miércoles 5 oct 2022
Opinión

Política y salarios marcan el clima del verano (Julio Blanck, para Clarín)

Cristina se concentraba en los fastos autocelebratorios por el regreso de la Fragata, mientras Macri provocaría una agitación subterránea en la política.

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13 de enero de 2013 - 08:17
No descarto ser candidato en la Provincia” fueron esas siete palabras, en un reportaje que publicó Clarín el lunes pasado. Y aunque condicionó esa eventual candidatura a la existencia de “una situación anormal” , Macri dejó instalada una posibilidad que es revulsiva para todo el juego político que venía armándose de cara a las elecciones de este año, decisivas para dilucidar si Cristina podrá intentar luego la re-reelección.

La preocupación pronto se detectó en las oficinas de Daniel Scioli. También habría inquietud cerca de Sergio Massa. El gobernador y el intendente son los dirigentes mejor perfilados para protagonizar la sucesión desde el peronismo. Los dos juegan a lo que Scioli llama “continuidad con cambios” . Esto es, tramitar sin sangre la restauración peronista en el poder desplazando al cóctel cristinista, donde el ingrediente del peronismo cada vez ocupa una proporción menor.

Pero esa fórmula de cautela, con dosis homeopáticas de audacia y ruptura , puede entrar en crisis si Macri decide ser candidato en la Provincia. Ya no se trataría de una alternativa protagonizada por quienes fueron oficialistas durante el tiempo kirchnerista, sino una propuesta claramente opositora , que apuntaría a concentrar el extendido malhumor social con la Presidenta y el gobierno.

La postulación de Macri en la Provincia es hoy pura hipótesis . Y el propio Macri parece más que nada jugar –y divertirse– con la idea y sus efectos. Pero esa revulsión en la política habla de lo precarias que son las construcciones alternativas a Cristina que hoy se están empezando a perfilar. Cualquier viento las mueve.

Los que quieren a Macri candidato en Provincia dicen que un éxito allí lo pondrá a un paso de la Presidencia en 2015.

Macri calla y escucha. Escucha sobre todo a Jaime Durán Barba, su consultor estrella, quien le dice que no debe irse antes de tiempo del Gobierno porteño. Porque es su compromiso con quienes lo votaron y, porque nada le garantiza hoy un triunfo en la Provincia. Hay una frase de Durán Barba que conviene recordar: “Nunca le voy a aconsejar a un cliente que se presente a una elección que no pueda ganar” . Así convenció a Macri de ser candidato a gobernar la Capital, esquivando dos veces la candidatura presidencial. Las dos veces Macri ganó.

¿Cuál sería, según Macri, la “situación anormal” que justificaría una candidatura en la Provincia? Un estado de desbarajuste institucional mayúsculo, con más y más graves avances del Gobierno sobre la Justicia, que requiera ponerle un freno contundente desde las urnas. Quienes lo empujan a ser candidato bonaerense –una jugada de altísimo riesgo– argumentan que debe primar la necesidad política, un escalón más bajo de la urgencia.

La andanada que le soltó Cristina por cadena nacional el jueves, apuntándole por el aumento de impuestos y tarifa del subte, y la áspera respuesta que él le dedicó de inmediato, reforzaron la imagen de Macri como referencia opositora. Efecto no buscado o jugada hábil de la Presidenta, esto aumenta la incomodidad de quienes intentan ser oposición desde el propio oficialismo.

Mientras el debate por su eventual candidatura sigue abierto, Macri anuda lazos con radicales y peronistas, como los intendentes Gustavo Posse y Jesús Cariglino; y mantiene cercanía con figuras con popularidad ganada en otros ámbitos, como el ascendente Miguel Del Sel en Santa Fe y el éx árbitro de fútbol Héctor Baldassi en Córdoba.

Durán Barba le aconseja no mostrar un formato de alianzas tradicional, que el electorado podría rechazar. Macri le hace caso sin demasiado esfuerzo: no tiene armado político consistente más allá de la Capital.

Mirando de reojo la posible jugada de Macri, en el cristinismo y el peronismo las versiones circulan como brasa ardiente.

La estrella de Florencio Randazzo para encabezar la lista oficialista en la Provincia parece haber entrado estos días en un cono oscuro. Hoy se da por bueno que Cristina va a mantener el blindaje con la propia tropa . Así, Alicia Kirchner y Martín Sabbatella ocuparían los dos primeros lugares. Y para el tercer puesto la Presidenta le exigiría a Scioli una prueba de obediencia : que allí vaya su esposa, Karina Rabolini. Sería obligar al gobernador a definir, sin anestesia, si se subordina o se atreve a desafiarla.

Aunque jamás lo demostrará en público, Scioli está muy fastidiado con la Presidenta. Es por el latigazo que ella le asestó reclamándole que diga cuántos dólares tiene, en el marco de su absurda y reveladora pelea contra Ricardo Darín, que se atrevió a preguntar cómo habrán hecho los Kirchner para acumular su fortuna, al menos la que figura en la declaración jurada.

Mientras tanto Massa juega al silencio . La política dice lo que dicen las encuestas: que el intendente de Tigre, por el peso creciente de su imagen, puede definir un ganador en la Provincia: él mismo, o a quien él apoye expresamente.

Mientras disfruta de ese favoritismo, Massa amplía su red política. Ya se mostró junto a una docena de intendentes que vienen de distintas versiones del peronismo y prepara una reunión con dirigentes radicales encabezados por el intendente de Junín, Mario Meoni.

En el diseño ideal del macrismo, Massa debería romper este año con el oficialismo y postularse para gobernador en 2015 acompañando la candidatura presidencial de Macri. Un cuento de hadas perfecto. Pero la vida real es otra cosa.

Desde el jueves corrió muy fuerte la versión de un acuerdo de Massa con la Presidenta . Pero el intendente no suelta prenda y disfruta estar en el centro de todas las especulaciones. No quiere mostrar su juego hasta que termine el verano. Pero también sus márgenes de maniobra se angostan, por el estilo cristinista de acoso constante a todos los que no sean suficientemente obedientes.

Claro que eso provoca acercamientos impensados. Algunos son públicos, como el de Macri y el gobernador cordobés José De la Sota, cara visible del peronismo que ya rompió con Cristina, y que va a jugar su carta presidencial sin retorno.

Otras proximidades son menos evidentes pero funcionan a pleno, como la de Scioli con Francisco De Narváez, opositor frontal que armará una lista propia en la Provincia, donde ya una vez venció al kirchnerismo.

Y están los acercamientos a los que el gastronómico Luis Barrionuevo gusta llamar “unidad en la acción” . Es lo que está sucediendo entre la CGT de Hugo Moyano y la central oficialista que lidera Antonio Caló. En los hechos tienen una coincidencia básica: ninguna está dispuesta a resignar el piso del 25% de aumento en las discusiones salariales que ya empezaron. Y sostienen el mismo reclamo a Cristina para que alivie la abusiva carga sobre los salarios del Impuesto a las Ganancias.

No son datos menores en el arranque de un año en el que la inflación real amenazaría acercarse al 30% y el tope de suba deseado por el Gobierno apenas llegaría al 20%.

El horizonte sindical es de conflicto. Sobre ese escenario de malestar económico, que refleja el efecto corrosivo de la inflación sobre el bolsillo de los trabajadores, se levantará la decisiva escenografía electoral.

En la semana que termina se produjo el primer paro del año : fue de los aceiteros, un gremio de 15.000 afiliados con peso en provincias sojeras como Santa Fe y Córdoba. No serán los únicos.

Pero hay más que eso bajo la superficie. Los canales de contacto entre las dos CGT están abiertos y fluidos. El moyanista Omar Plaini tiene línea directa con viejos zorros del otro lado, como Carlos West Ocampo y Armando Cavalieri. Y en las dos CGT se habla cada vez con menos disimulo de las opciones peronistas para la sucesión en el poder . Es que Cristina no les da nada a ninguno. Y los recelos mutuos aminoraron desde que en la CGT oficialista defendieron a Moyano cuando el Gobierno lo acusó sin pruebas de haber alentado los saqueos de diciembre.

Este es otro de los daños autoinfligidos que sufre la Presidenta por su acción agresiva sobre el resto del universo del poder.

Ya lo experimentó duramente con la Justicia, pero no dudó en seguir ordenando y protagonizando ataques contra todo juez que falle en contra de sus regios deseos. La furia de aquellos 22 mensajes de Twitter disparados en apenas 32 minutos , el sábado anterior, fueron reflejo de una personalidad y un estado de ánimo que se transmiten automáticamente a su acción política. La desbocada verborragia de Hebe de Bonafini contra seis de siete los miembros de la Corte Suprema –tres de ellos nombrados por Néstor Kirchner– reconocen esa misma impronta.

El problema, en todo caso, es creer que haciendo siempre lo mismo se podrán obtener algún día resultados diferentes.

Fuente: Clarín

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