Embajadora cultural de Mendoza y el teatro
Gladys Ravalle: honrar la vida
Martes, 8 de febrero de 2022Por María Eugenia Cano.
Por: María Eugenia Cano - en Twitter @EugeCanon

Una gran mujer, una transgresora, una distinta. Así hablan de Gladys Ravalle, la leyenda del teatro mendocino que el pasado 29 de enero decidió unir su alma al infinito. 

Por esas casualidades de los destinos que ya están marcados, se fue del plano físico mientras se realizaba la Fiesta Provincial del Teatro. Ella. La gran actriz, maestra y madre de tantos actores y actrices que encontraron en su fuego su propia chispa.

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

Quienes estuvieron en contacto, dicen que hasta último momento no perdió ese humor y esa picardía que la caracterizaba. Y que se hizo su voluntad: la de reunir en su despedida a la comunidad artística en un encuentro festivo. Esa tarde, y hasta la medianoche, mucha gente se acercó a la Enkosala de Godoy Cruz para honrar su vida con música, colores, danza, empanadas y vino.

"Había que despedirla como ella quería y como merecía. Fue mucha gente a visitarla, a festejarla, a llorarla. Cada uno como lo veía en ese momento, con su sensibilidad particular", cuenta Wally Sánchez, uno de los actores que se hizo presente. 

"Fue un homenaje artístico de toda la comunidad hacia una referente fundamental del teatro mendocino".


Diego Gareca, Gladys Ravalle y Darío Anís, en el palco del Teatro Independencia que lleva el nombre de la actriz. Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza.

Gladys Ravalle tenía 79 años y más de 60 de trayectoria artística.

Su hoja de vida da cuenta que entró al universo del teatro siendo muy joven y como un juego que no abandonó jamás. Ya era reina de la Vendimia de Guaymallén. "Fue acá en la unión vecinal, a una cuadra de mi casa cuando hice Cuando los hijos se van. Repartían un panfleto que decía con la participación especial de la reina de Guaymallén. Tenía 19 años y ya era reina y artista", contó Ravalle en una entrevista. "Nunca estudié teatro, desde el primer día que me subí nunca más me bajé del escenario, fui creciendo a los ponchazos".

Tuvo un gran amor que potenciaría esta pasión por las tablas y que forjaría su talento de intérprete: el actor, director y formador teatral, Cristóbal Arnold, con quien mantuvo una larga relación y de la cual nació Juan Comotti; el hijo que supo heredar de sus padres el amor por el teatro convirtiéndose él también en un referente de la escena independiente.

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

Como actriz, Ravalle realizó más de 100 obras y dirigió otras tantas. Alguna vez contó a un medio local que no tenía un registro exacto de sus trabajos "porque las obras y los besos no se cuentan". Aunque uno de sus recuerdos imborrables está en la puesta El juego que todos jugamos, de Alejandro Jodorowsky, que la embarcó en una gira de 33 mil kilómetros por Argentina y el exterior. Fueron más de 1500 funciones, casi diarias, y una experiencia que rememoraría como un gran desafío: "Ahí empecé siendo una persona y salí siendo otra".

En este camino que trascendió los límites de la provincia, la mujer que nunca dejó de recibir el piropo de ser "la flor de Guaymallén", fundó 14 salas, fue una experta conocedora de la obra del dramaturgo Bertolt Brecht, creó y dirigió el grupo teatral Joven Teatro Goethe, que surgió durante la dictadura militar y que integraron artistas que hoy son fundamentales del movimiento escénico de Mendoza como Silvia del Castillo, Darío Anís, Alicia Casares, Marcelo Lacerna, Diana Wol y Víctor Arrojo, entre otros. Fue durante esta época oscura que sufrió el "exilio interno" y al que resistió haciendo teatro itinerante. Siempre levantó la bandera por los derechos humanos y mostró un compromiso con lo social y político. Además de ser una ferviente militante del teatro escrito y hecho por mujeres.

Gladys Ravalle en una marcha por los desaparecidos en la dictadura militar. Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza.

La página dedicada a la docencia teatral, también da cuenta que entre todos los cursos y talleres de formación que ofreció, Ravalle dictó clases de teatro en las ciudades suizas de Berna y Zürich. A lo largo del tiempo recibió varios premios y distinciones por su trabajo, destacándose a nivel nacional el Premio Podestá otorgado por la Asociación Argentina de Actores a la trayectoria, y el nombramiento por parte del Gobierno provincial como Embajadora de la Cultura de Mendoza. Honores bien ganados, sostenidos por un talento y un carisma con los que la actriz supo traspasar los límites de las salas para meterse para siempre en el corazón de la gente.

Una vez consultada por el reconocimiento en la vida cotidiana, contó a la prensa esta anécdota fechada en el 2017: "El domingo fuimos a la montaña y allí en Cacheuta hay un lugar de artesanías muy bonitas, con el río allí al lado, y me dice un chico "¡Todos los actores vienen acá! ¡Qué bien, Gladys, qué interesante". Y una señora desde un auto me grita: "¡Gladys! ¡La única, la grande!". Y así es como vivir en el corazón de la gente. No sé en qué momento me gané ese lugar pero la gente me mira en el colectivo y en la calle. Y no sólo eso: me llaman Gladys, como si formara parte de sus vidas".

Un fuego de muchas pasiones

Gladys Ravalle es una estrella en el firmamento de la cultura y el teatro de la provincia. Su fuego por el teatro no se extinguirá, porque ha marcado a generaciones enteras. Desde este espacio le rendimos homenaje a través de personas de la comunidad artística que se vieron atravesadas o inspiradas por su obra y su calidad humana. Anécdotas, recuerdos y mensajes de amor para quien supo ganarse el respeto y la admiración de sus pares y el cariño del público.

Al encuentro de este fogón imaginario es que llegan las palabras de la actriz y directora teatral, Alicia Casares con un recuerdo entrañable:

"Gladys fue un ser especial, diferente, vanguardista, transgresora. Con un talento inmenso, con un corazón enorme y con una capacidad de enseñanza, de transmitir y divertir desde el escenario.

Siempre recuerdo que cuentan que se casó con Cristóbal Arnold con una túnica, descalza y con unas ramas de jarilla en las manos. Y que todo el mundo quedó asombrado cuando la vio entrar descalza en su casamiento. Ella tenía la particularidad de ser distinta y de sentirse orgullosa de ser diferente.

Le dio a la cultura y al teatro de Mendoza su corazón, su talento, su imaginación, sus discípulos que continuaron llevando el fuego sagrado del teatro, como decía. Era vital, apasionada, divertida. Con un sentido del humor inolvidable y que conservó hasta el último instante. Yo quiero recordarla así. Con la risa fresca, con el cabello rojo como el fuego, apasionada, vital, divertida. Y agradecerle por siempre todo lo que me enseñó, todo lo que me brindó porque gran parte de ello es un legado que he seguido transmitiendo con la ética y la estética que me dejó. Puedo decir mucho sobre Gladys. Puedo decir que fue mi mamá artística, que tuvo un corazón enorme para abrazarme y que la voy a extrañar mucho".

Gladys Ravalle indicando que uno de los palcos del Teatro Independencia lleva el nombre Cristóbal Arnold, quien fuera su pareja por muchos años. Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

Por su parte, Darío Anís, cuya formación teatral comenzó en el Joven Teatro Goethe de la mano de la actriz, toma la palabra para que el mensaje con su maestra sea directo; un amor sin intermediarios.

"Mi maestra querida, celebro tu vida que le dio sentido a la mía. Yo sabía desde chico que quería ser actor, lo que no sabía es que vos ibas a encender para siempre esa llama sagrada que se va a apagar con el último aliento. Eso me enseñaste, a bajar cada día de función, ese duende que sólo conocen los que ponen el corazón cuando están en un escenario. Te lo agradezco tanto. Gracias. Gracias maestra por esa panera que me regalaste un 17 de agosto de 1985, el día de mi debut teatral y me dijiste: tomá, para que pongas todos los panes que vas a ganar en tu vida. Hoy ya sos actor. Gracias. Gracias por haberme hecho actor. Gracias Gladys Ravalle".

Andrea Simón, una de las fundadoras del espacio cultural independiente Casa Violeta, también se refiere a su maestra como la responsable de abrir el portal para ese encuentro definitorio con el mundo de las artes escénicas. Habla de su método de actuación y su profunda conexión con la naturaleza.

Maestra y alumna: las actrices Gladys Ravalle y Andrea Simón. Foto: redes. 

En este sentido escribe: "Cuando sos muy joven y alguien irrumpe tu cotidianeidad y te abre un portal hacia lo inimaginable con tanta entrega y tanta generosidad te maravilla no sólo lo que ves sino lo que sentís y lo que empieza a pasar por tu cuerpo: Teatro. Entonces no te alcanza el tiempo para agradecer ese encuentro sagrado y luminoso.

Ella nos invitó a jugar pero también nos permitió habitar el pensamiento y la reflexión. Nos habló de Brecht, de política, de teatro independiente, de derechos humanos. Luchó incansablemente por la libertad, sin dudas eligió al Teatro para encontrarla. Volaba muy alto la Gladys.

Creó su propio método de actuación y lo compartió con sus alumnxs, era maestra de alma. Su método fue el de "Actor persona". Entrábamos al ruedo a darlo todo, como ella, salíamos transformados. El quiebre, la emoción, los estados, la verdad en escena, la intensidad, el fuego. Sus clases eran realmente excepcionales.

Gladys nos habló de culturas andinas, tenía una especial relación con la Naturaleza, la veneraba, amaba los pájaros, las plantas, la montaña. Era divertida, pícara, ocurrente, curiosa, tierna, irreverente. Le gustaba comer rico, le gustaba la noche, la fiesta, bailar, le gustaba el chocolate.

Nos habló de feminismo, de mujeres en el teatro, de obras de género. Era sumamente intuitiva, siempre iba varios pasos adelante. Viajamos, compartimos mucha vida y mucho teatro. Gladys sin duda es una referente del teatro independiente en el país.

Fue mi mamá del corazón. Vivirá siempre en mí, en nosotrxs, en cada compañerx del Joven Teatro Goethe. El cielo brilla".

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

El encuentro de Maytilli Devi con Ravalle se dio hace varios años atrás cuando la referente del canto espiritual se encontraba dando clases de Taichi. Ahí llegó la actriz por recomendación de algunas alumnas que ya conocían la práctica. "Desde entonces yo fui la seño. Ella siempre me siguió llamando toda la vida así y me encantaba ese título viniendo de ella, con esa ternura y esa dulzura increíble que tenía", cuenta la artista nacida en Italia. Gladys dejó esas clases pero el vínculo se afianzó y perduró hasta el último día.

Maytilli rescata un recuerdo y lo ilumina con estas palabras: "Una vez fue a un concierto mío, estaba en primera fila y lloraba muchísimo. Y todo esto te lo digo porque para mí siempre ha sido un honor tenerla cerca, sabiendo quién era, cuál era su trayectoria y que estuviese siempre disponible para este vínculo. Yo creo que ha dejado a mucha gente huérfana. Era como un tramado la Gladys. Tramado en el sentido de que conectaba, que era una especie de manto que nos abraza a muchos. A todo tipo de artistas, a todo tipo de personas que estuviera disponible a poner el alma, el corazón en lo que hacía, y eso es inolvidable.

En un cumpleaños mío que estaba invitada, me trajo una cajita minúscula y me dijo: "acá están todos mis abrazos, así que cuando necesites abrazos ahí sabés que podés abrirlo". Y justamente el sábado necesité abrir esta caja y por supuesto estaba llena de abrazos. Estos abrazos no se van a terminar nunca, así que la voy a guardar en mi corazón y voy a mantener esta sensación de nutrición, de calidez que ella emanaba para nutrirme siempre con esto. Voy a tenerla siempre en lo alto, en la mejor consideración posible, con todo mi amor y respeto".

El homenaje de Adrián Sorrentino a la querida Gladys Ravalle es una anécdota que pone en valor la trascendencia del trabajo de la artista más allá de Mendoza. 

La historia transcurre en un viaje que el referente del café concert local realizó a Buenos Aires para formarse. Fue allí que entre clase y clase se acercó un día al Teatro San Martín con la intención de obtener información sobre el dramaturgo Bertolt Brecht y su obra. La investigadora que lo atendió le preguntó su nombre y se sorprendió al saber que era de Mendoza.

"Le digo que soy Adrián Sorrentino de Mendoza y que ando buscando información sobre la ópera Los dos centavos, de Bertolt Brecht, y sobre Bertolt Brecht en general. Y la investigadora me dice: ¿me dijiste que sos de Mendoza? Le respondo que sí, y me dice: vos no tenés nada que hacer aquí en el Teatro San Martín porque las dos personas más importantes, las que más saben de Brecht en la Argentina están en Mendoza y son Cristóbal Arnold y Gladys Ravalle. Así que yo te puedo dar alguna información, pero cuando llegues a Mendoza aprovechá a Gladys porque ella es la que más sabe de Brecht en el país. Esa es mi pequeña anécdota y mi pequeño recuerdo. A veces tenemos en casa lo que buscamos tanto afuera, ¿verdad? Una gran sabedora del bretchianismo".

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

El actor Aníbal Villa, también suma su anécdota con la maestra Gladys Ravalle, a la que recuerda como la posibilidad de tener un curso acelerado de actuación: 

"En realidad uno podría empezar con la remanida frase "qué difícil hablar de esto", porque uno se está refiriendo a una persona de una gran estima, a una gran maestra de actores y de actrices, pero en realidad no es difícil hablar de Gladys Ravalle. En mi caso personal lo puedo hacer a partir de una anécdota que se la tengo que agradecer toda la vida al Adri Sorrentino. Yo estaba trabajando con Adrián Sorrentino en esa época, por supuesto que conocía quién era Gladys Ravalle, la había ido a ver al teatro, me había dado una clase en la obra que hacía que se llamaba Madre coraje, sin que yo todavía tuviera la vocación por el teatro. Ya después habiéndome dedicado a él un día me dice Adrián que Gladys le había pedido que la dirija. ¿Quién?, le digo yo. La Gladys, porque está por hacer una obra que se llama Casa Matriz con Diana Wol y quiere que vayamos a hacer la dirección de la obra, me dice Adrián. ¿Perdón?, le digo. ¿Qué vayamos?. Sí, yo le pregunté si vos podías ir y me dijo que no tenía ningún problema. 

Bueno, lo que duró el proceso de Casa Matriz, fue otro curso acelerado de teatro, donde vos te das cuenta que si bien yo no estoy totalmente de acuerdo con el "se nace pero no se hace", hay algunas personas que nacen con una estrella diferente. Gladys Ravalle era la estrella mendocina desde la actuación por antonomasia. Y durante todo ese proceso fue un curso acelerado de teatro que pude tomar. Y absolutamente pasivo porque lo único que hacía era observar, observar y ser esponja y esponja. Una gran maestra, una gran mujer, una gran actriz".

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

Si bien el camino los tuvo a cada uno con sus trayectorias personales y como fundadores de la escena teatral mendocina, Gladys Ravalle y Ernesto Suárez realizaron dos trabajos juntos. La obra Tartufo en la que Suárez tomó la dirección y Gladys formó parte del elenco, y mucho más acá en el tiempo -2017- en "Dinosarios", una puesta llena de ternura que protagonizaron bajo la dirección de Claudio Martínez (referente teatral que falleció el año pasado a causa del coronavirus). En estos días de despedida y recuerdos, el maestro Suárez rescata una anécdota de los ensayos de esa obra:

"Un día Claudio faltó al ensayo. Faltaban pocos días para el estreno y le dije a Gladys que la dirigiéramos entre nosotros dos y que cuando al otro día viniera Claudio se la mostrábamos. Hicimos una escena, la ensayamos bien, era bastante melancólica y triste, donde se cuentan sus historias de marginales los dos. Y cuando al otro día viene el Claudio nos pide disculpas y le mostramos la escena. Empezamos a hacer la escena en la casa de Gladys, el gordo sentando en un rincón y nosotros leyendo el texto lo más concentrados posibles y vemos que de pronto se pone a llorar. Paramos el ensayo y le dijimos: Claudio estás llorando, ¿te has puesto mal? Y nos dice: no, hijos de puta, ustedes me han hecho llorar, actúan muy bien".

Ernesto Suárez y Gladys Ravalle en la obra "Dinosaurios", dirigida por Claudio Martínez. Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

Con el corazón encendido por esa anécdota entrañable, el Flaco se suma al fuego de este homenaje haciendo una reflexión sobre la importancia de reconocer en vida a los y las artistas que han hecho grande la cultura de su territorio:

"La mayoría de la gente de nuestra época abandonó. De alguna manera u otra se jubiló, se retiró y la Gladys seguía dirigiendo, trabajando con casi 80 años hasta que le agarró este problema de salud. Son pocos los que llegan a esa edad con planes, con laburo, con ganas de mejorarse para seguir actuando. Antes de la pandemia estaba dando clases. Yo creo que ahí, que detrás de eso se esconde, como me ha pasado a mí, luchar contra un montón de adversidades. Adversidades de la gente común, adversidades de un montón de funcionarios que no entendieron la dimensión de esta mujer que se merecía que en vida, hace 10 o 15 años atrás, le hubieran dicho: señora usted tiene acá una jubilación vitalicia para que pueda vivir dignamente de lo que usted ha entregado a Mendoza. ¿Cómo no se acercó ningún funcionario, de tantos que pasaron por cultura desde hace 50 años que la Gladys estaba haciendo teatro, como para decirle, señora usted merece tener un sueldo del Estado que le permita vivir dignamente?".

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

Mujeres en la escena. Mujeres en el teatro. La actriz y directora teatral, Pinty Saba, no conoció personalmente a Ravalle, pero como hacedora del teatro independiente dice sobre su colega:

"Si bien yo no conocí personalmente a Gladys Ravalle, ni compartí nunca ningún trabajo y ninguna actividad teatral con ella, sin embargo no puedo dejar de reconocer que se acaba de ir de este mundo una maestra. Cuando uno considera maestro a alguien, cuando además de enseñar deja en los alumnos el espíritu, la llama encendida. Es impresionante la cantidad de alumnos de Gladys Ravalle que hoy que son actores, actrices y referentes actualmente del teatro mendocino. 

Creo que la labor de Gladys Ravalle ha sido inmensa, por eso todos la despiden no solo como una maestra sino como una gran mamá, porque eso es una mamá: alguien que hace nacer. Creo que Gladys Ravalle hizo nacer el amor y la pasión por el teatro a muchísimas generaciones y en muchísimas personas muy valiosas en Mendoza. Por eso Gladys Ravalle no es solamente una gran actriz o directora o alguien grande en el mundo del teatro, sino un importantísimo referente de la cultura de Mendoza".

Por su parte, la periodista y agente de prensa cultural, Mariela Encina Lanús, rescata su experiencia con la artista y destaca el compromiso que tenía por construir las bases de un teatro feminista: 

"Su pelo encendido lo advertía: a ella la habitaba el fuego. Yo veía a Gladys, la artista, como una gigante de pelo rojo. Ardía en palabras, memoria y picardías. Una simple anécdota se volvía un fascinante relato. Gladys era un poco Sherezade. Me intimidaba hablar con la maestra. Pero cada vez que lo hacíamos -ella, gigante; yo, diminuta- me conectaba con la historia de nuestro teatro. El teatro de Gladys era político. Y en ese sentido iba su búsqueda de hacer teatro con perspectiva de género -o teatro feminista-. "Un hombre no puede describir lo que piensa, siente, vive una mujer. No puede hablar por ella", decía. Gladys no permitió que nadie lo hiciera por ella".

Foto: Eduardo Dolengiewich. / Gentileza. 

"Paradójicamente la partida de Gladys es honrar la vida, porque es el último mensaje que nos dejó al pedir que su velorio fuera esta expresión de alegría, de convocar como en un fogón a los artistas, a sus amigos, a sus alumnos, a sus colegas. Un lugar al que fui y me hizo reflexionar, más allá de estar presente y acompañarla, porque era la música, el color, la danza, las flores, las ramas de jarilla, distintos objetos, las fotos de su vida, las que me hicieron pensar que hasta el último minuto nos dijo qué significaba en el mundo, luchando, resistiendo, peleando por los sueños, los ideales, la igualdad, por la justicia. Una mujer de la que disfruté y de la que me honró su amistad, su cariño y su respeto", cuenta Fabián Sama, gestor cultural desde hace muchos años, y hoy Director de Estrategias Culturales del Gobierno provincial.

"Aprendí un montón de ella. Encontrándonos alguna vez, yo viniendo de San Rafael con la devoción de que yo sabía que ella era la gran artista mendocina y ella descubriendo a un atrevido que escribía guiones, que la invitaba a grabar textos. Voy a rescatar el último texto que yo escribí y ella grabó para tenerlo en mi recuerdo. Te celebro Gladys. Te celebro en ese humor hasta el final y el legado que dejaste más allá de tu trayectoria y tu producción artística, las salas que abriste. Está esta lección de humanidad y que se notó en tanta gente que fue a despedirte con una sonrisa, con un color, con una música. Siempre estarás en mí".

Gladys Ravalle, la gran actriz, directora teatral y referente de la cultura de Mendoza, quería ser recordada con alegría. "La vida hay que bailársela y hay que cantársela", dijo en el programa En La Caja de Unidiversidad (que se puede ver en YouTube) hace un tiempo atrás. 

"A mí me ha costado mucho trabajo elegir la alegría para vivir. Muchos sufrimientos, muchas privaciones, muchas noches de frío, darme con la cabeza con un montón de cosas, cambiar parejas, cambiar de hombres, cambiar de casas, cambiar de esto y lo otro. Elegir esto no y esto sí, esto lo quiero para mí. Hasta que un día dije: la alegría. La vida a vivirla y a cantarla. Es una aventura que merece todo eso".  Gracias mujer artista. Por el legado y tu vida llena de sentido.

***

Todas las imágenes publicadas en este artículo -con excepción de la foto de Gladys Ravalle junto a la actriz Andrea Simón- pertenecen al reconocido fotógrafo Eduardo Dolengiewich, quien generosamente se sumó a este homenaje a través de su registro. 


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Comentarios
Paula
08-02-22 20:20
Qué hermosa nota! gracias
Tu comentario
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