Añoradas vacaciones
Domingo, 12 de diciembre de 2021Por Myriam Ruiz.
Por: Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

Nunca un año se volvió tan rápido, vertiginoso, peligroso como este año que está a punto de culminar. Y uno llega, a este diciembre, con los huesos cansados de tanta remarla en esta querida Argentina que tanto nos cuida como nos maltrata.

Aunque, hay que decirlo, muchas cosas que nos marcaron estos casi dos años de pandemia fueron globales. Las vivió cada uno de los habitantes del planeta sin importar si vivía en una gran capital, en una ciudad encaramada a las montañas o en un pueblo de mar. La rutina cambió. La vida adquirió otra dimensión, más detallista, algo como de andar entre algodones, de cuidar cada paso que dabas, cada cosa que tocabas y poner máxima atención en -¡caramba!- el cuidado de nuestra propia salud y la de los que nos rodean.

Esa bien llamada "burbuja" nos mantuvo muchos meses alejados de muchísimas cosas. De pronto te encontraste mirando la realidad, el "afuera", desde lejos y relacionándonos con los demás a través de la distancia pulcra del barbijo y del alcohol al 70%.

En lo personal, siempre he creído, como dice Serrat, que "todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar". O sea, esa maravillosa cualidad humana que es la resiliencia, esa capacidad que tenemos de levantarnos de nuestras penas y dolores, para reinventarnos cada día, cada año, cada tanto...

Y qué mejor momento para reinventarnos que este verano que llega cargado de promesas de vacaciones largamente planeadas. Entonces, una vez más, te encontrás como un niño saboreando la promesa de la playa, con tu piluso, baldecito y palas de colores cuando aún faltan semanas; o con la mochila ya cargada de antemano si el destino son bosques y montañas.

Rememorando esos aromas distintos que nos poblaron el alma alguna vez y que, ante la palabra VACACIONES, vuelven a nosotros con su magia de recuerdos: ese olor a pino que deja la llovizna tras transitar por senderos escondidos en los bosques de Bariloche; ese aroma a sal y a risas sanas que tienen las maravillosas playas de mi Argentina, y con una brisita te llega la promesa cantada "hay churros rellenos"... ese aroma dulce de ciruelas, damascos y duraznos de mi Mendoza querida, que allá cuando atardece el verano se llena de la promesa fértil de la uva buena.

Estas vacaciones, donde quieras que las pases, serán más cuidadas que nunca. Ya ves que el virus no descansa y sigue buscando caminos para llegar a nosotros, por lo que... no debemos darle esa chance.

Estas vacaciones además de la malla cargarás barbijos, y te mantendrás alejado de las multitudes, sólo porque es la manera correcta de hacerlo.

Y te habrás vacunado al menos dos veces, porque de otra manera es posible que ni arribar a un balneario te dejen.

Estas vacaciones serán distintas, pero qué linda promesa de sol y aventuras traen consigo. Te propongo ir dejando un reguero de buenas cosas hechas y soñadas durante este 2021, como miguitas en el camino. E ir mirando, lo poquito que resta del año, con esa promesa brillante que tiene lo nuevo. Al fin y al cabo, el alma también merece su descanso.

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