15 de diciembre de 2025
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Augusta

Ángel Cabrera: "La palabra miedo no existe en el golf"

Mano a mano con el Pato, a días de su gran actuación en Augusta; "El Masters es un torneo que todos quieren ganar, con una cancha que te desafía y castiga si no jugás bien; estás siempre al límite", confiesa.

Por Sección Andino Sports
"¡Pucha, mirá si el Pato volvía a ganar!" Ese pensamiento repiqueteó en cada uno de los espectadores que siguieron ayer a Ángel Cabrera en la primera vuelta del Abierto del Centro, que lo tiene 22° y a cuatro golpes de Rafael Gómez, el líder, en el Córdoba Golf Club, de Villa Allende. Para todos los que vieron sus swings en este campo par 71, el segundo puesto del cordobés en el Masters de Augusta se asocia con una hazaña a milímetros de consumarse. Para él, una manera de catapultarse a un tercer Major. Piensa más allá, como otra esperanza que nace.

-¿Por qué no le tenés miedo a nada cuando jugás? Lo demostraste en Augusta el domingo pasado.

-No sé, será porque me crié timbeando en Villa Allende siendo caddie, donde siempre apostábamos plata y había que ganar. Ahí no se podía tener miedo y aprendí a jugar de esa manera. Además, cuando estoy con confianza... Para mí la palabra miedo no existe en el golf, lo que existe es el respeto.

-Te diste cuenta de la cara de susto de algunos jugadores, ¿no?

-Más que susto es mucha presión. El Masters es un torneo que todos quieren ganar, con una cancha que te desafía y castiga si no jugás bien. Estás siempre al límite.

-¿Pero vos sentiste presión o no? No parecía...

-Sí, el que no siente presión no es humano. Todos las sienten. Algunos saben manejarla y a veces eso te juega a favor.

-¿Cuándo eras caddie tenías más presión que ahora?

-Obvio, porque si perdía, ¿cómo morfaba? Jugábamos todos por lo mismo. Nos juntábamos todos los caddies y si ganábamos unos mangos era para llegar a la casa y morfar.

-Eran momentos muy duros...

-Muy duros, pero lindos. Me crié prácticamente en el club. A los 9 años empecé en Villa Allende y a partir de ahí no salí nunca más de acá. Fui hasta sexto grado y dejé de estudiar. Es más, había un socio que se llamaba Juan Cruz Molina que me quería pagar los estudios y le dije: "Juan, ¿para qué voy a estudiar? ¿Para llevar palos?" En realidad, nunca pensé que llegaría adonde llegué.

-¿Te volvió a la cabeza tu infancia en las vueltas de Augusta?

-No sé si en esos momentos, pero a veces sí. Cuando finalmente pude jugar al lado de tipos como Greg Norman, Nick Faldo o Seve Ballesteros, recordé cuando ellos jugaban en Augusta y yo los veía por TV desde la casilla junto con los otros caddies.

-¿Cuál fue el clic que hiciste para salir de los bajos rendimientos que venías teniendo los últimos tiempos?

-Fue por un conjunto de cosas. Primero, haber dejado atrás las lesiones. Estuve jodido de la espalda durante unos meses, algo que no quise hacer público. También sufrí una tendinitis en la muñeca izquierda. Eso no me permitía hacer bien el swing; empecé a pegar mal y agarré desconfianza. Y cuando se te va la confianza, chau. La gente del PGA Tour me atendía y me daba calmantes. Tampoco quise infiltrarme. Hasta que llegó el Abierto de la República en Nordelta, en diciembre pasado. Ese domingo fue una de las mejores vueltas de mi carrera, impresionante. Gané enseguida el torneo aquí en Córdoba donde soy anfitrión y ya encaré el tour de otra manera. Ya me sentía con ganas y con confianza.

-Y también se sumó el nacimiento de tu nieta Agostina.

-Sí, yo le digo a Federico, mi hijo, que él la va a criar y yo a malcriar. Mis hijos Fede y Angelito ya tienen 22 y 24 años y ya me había olvidado cómo era cuidar a un bebé. Ahora tengo un juguete nuevo, estoy pendiente y tengo doscientas fotos de ella en mi celular desde que estaba en la panza. Hasta las ecografías. El día que nació acá en Córdoba, el primero que llegó fui yo.

-Y después explotaste en Augusta.

-No me quedé conforme, pero sí contento, porque sé que hice todo lo que tenía que hacer. Pero si en un playoff te embocan un putter se termina todo.

-¿Fue clave la intervención del caddie Steve Williams para que Scott metiera el último putt?

-Sí, pero el mérito es de Adam porque le tenía que pegar bien, por más que el otro le diera la caída exacta. El putt de Scott era mucho más difícil que el mío, porque el de él caía y bajaba. Si él fallaba el hoyo, la pasaba un metro, fácil.

-Viste cómo festejó Scott el putt para birdie del hoyo 72. Se sentía ya campeón y vos luego lo forzaste a un desempate con ese enorme approach. ¿Arrancaste el playoff con ventaja psicológica?

-Lo que sentía con Angelito es que no podíamos perder el torneo. Cuando fuimos a firmar la tarjeta le dije: "Quedate tranquilo que ganamos".

-El Maestro De Vicenzo dice que si fueses más conservador, ganarías más torneos.

-Obviamente respeto la opinión de Roberto. A veces pienso en ser conservador, pero no me sale, no puedo. Me cuesta. En el par 5 del hoyo 13 del domingo vi un buen lie y estaba perfecto de distancia de ahí a la bandera. A Angelito le dije: "Acá hago 3 y se termina el torneo". Yo sabía que podía hacer 6 golpes, pero no me importaba: quería hacer 3. A lo mejor tiraba a buena y me quedaba ahí en una posición medio incómoda, no sé. Si tengo la posibilidad de tirar, tiro. El problema en ese hoyo es que la pelota me quedó mal al dropear tras irme al agua.

-¿Siempre fuiste así de arriesgar?

-Lo que me gustaba desde muy chico era pegar fuerte con el driver. Yo no veía el agua, el fuera de límites ni nada. Si tenía que tirar por arriba de una casa, tiraba. Después lo fui manejando, pero siempre fui para adelante. Con esto no estoy diciendo que soy más macho, pero siempre morí con la mía. Es como lo del hoyo 13 de Augusta: si estoy 20 veces en la misma situación para el segundo tiro, vuelvo a tirar al green las 20 veces. De verdad. Ojo, hay tipos conservadores y eso no significa que sean temerosos. Se sienten más seguros jugando así.

-¿Qué te queda del segundo puesto, entre el sinsabor de la derrota?

-El juego, la manera en que pegué. Me sentía tan pero tan confiado que ponía el tee, pegaba y ya ni miraba la pelota. Me quedó la sensación de que ya estoy cerca de ganar de nuevo en el tour, y en cualquier cancha.

-¿Ahora es una carrera contra el tiempo, teniendo 43 años?

-No, no pienso que me quedan dos, cinco o diez años de carrera. Jugaré hasta que no tenga más ganas ni ambición. Hoy juego por la gloria, para ganar. Yo quiero ganar.

Cancha Llena

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