Opinión
Un Suarez recargado pide ahora un cambio de chip a la oposición
Domingo, 21 de noviembre de 2021Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis.

Finalmente, la cita electoral que concentró toda la atención política durante el año, pasó y dejó como mensaje el más que contundente resultado que todos preveían: el inobjetable triunfo del Frente Cambia Mendoza (FCM) que ratifica algunas certezas identificadas sobre las que Rodolfo Suarez pudo construir su mensaje de campaña, y que sin embargo, la oposición no pudo ver con esa misma claridad.

Sensibilidad u obstinación, el Gobierno se mantuvo firme en lo que consideró su principal acierto en este tiempo: el equilibrio en el manejo de la pandemia. Pero también su diferenciación del Gobierno nacional y sus errores; pero en especial de sus destratos y discriminación. No necesitó mucho más que eso, en un tiempo excepcional de pandemia, para imponerse sin margen de duda.

Es evidente que tanto el gobernador como el líder político del oficialismo, el ahora senador nacional electo Alfredo Cornejo, han sido precisos en el diagnóstico sobre el ideal de Provincia que al menos de forma mayoritariamente los mendocinos vienen consolidando, elección tras elección. Una lenta construcción de más de 6 años que ha combinado eficacia de gestión con implacabilidad en su ejecución. Aún para desorientación de quienes esperan un flanco por el cual colar sus críticas o torcer un rumbo que incluso dejó sin mucho espacio a las denominadas "terceras fuerzas".

Pero además, especialmente Cornejo pero también Suarez, han tenido la suficiente habilidad para que esa concepción de la gestión pública empiece a ser ahora demandada por un electorado que se jacta de su vocación emprendedora, de su autonomía de los dictados nacionales de turno, y de poseer una particular cultura hacedora que no encaja ni en los moldes de la Pampa húmeda, ni del conurbano bonaerense (tan presentes en la habitualidad de la agenda informativa nacional).

Pero mucho menos en la constelación de provincias periféricas, que tanto hacia el Norte como hacia el Sur, pero también en los alrededores, constituyen otros modelos, algunos más caudillescos, también distintos, aunque con más peso del sector estatal vía empleo público, lo que implica además otra preponderancia de la política en la vida cotidiana. Aquí se pide un Estado que colabore pero no obstaculice, que fomente el desarrollo pero que no interfiera en él. Un modelo también de equilibrio entre intervención y la iniciativa privada que el FCM ha sabido capitalizar.

Será ahora el gobernador el beneficiario de esta constante colección de triunfos quien dispondrá de una Legislatura inclinadamente oficialista, de abundante mayoría, y salvo un par de excepciones, de marcada presencia bicoalicional. Ello le permitirá manejar a su antojo el proceso de aprobación tanto de proyectos propios como del bloque del FCM, sin el temor a sobresaltos ni en las comisiones ni en el recinto. Algo así como gobernar en piloto automático, sin necesidad de generar acuerdos, salvo para aquellos asuntos que merezcan dos tercios, como puede ser la toma de endeudamiento.

Más allá de los análisis, el esquema de poder elaborado por los radicales y sus socios solidificó su presencia tanto en la Provincia y los municipios que gobierna, pero también en algunos que no conduce, con victorias resonantes en Maipú y en menor medida en San Rafael. Sólo el énclave que desde años sostiene el peronismo en Lavalle y en Tunuyán, y más recientemente en La Paz y Santa Rosa, soportaron con estoicismo el vendaval del FCM.

Es en ese puñado de departamentos donde el Frente de Todos (FdT) cree ver el germen de una necesaria reconstrucción que pese a las promesas no se ha producido tras otras derrotas igual de resonantes recibidas ininterrumpidamente desde 2013. Sin embargo, esta nueva caída parece no tener el mismo efecto de disolución instantánea que tuvo algunas anteriores.

En las reacciones inmediatas tras conocerse el escrutinio, desde el mismo peronismo se expresaba la convicción de que no era posible seguir vinculándose con los mendocinos de la misma manera, y -lo que dio cuenta de la dimensión del fracaso- que los intérpretes de los últimos tiempos tampoco podían seguir siendo los mismos.

Esta profunda asunción de las carencias o incapacidades políticas parece afectar sin mayores contemplaciones contra las aspiraciones inmediatas de la presidenta partidaria, la reelecta senadora nacional Anabel Fernández Sagasti. Y con ello, extiende la crítica al sector que representa: La Cámpora, que en la última interna partidaria se hizo del control del sello del PJ.

Por estos días, Fernández Sagasti analiza seriamente dejar vacante su turno para una nueva candidatura a la Gobernación en 2023, que -se sabe- ansía. Cree que si se preserva, el tiempo está de su lado y su juventud puede otorgarle en el futuro una nueva chance. Pero si se expone a una nueva derrota, igual de lacerante o similar a las dos que ya exhibe como figura principal de la boleta, eso podría dejarla fuera de juego por el resto de su carrera.

El dilema peronista es un recambio generacional que no se expresa con claridad, ni en la proyección que pueda surgir de los departamentos que quedaron en pie. En esa línea, a priori, parece sacar ventaja el lavallino Roberto Righi, que con vasta experiencia, ha sabido preservar su territorio, pero que para dar el salto propone ampliar la reconstrucción a los peronistas que en esta elección jugaron por fuera del FdT (en una velada crítica al manejo interno de las disidencias). Desde Compromiso Federal (CF) al Partido Federal (PF) pasando por el Partido Verde (PV). Pero también estableciendo una concepción política menos obediente a los dictados de la Casa Rosada o el Instituto Patria.

Otro anotado es el tunuyanino Martín Aveiro, quien tras las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) se calzó el traje de bombero para asumir la jefatura de campaña y poner foco en asuntos y déficits concretos de Mendoza, más que en la ilusión marketinera de los "buenos acuerdos" con música de fondo de Celia Cruz. A él se le reconoce su voluntad por sostener un resultado que sin ese giro y la constancia de desplegarse en el territorio, podría haber sido mayor.

Y si bien desde San Rafael siempre alientan las chances de Omar Félix, la derrota también de su boleta de concejales es un alerta que le requerirá concentrarse en el departamento y analizar con precisión cada detalle porque -ya sin reelección- también arriesga en dos años la pérdida de la comuna.

Finalmente, los dos jóvenes intendentes del Este, Fernando Ubieta (La Paz) y Flor Destéfanis (Santa Rosa) pueden ser reelectos en sus departamentos y hay quienes consideran que adelantar su proceso de crecimiento puede ser riesgoso y hasta contraproducente en el mediano plazo.

En este contexto de fuerte respaldo oficialista y asunción de cambio de chip para la oposición que el mismo Ejecutivo va a pedir para que no siga insistiendo en poner "palos en la rueda" que -demostrado está- no surte rédito electoral, tal vez no sea ilusorio pensar un escenario más alentador para iniciativas demoradas del Ejecutivo como la reforma misma de la Constitución Provincial, o la postergada Ley de Educación. Ambas, frizadas a la espera de mejores tiempos. ¿Serán estos? Tal vez, luego del recambio legislativo y sin un año electoral de por medio, 2022 sea para el Gobierno, el de la concreción de viejos anhelos.

Tamaño del texto
Comentarios
Tu comentario
Más de Opinión
La pasión por los tiros en el pie
Escribe: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202