Las maras mendocinas (Por Luis Rosales para Sitio Andino)

Mendoza está en peligro y los mendocinos tenemos que reaccionar.

Mendoza está en peligro y los mendocinos tenemos que reaccionar. Las fotos que pulularon por todos los medios nacionales mostrando a adolescentes armados hasta los dientes, exhibiendo un  desparpajo y una agresividad increíbles, indican una señal muy complicada de algo que se puede estar gestando por debajo y que hay que necesariamente detenerlo antes que sea demasiado tarde.

A esa edad los chicos y chicas deberían estar pensando en sus estudios, en sus futuros, en el deporte,  o en todo caso en formas de diversión y entretenimiento. No en armas y bandas o patotas.

No podemos dejar pasar esta oportunidad que nos brindan las redes sociales para observar este fenómeno y tratar de contenerlo. Estas imágenes nos llevan a otras realidades nacionales donde este asunto se fue registrando hace años y ahora ha llegado a niveles descontrolados. En varias de nuestras hermanas repúblicas de Centroamérica, la violencia generada por Las Maras se ha convertido en el tema  central de las preocupaciones ciudadanas. Esta bandas clandestinas de jóvenes, algunos casi niños, importadas de sus similares californianas, han posicionado a esta región del planeta por las nubes de los indicadores mundiales en esta materia.

La violencia y la inseguridad se miden normalmente por la cantidad de homicidios intencionales que se producen cada cien mil habitantes. En las listas internacionales trágicamente entre los primeros diez países hay cuatro centro americanos. Honduras y El Salvador ocupan el primero y segundo puesto. La lista se completa con otros tres caribeños, dos africanos y Venezuela. Detrás de esta realidad se esconde claramente el accionar de estos grupos juveniles que azotan a estas sociedades. Las muertes en esos países se producen en intención de robo y en la interacción de las patotas entre sí que pelean por el control de la calle. Tan lejos se ha llegado, que el tema central de discusión en la última campaña presidencial guatemalteca fue la implementación o no de la pena de muerte para contener estos delitos.

Los mendocinos nos enteramos de que estas lamentables prácticas estarían llegando a nuestra tierra. Claramente detrás de las actitudes de los jóvenes publicitando su odio en la web, surge una responsabilidad enorme por parte de sus familias. Sus padres no deberían permitir que esto haya llegado a los niveles que esas fotos demuestran. Allí está la base y el único medio real para poder contener este fenómeno. Indudablemente estos chicos son emergentes de un sistema familiar en crisis. Años de decadencia, tanto económica como social, marginación, falta de educación adecuada, crisis de valores, una casi nula contención han provocado esta verdadera hecatombe. A esto hay que sumarle algo de connivencia policial más las desigualdades gigantes de una sociedad fracturada que supo ser de clase media.

Pero si la familia no está donde debiera estar, surge en forma nítida la responsabilidad  del Estado y través suya de la sociedad toda. Algo urgente debemos hacer antes de que sea demasiado tarde, Antes que en la lista mundial, abierta por unidades menores a los estados nacionales, aparezca Mendoza, compitiendo por los primeros puestos como si fuéramos una de  estas naciones centroamericanas.

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