Opinión
El acuerdo de nunca acabar
Domingo, 5 de diciembre de 2021Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

Los rumores sobre el acuerdo con el FMI antes del fin de año son materia común en diarios, radios y mentideros políticos. La experiencia indica que hasta ahora todos los rumores nunca terminaron confirmándose y eran fruto más de la ganas y presiones de algunos sectores que de la realidad.

Mientras el gobierno se reúne con distintos sectores para informarle del avance de las negociaciones como dando a entender que el acuerdo podría estar cerca, la propia Kristalina Georgieva aseguró que aún falta mucho para arribar al entendimiento. Como en el paño verde nadie muestra todas las cartas por lo que mejor será esperar y no preanunciar.

Pero hay cosas que no son preanuncios ni anuncios, son realidades, entre ellas la eterna dificultad argentina de retener los dólares que produce, los niveles de salida del sistema siempre han sido altos y siempre -también- se ha pisado la manguera dónde resulta más fácil y menos complicado. Una versión financiera del cazar en el zoológico que constantemente da los mismos resultados una solución apenas temporal y mínima, pero nunca de fondo.

A través de un trabajo del Banco Central difundido por el colega Raúl Dellatorre se puede comprobar fácilmente que el problema no son los dólares de un viaje o los 200 o 300 que puede comprar alguien para ahorrar, el problema real tiene nombre y apellido y es evasión y deuda externa privada.

La deuda con el FMI, que está renegociando la Argentina, asciende a 44 mil millones de dólares, sin embargo, la de los privados con el exterior trepa a los 81 mil millones de dólares. Pero 34 millones de esa deuda es de empresas de la argentina con empresas de su mismo grupo en el exterior, algo muy parecido no a una manguera sino un verdadero acuifero de dólares que drenan al exterior sin demasiado control ni ganas de controlarlo.

De los otros 50 mil millones que componen esa deuda privada con el exterior unos 15 mil millones son deudas de grandes exportadores, sector en el que habría que poner fuertemente la lupa sobre los créditos de prefinanciación de exportaciones. Es un secreto a voces que los "créditos" para prefinanciar una exportación son pantallas para después no ingresar al país los dólares de una operación.

Puede entenderse un crédito de prefinanciación para la exportación de una turbina o producciones industriales, pero ¿en serio alguien cree que se deben tomar créditos para prefinanciar una exportación de soja o de aceites?

La cuenta incluye otros 14 mil millones en deudores que giran habitualmente sus pagos al exterior pero generan ciertas dudas las características de las deudas y como se tomaron.

Por lo general las sospechas recaen porque son operaciones en las que los sujetos o empresas toman la acreencia en dólares en el exterior, pero los dólares nunca entran al pero si salen para los pagos.

Los anuncios de los últimos días desde Economía y el Central dejaron en claro que hay una clara intención de controlar el flujo de dólares al exterior, sin embargo (al igual que tantas otras veces en la historia) queda la duda de cuál es el flujo de salida a controlar y la voluntad política de cortar la verdadera sangría de dólares. La experiencia y la actualidad muestran que la manguera siempre se cierra en el lugar más delgado mientras estas mega operaciones que duplican la deuda con el FMI parecen seguir su curso normal. Situación que no parece acordar con la necesidad de dólares de la economía y con la decisión política que muestra el gobierno de hacerse de ellos mediante infinidad de medidas y declaraciones que aparecen intentando fomentar las exportaciones a niveles históricos.

En ese sentido el Ejecutivo promete presentar pronto (quizás esta semana) el proyecto de Ley que pretende el fomento agroindustrial sobre todo en materia de exportaciones con el objetivo de que estas lleguen a los 100 mil millones de dólares en la Argentina.

Del proyecto ya hemos hablado extensamente en este espacio y en Radio Andina. En las últimas horas a medida que se van conociendo más detalles comenzaron a surgir voces (incluso dentro del oficialismo) no muy convencidas de apoyarlo si el texto termina confirmando lo que se dice.

Está claro que el proyecto tiene una fuerte impronta de lo que piensa de cómo desarrollar el sector el Consejo Agroindustrial Argentino y algunos aportes de los técnicos del Ministerio de Agricultura. Las advertencias destacan que es un proyecto que solo beneficia a los agroexportadores primarios que de hecho (a pesar de sus quejas) son los grandes ganadores actuales de las exportaciones argentinas.

En los primeros 10 meses del año se exportaron en productos primarios (alimentos, bebidas y tabaco) y aceites unos 38 mil millones de dólares y se le agrega los derivados de la carne se llega a los 43 mil millones de dólares. Esto significa que las dos terceras partes de las exportaciones argentinas están concentradas en producción primaria (commodities) o productos primarios con muy poca elaboración como los aceites y harinas, que además salen en su enorme mayoría por los puertos privados del Paraná bajo simple declaración jurada y que como se sabe levanta miles de dudas que son abonadas profundamente por los operativos de la AFIP desarticulado contrabando de cereales hasta en la provincia de Mendoza.

Las criticas que comienzan a escucharse al proyecto que presentará el Ejecutivo es que profundiza este modelo de concentración en pocos exportadores primarizados, no agrega valor agregado ni genera trabajo para poner en marcha la economía y además agrega conflictividad al mercado interno de alimentos. Argumentos entendibles y acordes a la historia de estos grupos.

La industrialización de las exportaciones de la Argentina son una materia pendiente a lo largo de los años por presiones constantes de quienes no tienen interés en cambiar un modelo que les es altamente redituable y concentra la producción de valor agregado en los países centrales. Un modelo que tiene 200 años y sigue tan vigente como nunca.

Un acuerdo con el FMI antes de fin de año podría darle a la Argentina el respiro que necesita para pensar con mas serenidad como replantear su futuro productivo y de desarrollo. Pero siempre será necesaria voluntad política y alejarse del camino de la demagogia. Los tiempos nos los cambian quienes se dejan conducir sino quienes conducen.

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