sábado 13 ago 2022
el sueño de ser madre

Conocé el proceso de alquiler de vientre que hará mamá a Flor de la V

El médico que la trata en Miami explicó los detalles de una técnica tan esperanzadora como polémica. La historia de Marisa Brel.

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"Sí, voy a ser mamá. Nada de lo que hice hasta ahora se compara en importancia, en intensidad y en felicidad con este momento". Con estas palabras, Florencia de la V – o Florencia Trinidad, como plasmó orgullosa en su nuevo DNI - se preparaba para emprender el viaje de su vida: junto a su marido, Pablo Goycochea, con quien hace meses se casó por civil, llegó a Estados Unidos, en plena cuenta regresiva para el nacimiento de sus mellizos, que se producirá en septiembre.  
 
La pareja concretó en ese país el alquiler de un vientre. Una práctica que aún no está reglamentada en Argentina y que, por eso, obliga a muchos otros a tomar la misma decisión, si cuentan con los medios económicos para hacerlo. Ese es también el caso de Marisa Brel, que pasó todo el mes de junio en Miami para encarar el proceso con el doctor Fernando Akerman, el mismo que asiste a Flor de la V y que, en su momento, lo hizo con Ricardo Fort y Ricky Martin, a quienes también les dio la alegría de ser papás por partida doble.  

La periodista ya es madre de Paloma, de ocho años, a quien tuvo con el productor teatral Carlos Evaristo, gracias a un tratamiento de fertilización asistida, que le llevó dos años y seis intentos hasta darle resultado. Llegó a escribir un libro, "Voy a ser madre... a pesar de todo", donde relata esta experiencia. “Después, hice otros cuatro in vitro, pero no hubo suerte. Tengo 41 años y, a esta altura de mi vida, no puedo esperar más”, explicó.

Por eso, ahora lo intenta por otro camino. Se contactó con Akerman, que realiza el tratamiento para alquilar vientres hace más de 15 años y, por medio de la agencia Open Arms Consultants, eligió y conoció personalmente a quien será su “madre sustituta”. Para dar la noticia, quería esperar a que esta mujer quedara embarazada, pero la información se filtró y ella optó por blanquearlo.

“A la ilusión y el deseo de tener un hijo, se suma la emoción de tenerlo a través de otra mujer. Es un acto de amor puro e infinito, porque todos somos vehículos para que otros seres humanos vengan a esta tierra”, reflexiona Marisa.

Sin embargo, la realidad demuestra que concretarlo no es nada fácil. Incluso, en el caso de Norteamérica, este método no es legal en todos los estados. Los más reconocidos por hacerlo son Florida y California, pero en otros, como Nueva York, hay leyes que lo prohíben explícitamente. En otros países, como India y Ucrania, el alquiler de vientres es muy promocionado, pero no existe regulación al respecto. 


De la panza al avión
El doctor Akerman aseguró que “todas las mamas sustitutas se ofrecen principalmente por amor, para brindar ayuda a una pareja o a hombres solos. Después, muchas lo hacen también por dinero,  como una forma de ayuda económica. Pero la palabra ‘alquiler’ no presupone que tenga que haber dinero de por medio. Hay amigas que se prestaron el útero, o madres e hijas, y en estos casos no cobran un centavo”, aclaró.

Si se le paga a la madre surrogada, el valor depende de dónde se haga el procedimiento. Aunque la tasa de éxitos es la misma, “en Florida cuesta unos 20 mil dólares, pero en California, como el nivel de vida es más alto y están las figuras de Hollywood, puede costar entre 40 y 50 mil”, sostuvo el especialista. A esto se suman los altos gastos de viaje y médicos, que pueden llegar a duplicar y hasta triplicar la cifra. 

Aún así, Brel no se desanima. “Estoy súper movilizada y esperanzada. La ansiedad es igual a la que tenía cuando hice la fertilización in vitro. Es bastante agotador todo el proceso y, además, con mi marido decidimos compartir el embarazo junto a la mamá sustituta, presenciar las ecografías y estar en el parto, para cortar el cordón umbilical”, contó. Por eso, estará yendo y viniendo de Miami durante los nueve meses.

De hecho, Akerman confirmó que todos los padres biológicos pueden estar presentes durante el parto y, si se lo acuerda así, el bebé puede ser entregado justo después de que corten el cordón. En una semana se les da el certificado de nacimiento, con nacionalidad estadounidense. Los padres solicitan el pasaporte y, en un período de entre 4 y 6 semanas, ya pueden volver al país. 

“El 80 por ciento de las parejas que recibo son heterosexuales. Hay una evolución social que les permitió a las figuras públicas exponer públicamente sus casos y, a raíz de esto, muchos otros se empezaron a animar. Las consultas se han incrementado significativamente”, señaló el ginecólogo, y anticipó que “también van a aumentar las de parejas homosexuales masculinas de Argentina, por el surgimiento de la Ley de Matrimonio Igualitario”.

Este parece ser el caso de Florencia de la V, aunque el médico reconoce que “es más polémico porque, al haber nacido hombre, se presta a más críticas” de quienes no comprenden su situación.

Un largo camino

Para iniciar el procedimiento, los estudios básicos pueden hacerse en Argentina. Lo primero es realizar una consulta de diagnóstico, donde quede asentado que la mujer no puede tener hijos por otras vías. “Puede alquilar un vientre si le sacaron el útero, o perdió embarazos, o tuvo muchos procedimientos in vitro fallidos, o algún problema médico por el que no se recomienda que quede embarazada, o embarazos previos muy complicados. También se deben hacer una evaluación psicológica y análisis de sangre, para que no haya riesgo de que el embrión afecte a la madre surrogada”, puntualizó Akerman.

Luego, entra a trabajar la agencia que contacta a la madre sustituta – como la mencionada Open Arms –, una organización no médica que también se encarga de controlar y coordinar las visitas y contactos con los padres biológicos.

En este sentido, no todas las mujeres pueden ser candidatas a mamá surrogada. “Tiene que haber sido madre y estar viviendo con su hijo, tener entre 21 y 40 años, no haber tenido ninguna complicación médica y someterse a un análisis psicológico, comprobando que entiende que el bebé no va a ser de ella”, detalló el médico, y agregó que “por lo demás, es como una donación: así como algunos donan un riñón, esta persona presta el útero”.

Con respecto a los aspectos legales, la pareja que alquila el vientre tiene que contactar a un abogado en Florida, para que redacte un contrato que proteja a ambas partes. “Es, por ejemplo, para que la madre sustituta no pueda arrepentirse y, como en Florida el aborto está permitido, para que se sepa cómo se van a manejar si el feto tiene complicaciones”, aclara.

Una vez que está todo organizado, se coordinan los ciclos de la mamá biológica con la surrogada, para extraer los óvulos e implantar los fecundados. Si se trata de una pareja homosexual masculina o de un hombre solo, se necesita además una donante de óvulo, que casi siempre es externa. “Prácticamente no se usa a la mamá surrogada para eso”, sostuvo el especialista.

“Los procedimientos son muy similares a los de la fertilización in vitro”, comenta Marisa Brel, en base a sus experiencias previas. “Se hace el sistema in vitro para fecundar el óvulo, pero en vez de colocárselo a la misma mujer, se lo colocan a otra”. A esto se debe también que, muchas veces, el embarazo resulte ser múltiple.

Fuente: 24Conurbano

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