Desde hace mucho tiempo ocupa un lugar en el top 10. A los 27 años transita el 8° escalón del ranking, dentro de un grupo que incluye a Tomas Berdych, Juan Martín del Potro, Richard Gasquet y Janko Tipsarevic como los escoltas de la súper elite que integran Djokovic, Murray, Federer, Nadal y Ferrer. Tiene 10 títulos en su carrera, pero quiere ganar la Copa Davis, ese torneo que siempre tiene a Francia entre los candidatos, pero que conquistó por última vez en 2001. Nacido en Le Mans, hijo de Didier, un ex jugador de handball de origen congoleño, y de Evelyne, una maestra, saltó al reconocimiento cuando llegó a la final del Abierto de Australia 2008, cuando, para muchos, era el clon de Muhammad Alí ("no me molesta la comparación. Es un honor; Alí fue un gran deportista, que hizo muchas cosas").
Ahora, ya establecido dentro de los mejores, es uno de los jugadores top que suelen disputar siempre la Copa Davis. Y explica por qué: "La juego desde que era muy joven, y he vivido grandes momentos, y en ese sentido la Copa Davis es increíble. Cuando juego para mí, gano mucha plata, pero en algunos torneos me aburro, y en la Davis nunca me aburro. Es el torneo en el que represento a Francia, al país que me ha hecho lo que soy hoy, es una forma de devolver lo que recibí". Y al ser consultado sobre si le sorprende que jugadores como Federer o Del Potro no la jueguen, respondió: "Sí, porque yo siempre entendí cómo esta competencia, que es casi tan antigua como el tenis, y para mí, es más importante que otros torneos que no tienen tanta historia".
Este fin de semana, en Parque Roca, Tsonga enfrentará por primera vez a la Argentina; en 2010, en la semifinal jugada en Lyon, los galos se impusieron por 5-0 y Tsonga no jugó por una lesión, pero fue parte del equipo como colaborador -de hecho, le cargaba los bolsos a Michaël Llodra al entrar en la cancha-, en un papel similar al que hoy cumple Gilles Simon, 13° del mundo, y que revela el concepto de equipo que manejan los Bleus. Simon y Richard Gasquet ya estuvieron en Buenos Aires para jugar el torneo de ATP, pero Tsonga desembarcó por primera vez; con una sonrisa, admite haber saboreado una de las especialidades locales: "El bife de lomo", dice, en su única frase en español. Hincha de Marsella, también le gusta el fútbol, deporte que practicaba, junto con el básquetbol, hasta que el tenis lo atrapó por completo. "Aquí parece que la gente vive a través del fútbol. Pasa algo parecido en Francia, allá también es el deporte número 1, es una pasión que tenemos en común. El fútbol es más popular y es mucho más fácil de jugar. Yo puedo jugar solo con una pelota, pero no puedo jugar solo al tenis. Y creo que el tenis es un deporte que transmite valores muy importantes: educación, respeto al adversario, respeto a las reglas, y entregar siempre el máximo de uno mismo", cuenta.