Columna del domingo
La historia de Papá Noel: las buenas historias en las empresas
Domingo, 26 de diciembre de 2021Escribe: Eduardo Press.

San Nicolás (de él se trata) nació en Turquía, en el 305. Nicolás era un muchacho rico que al morir sus padres decidió repartir su riqueza entre los pobres. Se hizo monje, actividad que debió abandonar cuando heredó de su tío el obispado de Myra.

Su historia de obispo comenzó a alimentarse con relatos de resurrecciones, actos heroicos de justicia y sobre su generosidad y facilidad para regalar.

Murió joven, el 6 de diciembre de 343. Los relatos más o menos legendarios sobre sus milagros comenzaron a multiplicarse hasta convertirlo en santo, San Nicolás. Su pertenencia fue disputada por cada lugar de Europa donde se recreaban sus historias y le daban un carácter local al santo.

Sus restos descansan en forma definitiva en el puerto de Bari, lugar al que los llevaron en 1087 marinos italianos para salvarlo de los piratas sarracenos. A partir de entonces San Nicolás de Bari fue uno de los santos más venerados de Italia y de Europa.

A partir del siglo XIII se difunde la tradición de San Nicolás de repartir regalos a los niños en cada aniversario de su fallecimiento.

Cuando los holandeses colonizan América del Norte y fundan Nueva Ámsterdam -actual Nueva York- llevan consigo la tradición de San Nicolás.

Según los países pasó a llamarse Santa Claus, Papá Noel, Père Noël, Father Christmas por mencionar los más conocidos.

Los primeros dibujos de un personaje con trineo, renos, su gordura, su cara bonachona y bolsa de juguetes, los realizó el dibujante de una juguetería muy conocida entre 1860 y 1880. Luego no se supo más nada hasta que en 1931 los Estados Unidos se preparaban a pasar una de las peores navidades de su historia, la gente estaba sumida en la miseria y la depresión.

Para levantar el ánimo nacional e incrementar sus ventas, una empresa de gaseosas encargó a un dibujante que recreara la imagen de Santa sin alejarse del clásico de la juguetería, alegre, simpático, bien alimentado, con un traje vistoso, entrador, esperanzador y, vestido con los colores de la marca: rojo y blanco.

Aquel Nicolás del siglo IV obispo de una región de la actual Turquía, más conocido como San Nicolás de Bari, nunca habrá imaginado que terminaría siendo la imagen de una bebida y símbolo de la nochebuena y los regalos.

Las historias

Lo interesante de esta historia es como desde un personaje real nacido en el año 300, 1800 años después se transformó en un personaje de ficción. De algo conocido se creó algo nuevo a través de historias y leyendas.

El actual Santa Claus desde aquél Nicolás se fue armando a través de sucesivas historias que se fueron sumando y las cuales se le fueron agregando nuevas hasta nuestros días.

La creación de imágenes, símbolos y leyendas, es una de las características de una buena historia.

Las historias y las empresas

¿Qué tiene que ver la historia de Papá Noel con las empresas?

En que sucede algo parecido. Las empresas no surgen de la nada, todas tienen una, varias historias, con un esquema similar, de algo conocido se creó algo nuevo, son las historias las que empujan a los emprendedores a seguir adelante, a veces uno los escucha y parecen esos caballeros medievales que avanzan contra viento y marea superando todos los obstáculos.

Las buenas historias transmiten los valores, el espíritu y los beneficios de la empresa, factores que integran, motivan y fortalecen los compromisos.

¿Qué es una buena historia?

Una buena historia es la que asocia el pasado con el presente y el futuro, contiene propuestas, contenidos referidos a lo que se está haciendo, a lo que se proyecta hacer, a los beneficios, dirigida a la gente, tiene un componente humano, es cuando toca la fibra emocional. El destinatario de la historia siempre es la gente.

Una buena historia es aquella que impacta emocionalmente en los que escuchan

¿Qué ingredientes tienen las buenas historias?

Si bien no existe una receta única para crear una historia y cada uno tiene que encontrar su propio estilo vamos a compartir algunos elementos que en nuestra experiencia son recomendables.

Siempre estamos contando una historia, aunque muchas veces no nos demos cuenta, es importante detectar en uno mismo qué es lo que más impacto produce en nuestros interlocutores.

· Una historia debe contener un comienzo que atraiga la atención, un desarrollo y un cierre (el clásico "había una vez" de nuestra infancia es un inicio que atrae la atención).

· Un antes y un después, la que pasaba, lo que pasó y lo que viene. Hacia dónde nos dirigimos. Vale tanto para adentro de la empresa como para afuera.

· Un personaje con el cual identificarse, un ejemplo de alguien que estuvo o que está, su experiencia. Su antes y después, puede ser por su carrera, sus aportes, como empezó donde está ahora, las posibilidades que se generan. Hablar de personas hace que la historia llegue más fácil a otras personas.

· Apuntar a los sentidos, el más universal es el visual, se pueden transmitir imágenes oralmente, los estímulos visuales van directo a activar centros emocionales en nuestro cerebro. ¿Cómo se estimula lo visual cuando no se cuenta con imágenes? Creándolas. Sugiriendo a los interlocutores que "miren" con los ojos de su mente, hablar en imágenes..."estoy viendo", "pongan esta imagen en su mente", "vean el panorama que se abre...."

· Las acciones deben estar alineadas con la historia. De no ser así pierde su fuerza, genera desconfianza, desmotiva. Ya no es una buena historia.

Amigo lector: Eduardo Galeano escribió: "Los científicos dicen que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias"

*En colaboración con la Lic. Sofía Florín, especialistas en Psicología Organizacional, Empresas Familiares y Emprendedores.

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