Galería Mandrágora
Cuando vender arte es un arte
Martes, 14 de diciembre de 2021
Por: María Eugenia C. Vila

Son las cinco de la tarde y detrás de un portal de vidrio que tiene impreso el logotipo de "Mandrágora Galería" hay una mujer subida a una pequeña escalera. Está descolgando una obra de arte. En ese horario el sol ilumina el espacio con una calidez especial. Ella lo sabe. Como sabe también que la calle San Lorenzo, donde está ubicado actualmente el local, es una de las arterias más lindas de la ciudad. Conoce a la perfección el movimiento de gente y de comercios que le dan vida. Da explicaciones sobre el tema como una experta. Argumenta sus razones. No hay duda que conoce el entorno en donde está instalado su negocio.

Esa mujer es Andrea Cano y hace 15 años que se dedica a vender arte. No es de dar notas para hablar sobre ella, pero esta vez accede. En todo este tiempo ha construido en la provincia un oficio sólido y dentro del rubro puede dar cuenta de un estilo que le es propio. Ella, de apoco y con determinación, es quien irá develando cuál.

Andrea Cano junto a la obra de Federico Calandria. Foto: Cristian Lozano. 

Construir un destino

Se dice que hay destinos que uno sale a buscar y otros que te encuentran. El de Andrea Cano con el arte y la gestión de venta parece tener bastante de esto último. Algo así como una serendipia, ese hallazgo valioso y casual que se da cuando se está haciendo o buscando algo distinto. 

Según cuenta, no creció en un hogar donde hubiese obras de arte y su camino laboral estaba encaminado, por así decirlo, en otra dirección. Pero sucedió que siendo muy joven conoció y formó una familia con el pintor Osvaldo Chiavazza, uno de los referentes contemporáneos de las artes visuales de la provincia, y si bien ese vínculo terminó hace tres años, convivir en un ambiente creativo hizo surgir lo que hoy es su profesión: comerciante de obras de arte.

"A veces pienso que no está bien que uno diga esto, pero yo no soy artista, yo soy comerciante. Cuando yo firmo qué soy, pongo que soy comerciante. Como para un artista hacer un mural grande es especial, bueno, para mí vender una muestra entera es especial. Es mi éxito", cuenta.

Si hay rasgos de personalidad que pueden delinear el retrato de esta mujer galerista, estos son la disciplina y la organización. Dos cualidades que las tiene bien identificadas y que las va a nombrar varias veces durante la entrevista. Es que con estas aptitudes Andrea fue moldeando una vocación que la pone en el centro de dos mundos: el de las personas que compran arte -es decir los clientes- y el universo de los artistas con esa forma más onírica y sensible de transitar esta existencia. Ella es el puente, y conocer muy bien ambos lados generó una forma de trabajo que le funciona.

Pero es mejor conocer por ella misma el recorrido de su historia con el arte y el surgimiento de Mandrágora Galería, que después de funcionar varios años en un local de la calle 25 de Mayo de Ciudad, cierre y pandemia de por medio, hace poco volvió a abrir sus puertas con un concepto renovado.

"Yo empecé porque mi ex pareja es artista plástico y llegó un punto en el que él, en su concentración de trabajo no tenía ganas ni tiempo de atender clientes o atender en general pedidos, llamadas, etc. Y yo soy una persona muy organizada, lo soy desde muy chica. Empecé a trabajar con él en lo que era hacer colecciones para hoteles, para empresas o para edificios enteros", comenta Andrea, que venía trabajando hacía varios años como Técnica de Laboratorio, y que también tiene estudios en Ciencias de la Educación y Comunicación Social, y que un día dejó todo para dedicarse exclusivamente a este camino que fue construyendo a partir de ponerle entusiasmo e intuición. 

"Empezar a hacer estos trabajos hizo que llamara a otros artistas más porque no todo iba a ser del mismo y entonces empecé a trabajar con otros artistas, entre ellos Oscar Reina que está conmigo desde el día uno. Y ya después empecé a trabajar haciendo colecciones en donde a veces participaban 8 o 10 artistas distintos y empecé a necesitar tener un local porque no podía mostrar cosas de otros en mi casa o en el taller de otro artista o repartirme en 8 talleres. Y así fue que lo armé en Buenos Aires. Allá no era Mandrágora, era mi nombre. En ese momento nunca lo pensé como galería porque era a puerta cerrada. Y después por otras cuestiones personales volvimos a Mendoza y ahí armé el local de 25 de mayo donde estuvimos 3 años", relata.

Por motivos personales ese primer local cerró en el en febrero del 2019. Andrea se tomó un año sabático para repensar algunas cosas, se separó de su pareja, se fue un tiempito a Buenos Aires y después llegó la pandemia donde tuvo que frenar -como todo el mundo- cualquier tipo de planes. La venta de cuadros la siguió impulsando por Internet y también aprovechó el encierro para comenzar a estudiar Comercio Exterior y para hacer exportaciones de obras de arte. Sobre esto último cuenta que le va muy bien porque hay no hay mucha gente trabajando en esto. "Tenés que saber de trámites aduaneros y saber de arte y no hay muchas personas que sepan de las dos cosas", explica.

Fue recién cuando las cosas volvieron a ponerse en funcionamiento en esta nueva normalidad que Andrea retomó las ganas de que el contacto con el arte y la gente fuera directo y presencial. Se consiguió un local nuevo y reabrió Mandrágora. ¿Por qué Mandrágora? "Es una planta que por fuera parece un yuyito y la raíz que es media fea es en realidad es súper poderosa. Me gustó esa idea de que algo que parece re simple, puede ser muy poderoso si uno mira un poquito más, mira lo que no quiere ver. Y también por Harry Potter", cuenta sobre el nombre que eligió para su proyecto y se sonríe.

Foto: Cristian Lozano. 

-¿Con qué nuevo concepto abre de nuevo la galería?

-Bueno, en 25 de Mayo era 70 metros cuadrados, lo que me daba la oportunidad de poder hacer muestras individuales de un mes y ya estaban prefijadas con un año de anticipación. Esa era la modalidad. Había una pequeña trastienda y ya.

Este lugar es más pequeño, se puede hacer una individual bastante digna, pero tampoco yo tenía ganas de estar trabajando con el mismo artista durante tanto tiempo porque también por el circuito de gente que pasa, que pasa semanalmente o cada 15 días, tiene que haber una renovación de obras. Y para cambios permanentes tenés que tener varios artistas juntos. Entonces lo quise hacer más como una tienda que vende artículos súper especiales como son las obras de arte, pero más de estilo tienda y no de visita para exposición como galería. Al principio lo había planeado mucho más tienda, con objetos más pequeños y con otro tipo de obra, pero al final terminó siendo más como la otra y es galería. Estamos como en ese medio entre galería y una tienda. A tienda me refiero a que es un lugar donde podes comprar obras pequeñas, muy accesibles, de distintos artistas que no estén haciendo una individual. Es más variado.

El corazón de un negocio muy especial

Como dueña y directora de una galería de arte, Andrea Cano no expone a la venta cualquier objeto, los productos que comercializa -como bien aclara- son verdaderamente especiales porque son obras de arte. Y es en esta charla que se mete a fondo a contar las particularidades de un oficio que fue construyendo por sí misma y al que le está dedicando su vida.

-¿Te acordás de los inicios, de las cosas que fuiste percibiendo para que tal o cual artista se proyecte de una manera que sus obras se vendan?

Mirá, a mí lo que me enseñó todo es el camino. Bueno, aparte que tuve maestros en el oficio del arte que han sido Chiavazza y Caner, con los dos aprendí mucho. Caner (Fausto) era una persona con la que hablabas y aprendías de un montón de cosas. Era una persona increíble. Con Osvaldo también, trabajando juntos, trabajando en el taller haciendo proyectos grandísimos, hicimos muchas cosas realmente buenas. ¿Pero sabés que creo? Que lo que también a mí me ayudó y lo que hace por ahí que mi estilo sea ese y no otro, es que yo vine de cero. De trabajar en un laboratorio. En mi familia no habían obras de arte y todo lo fui descubriendo por mí misma. Descubriendo el valor que tiene, la función que tiene, lo que pasa ante una obra de arte. Ese camino lo hice. Me parece que eso es lo que ayuda a que yo pueda trasladar todo lo que hace un artista al cliente porque yo he visto como trabajan y como es el proceso. Acordate que yo tengo que hacer esa conexión. Yo trabajo para los dos, para los artistas y para los clientes.

Y a su vez, eso me ayuda mucho con los clientes porque puedo traducir toda la parte artística a alguien que no es de ese palo. Entonces está muy bueno. Yo siempre hago esta analogía: vos cuando vas al médico le decís me duele acá y le señalás la panza, no usás ni lenguaje técnico, ni sabés las expresiones específicas. Sólo tratás de manifestar lo que sentís, lo que te está pasando. Lo mismo pasa con las personas del público que ven las obras. Pero eso tiene que ser de alguna manera también transmitido a los artistas. Tiene que haber un vínculo porque sino empieza a haber como un problema incluso de vocabulario. La idea es que relaje uno y que relaje el otro para que se encuentren.

Por este motivo también la galería tiene un espacio físico, porque la idea más allá de la venta que es una parte de la historia, la idea es que conecten. Que vos sepas quién es tu público como artista, y que a la vez, el público sepa quiénes son los artistas de su comunidad, porque si hay algo que vale la pena es conocer a los artistas de tu comunidad. Así como tenés que conocer a tus políticos, deberías conocer a los artistas porque los artistas son los que llevan el tono del tiempo, el tono de la época. Si no sabés eso es como que te está faltando una visión. Y acá estamos muy encerrados en el periodista, el economista, en el político y el artista también tiene mucho para decir para que se traduzca en lo que yo opino, pero tiene que haber gente que haga esa...

-¿Conexión?

-Para mí es una traducción, porque a veces es una cuestión solamente de lenguaje. Yo me he dado cuenta de eso. Me parece que es importante y lo he visto con muchos artistas. A veces la comunicación se corta por palabras equivocadas. A veces una artista se pone mal porque alguien dice dibujo a una obra. Y bueno, dicen eso porque no saben, es contador. Y eso yo lo aprendí porque yo vengo de ese otro lado del no saber. Yo lo aprendí todo de la nada y lo fui haciendo todo así, con la intuición, con las ganas y con entusiasmo, pero sin información académica. Y como galerista es re hermoso porque viene alguien que nunca vio un original y las respuestas que tienen son alucinantes y el cambio que se da en esa persona es muy grande. Parece que no pero se produce un cambio. Desde ahí empieza a ver, a interesarse más, a comprar un librito, a seguir artistas en Instagram.

Si hay algo que vale la pena, es conocer a los artistas de tu comunidad. Así como tenés que conocer a tus políticos, deberías conocer a los artistas porque los artistas son los que llevan el tono del tiempo, el tono de la época. Si no sabés eso, es como que te está faltando una visión.

-¿Cómo es el perfil de una persona que compra una obra de arte? No sé si se puede generalizar, pero es más común que una persona gaste dinero en un celular y no en una obra de arte.

-Igual hay un mito, ¿eh? De que las obras de arte son carísimas. No son carísimas, carísimas son otras cosas. Carísimo es un televisor enorme. Hay cuadros más grandes que ese televisor que sale la mitad. Es una locura. Y esas cosas aparte van perdiendo valor, los cuadros no.

-Pero la gente va a comprar un celular y hasta se endeuda. Y con las obras de arte no pasa igual en una proporción mayoritaria. ¿Por qué creés que se da esto?

-Yo creo que es una cuestión de difusión. Si nosotros fuéramos una provincia..., bueno ahora por suerte ya están los museos abiertos y refuncionalizados, lo cual es hermoso, pero hasta hace muy poco los tuvimos mucho tiempo cerrados. Hubo una generación que no fue de visita escolar a ningún museo, parece que no pero eso va a dejar una huella horrenda. Entonces por ahí acá viene gente y ve el precio y dice ahh, lo puedo tener, al final salía lo mismo que un afiche o que alguno de esos carteles que dicen "vive, sueña y ríe". Es una cuestión de que haya una mayor difusión y que se den cuenta de que no es algo inaccesible. Y también lo que te decía, a veces hay una brecha larguísima entre el artista y el cliente. Entonces los tenés que acercar de alguna manera. Que sea más accesible. Que no te de tanto pavor ir al taller de un artista y que no te de pavor entrar a una galería o hablar con un artista de su obra. Para eso exponen, que se la banquen. Que se curtan un poco.

Igual hay un mito, ¿eh? De que las obras de arte son carísimas. No son carísimas, carísimas son otras cosas. Carísimo es un televisor enorme. Hay cuadros más grandes que ese televisor que sale la mitad. Es una locura. Y esas cosas aparte van perdiendo valor, los cuadros no.

-¿Cuándo fue que te diste cuenta que podías ser buena en esto?

-En la primer muestra individual que organicé que fue en la Bolsa de Comercio. Hicimos cartelería, amooorrr. Estaba toda la ciudad empapelada con la muestra. La muestra se vendió entera en la primera semana. A veces pienso que no está bien que uno diga esto, pero yo no soy artista, yo soy comerciante. Cuando yo firmo qué soy, pongo que soy comerciante. Como para un artista hacer un mural grande es especial, bueno, para mí vender una muestra entera es especial. Es mi éxito. Y hasta ahora llevo un invicto. Todas las muestras de la Bolsa de Comercio las he vendido enteras, entonces ahí dije "yo creo que soy buena en esto", "creo que no me sale mal" (se ríe). Y la verdad otra cosa que no se me da mal, que es lo que también hago acá, es hacer una colección donde hay varios artistas interactuando.

-¿Qué estén dialogando?

-Exacto. Por ejemplo, para un hotel, para una empresa, me dicen que necesitan para un lobby, restorán, cava, habitaciones, suite y yo sé armarlo en mi cabeza y todo tiene una razón de ser, una congruencia y está todo perfecto y súper confío en eso. En eso sé que soy buena: en los montajes.

-Bueno, hay todo un oficio construido...

-Sí y que me da una confianza. Con el tiempo empecé a decirles a los artistas que los montajes los hago yo. Eso fue un gran salto porque antes los hacían ellos, pero ahora no. Los podemos llegar a hacer en conjunto, pero ahora yo opino y me involucro. Y generalmente los termino haciendo yo porque realmente tengo la mirada de la persona que va a visitar. Los artistas tienen la mirada de cuando ellos lo hicieron, que es muy introspectiva y personal, entonces a veces eso se pierde en el montaje porque montan de una manera que solo ellos entienden, en cambio yo entiendo a quien lo va a ver por primera vez, que es lo tiene que ver después y etc. Y lo sé. No sé cómo, pero lo sé (se ríe). Creo que así me di cuenta de eso. Cuando ya pude decirle a los artistas: esto lo voy a hacer yo.

-Según tu experiencia, ¿hay un mercado del arte en Mendoza?

-Sí (rotundo).

-¿Y cómo es este mercado?

-Hay por ejemplo una tradición de gente que compra de arte y viene de las grandes familias vitivinícolas de la provincia: Pescarmona, Cartellone. Ellos, más toda su familia, vínculos y ambiente están acostumbrados porque tienen obras de arte de sus abuelos. Es como lo que te decía lo de los museos, si vos en la casa de tu abuelo creciste viendo obras de arte a vos ya no te parece tan antinatural comprar un cuadro. No es una cuestión de dinero, te parece natural comprarlo, ¿entendés? Eso creo que está pasando. 

Y después ahora he visto otra cosa, que por eso también la galería fue cambiando y fue después de la pandemia. Esto de que se le dio muchísimo más valor a lo visual, porque lo único que teníamos que hacer era mirar. Consumir una estética, consumir una película, un libro, una serie. Todo fue mirar, no podías hacer otra cosa. Los que hacían pan, en todo caso, pero el resto estábamos mucho más en el teléfono, en Netflix o lo que sea que se consuma. Eso creo que también ayudó. De alguna manera amplía un poco más el espectro de lo que la gente ve. Yo conozco gente que antes veía muchos portales de celebridades y ahora siguen a artistas, a ilustradores, al que hace cómics. Eso sí cambió. Me pasó a mí y creo que a muchísima gente más. Por eso también creo que ha cambiado un poco esto de que tener una obra de arte uno no necesariamente tiene que tener un cuadro colgado. A veces puede ser una remera, puede ser un tatuaje, puede ser algo de diseño. El arte en diferentes soportes.

Hace muchos años la gente a mi edad ya se compraba una casa, ahora no sé quién se estaría comprando una casa. Y te lo digo como comerciante porque yo pienso esas cosas. ¿Quién me va a comprar a mí? ¿Alguien que alquila? Alguien que alquila no va a comprar un cuadro grande. La gente ya no compra un mural para ponerlo en su casa y que quede para que mis nietos lo vean. No existe más. Y eso cambió desde que yo empecé hasta ahora. Yo al menos lo he visto cambiar, pero no me desanima en el sentido de creer que no hay mercado, sino que es un mercado distinto. Con otros formatos, con otras intenciones. Antes la gente compraba un cuadro tipo se lo lego a mis nietos y así ha sido. Ahora es: "quiero este dibujo porque me identifica. Lo quiero enmarcar y tenerlo ahí y si quiero también me lo tatúo".

La gente ya no compra un mural para ponerlo en su casa y que quede para que mis nietos lo vean. No existe más. Y eso cambió desde que yo empecé hasta ahora. Yo al menos lo he visto cambiar, pero no me desanima en el sentido de creer que no hay mercado, sino que es un mercado distinto.

-Y vos estás atenta a todo esto, ¿no?

-Y es que si no me voy a fundir, jaja, me quedo sin trabajo si no estoy atenta. Pero mirá, ahí se ve la diferencia entre ser artista y ser un comerciante. El artista hace lo que le nace sin importarle el público. Yo no, yo tengo que estar atenta al público. Tengo que ver qué está pasando y tratar de que todos tengan algo que les guste, que quieran.

-¿Cómo es la escena de las galerías de arte en Mendoza? ¿Hay un circuito?

-En un momento hubo pero duró muy poco. Y creo que todos tenemos estilos muy distintos, muy distintos en la gestión, en cómo se exhibe, etc. Hay otros que son más dedicados a los talleres, otros más dedicados a la experimentación. Yo te diría que soy la más comercial. Como que todos tenemos muchas diferencias y en mí caso creo que no hemos encontrado el punto en común. Pero bueno, también me parece que es así como es. No hay que perder de vista que somos un negocio y que se compite. Es un lugar muy chiquito. Yo soy muy restrictiva en muchas cosas. Por ejemplo, un artista que trabaja conmigo yo pretendo que no trabaje con otra galería acá en Mendoza, simplemente porque no tiene sentido. A mí me gustaría que cada galería tuviera su especificidad. Ahí por ejemplo no competimos, porque yo tengo tales artistas y vos tenés otros artistas. Ahora, si yo hago una inauguración y vos venís y estás planteándole al artista que exponga en tu galería para mí es un juego sucio, para mí no hay necesidad habiendo tantos artistas. Entonces cada vez mi grupo está más reducido porque el que trabaja conmigo no trabaja en otro lado. Es mucho trabajo y yo gano materialmente con la venta, todo lo anterior son inversiones entonces yo tengo que cuidar eso. Yo trato de trabajar de tal manera de bien para que los artistas no quieran ir a otra galería.

(...) Igual todos vamos aprendiendo en la marcha, somos muy poquitos y a todos nos cuesta muchísimo. Por un lado tenés todo por hacer porque no hay competencia, pero por otro es complicado. Aparte no todos los artistas venden, no todo el mundo compra, entonces a veces trabajás un montón y no funcionó. Eso te desanima porque no es como el artista que ya hizo lo suyo. A mí me ha pasado de comerme muchísimas muestras que no he vendido, entonces hay que saber cuál es tu lugar.

-¿Qué tiene que tener un artista para que forme parte de tu galería?

-Sinceramente lo que yo busco es que tengan producción. Eso para mí es importante, porque si yo voy a trabajar con ese artista voy a trabajar por un tiempo. Entonces si vamos a trabajar juntos hay que hacer producción, si yo vendo tenés que reponer, tengo que tener variedad para mostrar. Generalmente busco gente que ya tiene su taller, que trabaja periódicamente, que ya ha hecho sus muestras. Sí asesoro a un montón de chicos cuando vienen y hablamos, pero la verdad es que es una galería comercial y necesitamos vender, entonces lo que busco es que haya producción.

Después me gusta mucho que tenga un estilo que sea bastante propio y original. Todos acá son artistas figurativos pero dentro de lo que hacen son bastante únicos, entonces eso sí lo busco, que no se parezca uno al otro. O a otra cosa. Y después también sinceramente busco algo en lo personal, que valoren mi trabajo. Eso para mí es muy importante. Yo me doy cuenta quien valora a los galeristas y quiénes no. La mayoría de los artistas odian a los galeristas.

-¿Por qué creés que los odian?

-Un poco porque se hacen odiar, jaja. Un poco porque quizás estamos en una posición jodida, porque somos quienes exigimos, quienes hacemos los acuerdos comerciales. El artista de por sí, y no lo digo por galeristas de Mendoza en absoluto, pero la fama de los galeristas siempre ha sido de poner un poco la mano en la lata, ¿viste? Hace poco se estrenaron unos documentales de Netflix de todas las tramoyas que se han hecho en el arte y no las hacían los artistas, las hacían los galeristas y los curadores y los tasadores, entonces tenemos una mala fama de por sí. Y también porque somos quien exige. Me tenés que tener todas las cosas tal día y a nadie le gusta eso, ah..., pero cuando vendemos está bueno. Y creo que también para ellos es difícil que una persona gane un porcentaje de algo que han hecho ellos y que es tan propio, tan único y tan íntimo. También con el tiempo se dan cuenta que si no estamos eso se queda en su casa para siempre.

Pero sí te puedo decir que yo con todos los artistas con los que trabajo tienen que valorar lo que hago, sino empiezan los problemas. A mí me gusta el arte, pero yo esto no lo haría solamente para que vos vengas a exponer, ¿entendés? Yo también quiero seguir viviendo de esto para poder tener una galería más grande, galerías en otros lados. Son todas cosas que sí quiero hacer, y si las quiero hacer tenemos que trabajar y vender. Parece que no pero es así. Esto es una sociedad, yo los ayudo a ellos y ellos me ayudan a mí.

Foto: Cristian Lozano. 

-En esta profesión siendo mujer, ¿te costó más ocupar un lugar?

-A mí me costaba en el sentido -más que nada- de que a la hora de encarar proyectos he quedado siempre relegada al segundo lado porque más que la idea era mía. Siempre le quedó el crédito al varón más cercano. Eso sí pasó cuando estaba casada más que nada. Me pasaba con otras mujeres incluso. Hay personas que no pueden entender que por ahí una mujer haga las cosas solas. No sé, es su cosmovisión, les cuesta. Y eso sí me pasó. También me pasó de estar en reuniones, en talleres con muchos artistas y decir "podríamos hacer esto" y nadie escuchando, y que venga otra persona varón a decir "podríamos hacerlo en blanco" y todos "¡qué bien tu idea!". Que creo que es algo que a todas nos ha pasado.

Ya ahora acá, con la galería como que no. Ya no. Yo creo que ahora está más establecido que sí, que soy yo la que hago las cosas. Yo siempre tuve muchísima ayuda de Chiavazza, yo aprendí muchísimo de él, pero lo cierto es que la galería era y es mía. Los montajes eran míos y la selección de artistas era mía. Yo tenía su apoyo, pero era el apoyo, no lo hacía él. Esto lo aclaro también para liberarlo a él de la responsabilidad de que la gente todavía le dice ahora, tres años después de que nos separamos, che tenés de nuevo la galería en la calle San Lorenzo.¿Entendés? Es ese machismo que está circulando. Pero sí siento que ya se debería cambiar esa cosmovisión. Acá mucha gente también cree que este lugar me lo paga mi papá o que me lo paga un marido y no, me lo pago yo. Yo soy la dueña, lo pago yo. Creo que estas cosas a todas nos pasan. Esto pasa en todos los ámbitos. De todos modos creo que yo tengo la parte más suave, porque es un trabajo llevadero, lindo. Debe haber situaciones peores.

Obra del artista Osvaldo Chiavazza expuesta a la venta en Galería Madrágora. Foto: Cristian Lozano. 

-Andrea, ¿qué es el arte para vos?

-Para mí el arte tiene mucho que ver con un estilo de vida. Ya sé que esto es trillado, pero yo eso lo descubrí con mi ex pareja, que el arte no era simplemente un oficio, que era un estilo de hacer las cosas. Un estilo para cocinar, un estilo para armar la cama. Tiene que ver con lo que consumís de lo visual, hasta las charlas que tenés. Es un montón. Mis grandes momentos de revelaciones han sido con películas o con cuadros. Entonces tiene eso, el despertar cosas que ya tenés, pero que la cotidianeidad y la vida horrenda que a veces se presenta no te las deja ver. Entonces la gran rebeldía es mirar las cosas desde ese punto de vista. Desde el punto de vista de que en realidad tenemos las personas, que es hermoso y que lo puede tener cualquiera, un creador o un espectador.

Yo cuando he ido a museos he recobrado la fe en la humanidad. Yo no sé si el tipo que pintó eso es un hijo de puta, si es mala persona, pero mirá lo que hizo. Lo hizo para que alguien lo vea y se emocione. Ahí es como que digo, bueno, no está todo tan perdido. Y si llego a mi casa re cansada y veo Harry Potter, por ejemplo, digo no está todo tan perdido. Tampoco creo que el arte nos vaya a sacar de todas las cosas que están pasando, ni que el arte te ayude en un problema mental porque tampoco lo veo como una terapia, pero sí como algo de donde agarrarte para ver que hay otro lado de la cosa. Hay otra perspectiva. Y que está en los demás y está en uno.

Cuando hacía visitas guiadas en la otra galería y venían chicos de la facultad yo les decía: chicos sorry, pero no todos van a ser artistas, no todos van a ser creadores porque no todos tienen el talento, ni la suerte, ni la perseverancia que son tres cosas que hacen a un artista. No todos tienen las tres cosas, pero no necesariamente tienen que ser creadores. Pueden ser galeristas, gestores, pueden trabajar para el Ministerio de Cultura, pueden estar trabajando dentro del arte y vivir de eso.

***

Galería Mandrágora está ubicada en San Lorenzo 423 de Ciudad. Está abierta de lunes a viernes de 10 a 13 y de 17 a 21. También se puede visitar su sitio web www.mandragoragal.com


*Producción fotográfica de la nota: Cristian Lozano.

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