Opinión
Lo que dejó 2021: amenaza de hegemonía y dispersión opositora
Domingo, 2 de enero de 2022
Por: Luis Ábrego

En un contexto de extrema incertidumbre para este 2022 que recién se inicia, donde a la habitual inestabilidad política y económica con alta inflación deberá computársele también un presupuesto nacional reconducido tras el rechazo opositor en Diputados (por ende, sin previsiones reales y alta arbitrariedad en la asignación de partidas), habrá además dos grandes incógnitas sin despejar para Mendoza y de cuyo desarrollo podrá evaluarse -satisfactoriamente o no- el nuevo año.

Por un lado, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) al que tanto desde el Gobierno como desde los distintos ámbitos se ve como imprescindible para empezar a estabilizar las variables macroeconómicas; y por el otro, la nueva amenaza del impacto de la variable Ómicron que ha vuelto a poner en prioridad el escenario sanitario, con las derivaciones que ello supone en el resto de la vida cotidiana y la actividad económica si debieran imponerse -otra vez- restricciones ante la pandemia.

Por lo pronto, es la cautela la que guía los movimientos tanto en la Casa Rosada como en la Provincia, en procura de no introducir mayores tensiones a las ya existentes por imperio de la realidad. Prueba de ello fue la firma sin mayores resistencias al Consenso Fiscal que impulsó la Nación y que Rodolfo Suárez no dudó demasiado en rubricar esta semana ante la queja, incluso de socios y aliados, además del propio sector empresario.

Una rápida suma y resta, así como de análisis de oportunidades, le bastó al gobernador para saber que debía dar el presente en pos de una futura renegociación de deudas con la Nación que si no se hubiera firmado habría complicado las cuentas públicas: se trata de unos 22 mil millones de pesos para 2022. Para evitar más críticas por el aumento de la presión tributaria que pudiera habilitar este Consenso, Suarez prometió públicamente que no habrá subas de impuestos, ni creación de nuevos tributos en Mendoza, una postura que además acordaron en la mesa nacional de Juntos por el Cambio (JXC).

En todo caso, calculan en el Ejecutivo, la firma sólo obligará a retrasar la demanda judicial que Mendoza ya tiene en estudio por la distribución de fondos discrecionales en la pandemia que Hacienda ha calculado en 18 mil millones de pesos que no llegaron a la Provincia. No así al reclamo administrativo que perfectamente puede correr este año y que, de resultar negativo, será la antesala que habilitará luego el inicio del juicio que recién se podría comenzar a litigar en 2023.

En esta circunstancia, Suarez jugó una postura intermedia, en sintonía con el resto de los gobernadores radicales, pero diferente de la de Horacio Rodríguez Larreta quien directamente no firmó el documento que establece topes (en muchos casos por encima de los que ya se cobran) para las alícuotas de impuestos provinciales. En esa postura de claro rechazo se anotó Omar De Marchi, quien volvió a criticar a Suárez por acceder al pedido de Alberto Fernández, en línea con su marcada estrategia de diferenciación que viene in crescendo desde hace semanas. ¿Incluirá al diputado nacional el rótulo de "malintencionados" que el gobernador utilizó para responderles a quienes le criticaron su adhesión a este pacto fiscal?

Por lo pronto, el Ejecutivo ya envió este Consenso a la Legislatura para su ratificación y habrá que ver cómo se comporta allí el bloque del Pro que responde a De Marchi. Es que más allá de esta controversia, a la que habrá que seguir de cerca en 2022, Suarez se siente refrendado por el resultado electoral de este año que le otorgó un amplio triunfo tanto en las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) como en las generales, lo que garantiza en principio, un tránsito tranquilo en los dos años que restan de mandato. En especial, desde el punto de vista legislativo, siempre y cuando las diferencias entre radicales y el Pro no se profundicen al extremo de la confrontación en el recinto y eso termine perjudicando al Ejecutivo. El Consenso Fiscal bien puede ser un téster de esa relación.

En tren de balances, el 2021 que ya se fue estuvo signado por el debate y la fricción propia de un año electoral que fue en extremo ventajoso para el oficialismo, aunque no exento de controversias como fue la propia inclusión de Suárez en la boleta del Frente Cambia Mendoza (FCM), una disputa que incluso llegó hasta la Corte Suprema de la Nación.

El fallo habilitante del máximo tribunal dejó además al descubierto lo anacrónico de nuestra Constitución Provincial ¡de 1916!, pero que sin embargo, sigue dilatado su debate legislativo. Y con un agravante, sin mayores explicaciones sobre los motivos o argumentos para negar el tratamiento de la ley que sólo declare la necesidad de la reforma. Una necesidad además demostrada en infinidad de situaciones cotidianas sobre las que cierta clase dirigente no parece tener registro. Ni respuestas. Sin dudas, 2022 será la última oportunidad que le queda a Suarez para avanzar con este asunto.

Está claro que a la política muchas veces no le importan las políticas, sino el resultado. En especial si es un año electoral como el que pasó que no sólo significó la consolidación del proceso político que inició Alfredo Cornejo en 2015, sino que además el oficialismo pudo ratificar su liderazgo en la mayoría de los departamentos; incluso aquellos más poblados, tanto del Gran Mendoza como del resto de la Provincia, amenazando bastiones históricos del peronismo en Maipú o San Rafael que le otorgan perspectivas más que competitivas para el 2023 cuando además se elijan otra vez intendentes, pero también gobernador y vice. Y obviamente, presidente de la Nación.

Esa fortaleza oficialista parece teñir de un halo hegemónico al FCM, que se potencia con el grado de dispersión (y en muchos casos desorientación) que exhibe el arco opositor en Mendoza. Está comprobado el estancamiento electoral del Partido Justicialista (PJ) que pese a ofrecer alternativas más ortodoxas como en su momento fue Adolfo Bermejo, o más disruptivas como Anabel Fernández Sagasti, o incluso combinarlos en una misma lista, no logra sintonizar con las demandas de los votantes locales.

A ello se le sumó este año una profunda atomización del resto de las fuerzas que ofrecieron un sinnúmero de opciones que sin embargo, salvo el Partido Verde (PV) o el Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) no lograron captar demasiadas voluntades. Un lote en el que además se anotaron el Frente Vamos Mendocinos (FVM) en un nuevo fracaso que volvió a exponer la crisis ¿terminal? del Partido Demócrata (PD); el Partido Federal (PF); Compromiso Federal (CF) y el Partido de los Jubilados (PdJ). Es decir, seis expresiones que parecieron sólo competir por la medalla de la "tercera fuerza", emulando tal vez aquel emergente que significó José Luis Ramón y su ahora desdibujada y kirchnerista Protectora, pero que sin embargo dejó a casi todos -salvo los verdes con un diputado y algún que otro concejal, al igual que el PF- con las manos vacías.

Una instancia que debería obligar a repensar las razones de la construcción política o los intereses individuales que suelen motorizarlas, así como la conformación de frentes, partidos o la resurrección de sellos para competir en las elecciones que sólo parece ser un negocio para pocos y no una efectiva expresión que robustezca la oferta electoral y las alternativas para la ciudadanía. Nada de eso pasó en Mendoza. Por el contrario, se desplegó un abanico que no hace más que sumar dispersión opositora y por ende, consolidar aún más al oficialismo.

Con estas cartas, la de las fortalezas propias y las debilidades ajenas, Suárez enfrentará 2022 más pendiente del escenario nacional que de lo que aquí suceda, aunque -claro está- todo termina repercutiendo en el pago chico. Desde la estrechez presupuestaria nacional -con su correlato en las ya solicitadas paritarias estatales- a los condicionamientos que un arreglo o no con el FMI (y todo lo que ello implica) puede generar. Pero también con un ojo puesto en una pandemia que muta para reconvertirse y cuando parece que habrá alivio, vuelve a traer malas noticias. Como el mismo país.

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