Opinión
Esa antigua Estrella de Navidad
Domingo, 19 de diciembre de 2021Por Myriam Ruiz.
Por: Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

¿Ya saben que tenemos una visita del espacio exterior, por estas fechas, en la Tierra? Claro... el cometa Leonard llegó finalmente luego que fuera avistado por primera vez el 3 de enero de este año por el astrofísico Greg Leonard (de ahí su nombre) que se encargó de seguirlo y dibujar su órbita. Por las fechas en que llega a nuestro planeta, al cometa se lo llama "Estrella de Navidad" por su similitud con la estrella de la que hablan los textos antiguos que alumbró el camino de los Reyes hacia el pesebre de Belén.

¿Coincidencia? ¡Es un cometa, una estrella con cola, justo para estas fiestas! ¿Por qué no puede ser tomado como un mensaje de luz, que es lo que realmente es? Luz cósmica, extraña, alienígena. Distante y hermosa luz.

Para muchos, el Cometa de la Navidad se ha transformado en un recuerdo de que estas fechas deben, y pueden, ser distintas.

En Argentina estamos llegando a un fin de año difícil, traumatizado por lo que fue la guerra contra el covid durante el 2021 y que dejó miles de familias que este fin de año estarán llorando alguna ausencia. Un año, además, conflictivo por el alto costo de vida que no para de aumentar y que resta poder adquisitivo a trabajadores y jubilados.

Entonces, ¿por qué no poner una pequeña cucharadita de esperanza en esa luz que se empeña en alcanzar a Venus en el cielo nocturno y que en unos días volverá a abandonar nuestro espacio cercano para otro viaje de 83 mil años?

El tiempo que dediqué buscando al cometa Leonard en el horizonte bajo, lo gané recordando aquellas costumbres navideñas que hacían de la infancia un lugar mejor.

Recordé esos días anteriores a Nochebuena en los que hacíamos expediciones en el barrio de los abuelos, buscando las mejores piedras para construir montañas y rocas en torno al pesebre de Belén.

Esas manualidades en la escuela, para fin de año, de prolijas guirnaldas de papel glasé y estrellas con purpurina para el pino. Y esas Navidades escribiendo largas cartas a Papá Noel, con letras gorditas rebosantes de esperanza igual que la magia en los ojos de mi niña. Y con palabras unidas de las manos, como trencitos que marchan cantando villancicos hacia el Polo Norte... o el Polo Sur (porque el Sur, también existe).

Y las luces de navidad, claro. Que tienen chispitas que alegran el corazón en los hogares de mi gente, en pueblos o ciudades.

Esas luces navideñas hurgan en mi alma también, buscando sonrisas y quitando moho a las emociones. Al fin y al cabo, ¿qué pueden entender ellas de los largos años esperando por ver a mi gente resurgir de las cenizas? ¿Qué puede saber una estrella de Belén del temor a los desmanes o de crisis de fin de año?

No. Las navidades están pensadas para otra cosa. Para que -como escribió Laura Esquivel en Como Agua para Chocolate- "busques esa caja de cerillas que todos llevamos dentro" y encuentres la emoción que te encenderá por dentro. Como una lucecita más. Como un fueguito que arde tranquilo pero constante y cuyo calor guía hacia una realidad mejor.

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