaje del combate entre Sergio Maravilla Martínez y Martin Murray; para ambos, el requisito será no superar el límite de 72,500 kilos de la categoría mediano. La TV Pública anunció la transmisión del acontecimiento, para el cual se acreditaron 250 medios.
Además, se realizará el pesaje de los otros cinco combates; se destaca el que protagonizará Luis Carlos Abregú frente al canadiense Antonin Hortie Decarie, por el título welter de plata del Consejo. Entre las celebridades se espera la presencia del ex campeón mundial mediano, el mexicano José Pipino Cuevas, que fue invitado por la organización y será comentarista televisivo.
Por otra parte, se confirmó que la lluvia no será un impedimento para la realización de la reunión, ya que el escenario estará techado con una cobertura especial. Además, desde temprano habrá un corte de calles en los alrededores del estadio José Amalfitani; se prevé que habrá 800 policías destacados para la seguridad.